Una aproximación a “Sostener la mirada: apuntes para una ética de la discapacidad” | Vinicio Manotoa Benavides

Por Vinicio Manotoa Benavides

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

La potencia de la escritura desarticula las formas de lo común. Desde el ensayo, Karina Marín cuestiona el régimen de representación que subyace en el paradigma de la normalidad. La pregunta que atraviesa el libro —como un canto de niebla ante el silencio de la noche— es cómo se puede configurar un espacio intersubjetivo desde donde reinventar nuestras relaciones con los cuerpos disidentes. La conmoción adquiere, de este modo, un valor ético, político y epistémico, debido a que moviliza nuestros modos de existencia y de sensibilidad para la creación de espacios de convivencia que permitan la irrupción de la diferencia. Sin embargo, reinventar esta red de interrelaciones, intercambios y desplazamientos supone, además, tomar una posición crítica con respecto a las prácticas, los discursos y representaciones inscritos en los discursos de la inclusión o de la discapacidad. Así, la discapacidad es replanteada como una instancia intempestiva donde cobra sentido la posibilidad y la imaginación. Se trata de un territorio de intersticio donde la indefinición, la tachadura de las fronteras conceptuales y el deslinde teórico operacionalizan proyectos de vida alternativos a la lógica global del capital.

Sostener la mirada: apuntes para una ética de la discapacidad (2020) es un libro que conjuga la pasión crítica con la experiencia de la maternidad. Está compuesto por materiales heterogéneos que develan el carácter complejo de una realidad aún en construcción en torno a la política de la mirada. Pero la filigrana que condensa estos escolios de investigación es la voz de Karina, quien, desde el anhelo, la sospecha y la interrogación, enuncia los pormenores de un cuerpo que se aprende singular en el reconocimiento del otro en el paisaje de lo cotidiano. De esta manera, ha podido poner entre paréntesis los límites del lenguaje académico. La escritura autobiográfica, en tanto estrategia discursiva que desestabiliza lo hegemónico, le permite problematizar los modos cómo ha mirado, hasta entonces, aquello que le duele. Por ello, la reflexión se deslinda del dispositivo analítico y se cuece en medio de sensaciones que no cesan de inquietarla y que, tal vez, nunca la abandonen.

Ante la aparición de cuerpos que contrarían la dinámica de los espacios, alteran los silencios y desarticulan las normas, cabe la pregunta: ¿cómo podemos liberar el lenguaje de cierto tipo de mirada que niega la existencia de esas corporalidades? Si bien vivimos en una época totalitaria, donde el régimen de corporalidad hegemónico hace visible al sujeto de la lógica capitalista, una ética de la mirada podría poner en común el impulso, la vitalidad, la curiosidad y el deseo de mostrar, en su materialidad cambiante, cuerpos complejos e inestables. Los cuerpos de la enfermedad, tal cual como fueron representados por la dinámica de la opresión, nos miran desde otras maneras que podrían subvertir la mirada hegemónica. Afuera del cuerpo está la política, dice Karina en diálogo con Hanna Arendt, con el deseo de configurar la visualidad como un espacio de intercambio donde se agite un nuevo modo de sensibilidad, afectación y percepción.

Para el paradigma de la normalidad, sostenida por la ideología de la capacidad productiva, los cuerpos divergentes no tienen derecho a la imagen ni a la autorrepresentación ya que son objetos impenetrables. El campo de visualidad normado por el discurso médico, pedagógico, jurídico y estético ha contenido su irrupción a través de múltiples dispositivos de disciplinamiento de la mirada. Esta mirada ha definido, entonces, la discapacidad desde la locura, la patología, la ternura, la caridad, la pobreza o la monstruosidad. Al intentar definir una alteridad irreductible, el discurso ha decidido retirar la mirada de aquello que no entiende. De ahí que, Karina Marín afirme que: “El discurso de la discapacidad es la estrategia hegemónica de incorporación de los cuerpos impertinentes, de los cuerpos divergentes, a un espacio de control y vigilancia. Ese espacio se ha construido como margen, frente a un espacio mayor al que se le ha otorgado el nombre de normalidad” (34). Es decir que, la idea de normalidad interviene como proyecto de dominación de presencias inimaginables.

¿Cómo miramos lo que nos inquieta?, se pregunta Karina para ensayar una ética de la mirada basada en el reconocimiento de la vulnerabilidad mutua. La conmoción puede entenderse como una forma de continuidad que pone en contacto los cuerpos a través del dolor o la afectación. La conmoción permite que los sentidos estallen, pone en suspenso el lenguaje y hace visibles las tensiones latentes que atraviesan esas imágenes: aparecen como potencias que suscitan la construcción de otros relatos. Es aquí donde política y estética se encuentran como lugar de la transformación y colaboración. Tejer estrategias del aparecer que impugnen la violencia hegemónica implica una ‘voluntad de aparición’ en una intimidad compartida. En este punto, es curioso cómo Karina reinventa una metodología adecuada al horizonte político y estético de su investigación sensible. Esboza, de esta manera, una forma de caminar—investigar—mirar que consiste en ‘ir a tientas’ a través de espacios donde ‘algo trepidante’ se problematice para recuperar la herida o la griega, que concibe cómo las huellas de una materialidad que evoca cuerpos negados. Estos hallazgos de la intuición se traducen en un diálogo interdisciplinario con el arte contemporáneo alrededor de imágenes que arden y conmueven la hegemonía de los relatos oficiales de la nación o de la globalización.

La crítica al discurso de la inclusión es una condición intelectual necesaria para el ejercicio de una ciudadanía global. Las primeras décadas del siglo XXI se han caracterizado por ser una época de indiferencia, explotación, dogmatismo y retrocesos políticos, debido a que el discurso del progreso ha normalizado la anulación de la subjetividad de los cuerpos disidentes. La voz de Karina es enfática al sugerir que la normatividad del discurso de los derechos humanos ha naturalizado la violencia, a través de estrategias discursivas que apelan a la inclusión, la autosuperación y la sensibilización. En el fondo de estas apuestas de comprensión asumidas por el Estado, se encuentra el régimen de representación mediático de la sociedad de consumo que instrumentaliza lo, hasta entonces, precarizado. El poder jurídico niega la otredad al momento que busca homogenizar, gracias a la retórica de la diversidad, la aparición de lo intempestivo.

Desde esta perspectiva, Karina imagina la discapacidad como un paradigma abierto a la interrogación que pone en movimiento múltiples posibilidades de coexistencia. El encuentro con la mirada del otro no solo dinamiza la aparición heteróclita de la diferencia, sino que hace imaginable la multiplicidad de lo político. Desde la historización de la mirada, se puede desestabilizar las certezas y poner en crisis el mundo prestablecido. La mutua afectación que implica sostener la mirada ante la aparición de los cuerpos del abismo reimagina un nosotros político que perturba, descoloca y sitúa en el extrañamiento la mirada instrumentalizada por el espectáculo. “Nos habitan los monstruos que somos” (106) nos dice Karina como constatación de que nuestras vidas precarias tienen que repensarse desde—en—con la sensibilidad de los márgenes. Existimos porque miramos y somos mirados, aun cuando esto suponga el hacer de nuestra vulnerabilidad la piedra de toque de un nuevo proyecto de protesta social.

Bibliografía

Marín, Karina. 2020. Sostener la mirada: apuntes para una ética de la discapacidad. Quito: Editorial Festina Lente.


Vinicio Manotoa Benavides (Santo Domingo, 1990) realizó estudios de literatura en la Universidad Central del Ecuador y la Universidad Andina Simón Bolívar. Integró el taller de escritura creativa de la CCE dirigido por Edwin Madrid. Ganador del concurso de Poesía Alfonso Chávez Jara de poesía año 2011 con el libro La máquina del grito, y ganador del concurso Interfacultades José Saramago en la categoría de cuento en el año 2013. Textos suyos han aparecido en las antologías ¡Y quién dijo silencio! (2012), Antología Taller 2018 – 2020 publicado por la CCE; poemas suyos han sido publicados también en revistas como CasaPalabras. Autor del libro de poesía Los cuadernos del desamparo, publicado por Cuerpo de Voces Ediciones en el año 2021. Actualmente se desempeña como colaborador del portal Los cronistas.net y docente secundario en la Unidad Educativa Eloy Alfaro. Entre sus líneas de investigación se encuentran: procesos de imaginación en la escritura ensayística, didáctica de la escritura y pedagogías críticas y decoloniales.

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