Acerca de “La invención de la naturaleza” de Andrea Wulf | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

“En las montañas está la libertad. Las fuentes de la degradación no llegan a las regiones puras del aire. El mundo está bien en aquellos lugares donde el ser humano no alcanza a turbarlo con sus miserias”. Alexander von Humboldt

La invención de la naturaleza, publicado en 2016, no es solo una biografía de Alexander von Humboldt, es la exploración de una época a través de cartas, paisajes, pensamientos y diarios, es la descripción del contexto histórico en donde se configuró el pensamiento actual que tenemos sobre la naturaleza. Humboldt fue un explorador, botánico, naturalista, geólogo, geógrafo, cosmógrafo, viajero y escritor que unificó la ciencia y la poesía mediante la inteligencia y la sensibilidad. Humboldt fue un científico intrépido, midió, diseccionó, disecó, tomó datos y comparó, utilizó las técnicas más avanzadas para precisar la longitud, la latitud, el magnetismo, la altura, el clima, la presión de aire, la morfología animal y vegetal, entre otros; pero también contempló, con sus sentidos despiertos, con ojos de místico, iluminado y poeta, la armonía y ternura de lo que nos rodea. Humboldt descubrió el delicado equilibrio entre las cosas, entrevió que los seres vivos y los inertes no son tan diferentes, sino que tejidos con la misma sustancia, son ritmo y movimiento en simbiosis. Este excelente libro de Andrea Wulf, nacida en la India, pero de nacionalidad británica, nos lleva a través del tiempo y del espacio en una travesía por los trópicos del conocimiento, nos muestra los caminos, los encuentros, los escenarios, los inconvenientes, los desafíos y las victorias de un hombre que al buscarse a sí mismo se encontró con la naturaleza: su guía, maestra y diosa. El libro se divide en 5 secciones, comentaré brevemente cada una de ellas.

Parte 1: El nacimiento de las ideas. Humboldt nació en Berlín (Prusia) el 14 de septiembre de 1769, de familia aristócrata, recibió una buena educación desde niño con el objetivo de convertirse en funcionario estatal. Sin embargo, Alexander fue un niño travieso, prefería salir al campo, al encuentro con los bosques, ríos y montañas, quería experimentar el mundo a través de sus sentidos; no a través de libros y cuadernos. Su hermano Wilhelm, en contraste, fue muy aplicado, aprendió decenas de idiomas hasta convertirse en el lingüista alemán más famoso y destacado de su época, viajó por Europa ejerciendo diversas funciones diplomáticas. La curiosidad de Humboldt, atraída desde siempre por la exploración de los confines de la tierra, se enriqueció con la amistad del poeta alemán Goethe. Humboldt y Goethe coincidieron en Jena, compartieron perspectivas artísticas y científicas. Alexander comprendió que para entender e interpretar la naturaleza, se necesitan dosis de imaginación y creatividad, sentir y pensar al mismo tiempo, buscar el conocimiento y la poesía a la par. El autor de Las penas del joven Werther quedó fascinado con la energía de Humboldt, algunas de las ideas que intercambiaron sirvieron de marco para los diálogos filosóficos de Fausto. Después de la muerte de su madre, Humboldt viajó a Francia, quería enrolarse en alguna expedición al África o a Egipto; sin embargo, sus planes cambiaron llevándolo a España, en donde consiguió el permiso de Carlos IV para explorar las colonias sudamericanas a cambio de algunas muestras científicas.

Parte 2: La recopilación de las ideas. Humboldt viajó a Sudamérica en compañía del botánico francés Aimé Bonpland. Fue una travesía legendaria debido a su impacto en el ámbito de las ciencias y su alcance a niveles sociales y políticos. Arribaron a Venezuela, recorrieron los llanos, los lagos y las selvas, siguieron el cauce del Orinoco hasta encontrar el Casiquiare, las aguas naturales que lo conectan con el Amazonas. Desde Cartagena anduvieron a Bogotá en donde colaboraron con el célebre botánico Francisco José de Caldas, pasaron a Quito, escalaron el Chimborazo, la montaña más alta del mundo según se creían en aquel entonces (6263 msmn), sufrieron la falta de oxígeno y las alucinaciones respectivas, sobrevivieron para llegar a Lima en donde embarcaron rumbo a México. De México fueron a La Habana y desde allí viajaron a Filadelfia para entrevistarse con Thomas Jefferson. Este viaje científico resulta icónico por numerosos aspectos, Humboldt y Bonpland no solo desafiaron selvas y montañas arriesgando su vida en la búsqueda de datos científicos, sino que “descubrieron un nuevo mundo” para los europeos con ayuda de la población nativa que intercambió sus saberes a la vez que sirvió de guía y/o transportó los aparatos y las muestras. En Quito, Humboldt y Bonpland conocieron a Carlos Montúfar, prócer de la independencia del Ecuador, quien se unió a la expedición gracias a una fuerte amistad con Humboldt. Esta amistad, y las cartas que uno y otro intercambiaron son algunas de las fuentes que apoyan la homosexualidad de Humboldt. En efecto, el sabio alemán nunca se casó, ni tuvo relaciones afectivas con mujeres, se conocen sí, varias amistades masculinas intensas y/o apasionadas. Un acierto de Andrea Wulf, es incluir el nombre de ciertos personajes nativos como Jesús de la Cruz, que, olvidados por la historia, contribuyeron de forma efectiva a la empresa científica. La hazaña fue de Humboldt, sí, pero se posibilitó únicamente por la interacción con la población local que conocía los datos, las rutas, los saberes y los detalles que sirvieron de base para los escritos del alemán.

Parte 3: La Ordenación de las Ideas. Después de un viaje de 5 años, Humboldt, Bonpland y Montúfar arribaron a París, fueron recibidos como héroes. Humboldt escribió y publicó algunas de sus obras más famosas como: “Ensayo sobre la geografía de las plantas”, Cuadros de la Naturaleza”, “Vista de las cordilleras y los monumentos de los pueblos indígenas de América”, “Personal Narrative”, “Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España”, mientras intercambiaba entre Londres, Berlín y París. En sus obras postuló su concepción de la naturaleza: una compleja conexión entre seres vivos e inertes, un “Naturgemälde” silencioso y poético que se debe captar con los sentidos y la inteligencia. En contraste con las ideas del momento, que clasificaban y catalogaban las plantas y animales acorde a la nomenclatura de Linneo, Humboldt miró un conjunto de especies que se relacionan de forma intrínseca en diferentes climas y parajes: nuestra idea moderna de ecosistema. Humboldt también escribió sobre la biodistribución vegetal global, la formación geológica de la tierra basada en erupciones volcánicas, el impacto que el ser humano causa en la naturaleza y su relación con el colonialismo y la política, etc. En París, conoció a Simón Bolívar, futuro caudillo sudamericano de las guerras independentistas que verificó en las ideas de Humboldt una posibilidad para los criollos y el criollismo del nuevo mundo. En contraste con el pensamiento político de la época, que miraba en América un territorio salvaje e inferior al europeo, Humboldt develó las inmensas posibilidades agrícolas, sociales, culturales y políticas de un mundo nuevo. No tardaron en llegar la revolución, la guerra civil, las nuevas repúblicas.

Parte 4: La Difusión de las Ideas. Humboldt se estableció en Berlín, sirvió en la corte del rey Federico Guillermo II de Prusia equilibrando sus ideas liberales, su labor científica y la política monárquica del reino en tiempos convulsos de revueltas y unificaciones. A sus sesenta años, Humboldt era el científico más famoso del mundo, recibía incontables visitas, respondía miles cartas; sin embargo, no había cumplido uno de los sueños de su vida, realizar una expedición al Asia Central, quizá al Himalaya. Finalmente, a los 65 años, consiguió el permiso y el apoyo para explorar Siberia: conoció el Volga y el mar Caspio, los Montes Urales y el Macizo de Altái, llegó a la frontera con Mongolia y con China. Los datos recopilados en esta expedición le permitieron trabajar en su proyecto científico más ambicioso: Cosmos, un término extraído del griego que proponía en 3 volúmenes, que terminaron siendo 5, una exploración física del mundo, una visión universal del conocimiento en todos los campos y en todas las ramas. Las ideas de Humboldt fructificaron en abundancia. “Personal Narrative” inspiró a un joven Charles Darwin a embarcarse como naturalista en la goleta Beagle, y también a Henry David Thoreau a esclarecer su visión de la naturaleza inmortalizada en Walden.

Parte 5: La evolución de las ideas. Humboldt fue el científico más importante de su época, su legado es casi inabarcable. Desde los centenares de ciudades, animales, plantas, seminarios, ríos, escuelas y lugares que llevan su nombre, hasta nuestras ideas modernas de naturaleza, preservación y ecología. George Perkins Marsh se inspiró en Humboldt para escribir su célebre Man and Nature, y Ernst Haeckel se contagió de Humboldt para llevar al arte las misteriosas formas primigenias de la vida unicelular marina. John Muir fue más allá, influido por Humboldt, conoció los Secuoyas gigantes de Sierra Nevada en California, se mudó con ellos, se integró al coro de la naturaleza en la hora de las nueces, juró su amor eterno al árbol rey. Muir pasó de la idea de conservar a preservar, no se trataba de aprovechar los recursos de la naturaleza de manera racional, equilibrada y sustentable; se trataba de dejar a la naturaleza en su estado fundamental, prístino, sublime. Humboldt murió a los 89 años el 6 de mayo de 1859.

Andrea Wulf nos entrega un interesante, informativo, entretenido y ameno libro que devuelve a Humboldt a los altares de la ciencia, la exploración y la ecología. La excelente investigación de Wulf se acompaña de ilustraciones, gráficos, fotografías, mapas y más de 170 hojas de referencias bibliográficas. ¿Por qué debemos recordar a Humboldt? Porque Humboldt cambió nuestra forma de ver la naturaleza, su visión, sus palabras y sus escritos cambiaron el mundo. Humboldt también nos dejó a los ecuatorianos una frase icónica: “Los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”. Salud por Humboldt y por nuestra música triste que bailamos alegres.


Fernando Endara I. Comunicador social. Magíster en Investigación en Antropología por la FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por flacsoradio.ec.

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