Aries y el misterio de la ilusión sagrada | Sergio Rodrigo Vaca

Por Sergio Rodrigo Vaca

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

Se encendió la luz de miles de golondrinas;
las locuras se pierden en la desierta neblina:
         aprendí a beber agua transformada en rayos polares.

Volando en el mar de los deseos,
observo ciudades y momentos que me echan de menos,
fábulas en la que Hathor crea vínculos de dos pensamientos.

Quiero transformarme en el nervio perdido,
            no me daré irremediablemente por vencido,
                     el pánico entorpece mi lamento de mi quimera.

Encuentro luz para mi oscuridad desvariada,
Maya está siendo prominentemente alabada,
                              me convertí en humo sagrado de la Spider Rock.

La ciudad fantasma en el planeta rojo,
todos alucinan unas misteriosas fantasías de reojo,
y los diálogos se mezclan para crear poderosas depresiones.

Cuando lo real es un profundo buceo en el océano inverso,
suelen haber espejismos proyectados en confusos versos,
                    toma mi mano soledad querida, nos tenemos que despedir.

Sobresalen los gustos análogos que perduran,
los saxofones y las trompetas se configuran,
la ilusión del sueño pasado empieza a reverdecer.

Peligra el atardecer del afecto invertido,
             que Saturno vuelva a lo afligido,
veinticinco lunas son una constelación de luminosidades.

Júpiter se disfraza de carnero para escapar,
            quiere con Europa juntarse para brillar,
y que juntando sus locuras convergen en un mismo designio.

La oxigenación se conjuga en unas premoniciones,
aunque lúcidamente el feroz raciocinio tenga variaciones,
algo encontrará sanar sus heridas inminentes.

Las curvas del pensamiento se invaden entre sí,
nadie puede atarlas luego del desenlace inadvertido,
              puede tenerlas cuando está en prominente desafío,
              para lograr tener inclusiones citoplasmáticas.

Espera su muerte el compás perseguido,
con lo desesperante del olvido,
nadie puede atarlas en el desdén,
fugadas las estrellas se esconden en el bosque.

Incluso de toda la noche no me he despedido,
fugadas las vibraciones del sonido,
               en el ritmo del color oscuro rotativo de la noche,
                         cuando se tornan las luces del Edén.

Volviendo a conocer, a los recuerdos repartimos,
agonista los sentidos de las conversaciones inmaculadas,
lentamente el león tiene una progresión compuesta,
entregado todo, el anfibio decide desertar hacia colinas lejanas,
raramente se dijo alguna vez que había una condena habilitada,
internado el corazón se predijo a buscar,
                acción de pura esperanza es la que tiene el amante entonado.

Foto portada tomada de: https://bit.ly/3v0MJM8

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