Ella | José Alberto Capaverde (El seis)

Por José Alberto Capaverde (El seis)

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde México)

Ella estaba tan alta, que mis manos no la alcanzaban, y mis ojos se alegraban con verla, soñaba con poseerla, yo era un niño de ojos verdes y rulos rubios.

Ella sabía que era mi tesoro, y el motivo de mis desvelos, y hasta la causa de mis temblores nocturnos.

Ella cruzaba las piernas y mostraba un poco de su braga y como por arte de magia, convertía todo mi día en pura felicidad y plenitud.

Ella se acercaba coqueta y sonriente, hasta que el vaho de su boca bañaba mi rostro, y hacía que mi piel se erizará, y mi corazón golpeara mis costillas.

Ella era mejor que el pan calentito de la mañana, y hasta que el paseo en bicicleta con mis compañeras de primaria.

Ella algunas veces tenía que ir a la ciudad a las tiendas de ropa, pasaba con la peluquera, y visitaba la confitería; y me daba cuenta que no estaba, porque la casa estaba sombría, y había una quietud malsana.

Ella llegaba con esas mejillas coloradas, y su sonrisa que desafiaba al sol, llena de obsequios y palabras dulces y cariñosas, que todos los habitantes de la casa se convertían en agradables personas.

Ella me preguntaba por mis amiguitas, mientras movía su lengua, y mostraba sus perfectos dientes, siempre tardaba en contestar, porque veía como salían las letras de su boca, ahhhhh.

Ella ponía mi cabeza en sus piernas ardientes, cuando mi padre se molestaba, porque no lo deseaba acompañar de pesca, y sus manos suaves, surcaban mi pelo ensortijado, mientras decía, está indispuesto, yo lo cuido…

Ella era la única mujer que en realidad me importaba, y a la cual, estaba dispuesto de hacer mía, de tenerla para siempre, y jamás separarnos.

Ella era el rocío de la mañana, el sol que alumbra, las nubes caprichosas, el cielo lejano, el universo en movimiento, pero… también era la carne palpitante que me hacía volar.

Era algo así como la voluptuosidad misma.

Era como una luz necesaria.

Era todo…

Trataba de no pensar en que sería de mí, cuando se casara.


José Alberto Capaverde (El Seis). El Seis (no es de un país en particular, es un hombre universal. Por el momento se encuentra en los Estados Unidos Mexicanos, como podría estar en España, Argentina, Francia, Alemania) se ha preparado en grado óptimo en los bares, cantinas, tabernas, panteones, y algunos manicomios. Así mismo ha encontrado una preparación sublime entre las piernas ardientes de las damas desnudas. Ha estudiado: Filosofía, Jurisprudencia, Letras (en universidades donde estudian los humanos). Le encanta, le fascina, le gusta, que llueva aguardiente escocés…


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3LgYcz0

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