El mito sobre la nínfula | Paula Espinosa Posso

Por Paula Espinosa Posso

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

A finales del siglo XVII, Charles Perrault, un notable parisino, abandonó los salones de la corte para emprender una cacería de historias en los distintos poblados de Francia. Más adelante él y sus “Cuentos de mamá ganso” se hicieron populares por su carácter moralizante y las enseñanzas que dejaban a niños y adultos. De esa antología se desprende uno de los personajes más conocidos en el mundo: Caperucita Roja. El cuento protagonizado por una niña que de camino a la casa de su abuela es traicionada por un feroz lobo fue el favorito de los padres para advertir a sus hijas sobre los peligros de hablar con extraños, pero más allá de la moraleja y el desenlace original donde Caperucita es asesinada por el lobo (pues solo años más tarde los hermanos Grimm introducirían la figura del leñador, héroe de la historia), esta inocente niña marcaría el punto de partida para adentrarnos al mundo de las nínfulas.

Fue casi trescientos años después, en 1955, cuando Vladimir Nabokov acuñó el término “nínfula” gracias a la publicación de su novela Lolita. Desde entonces se ha utilizado indistintamente las palabras nínfula y lolita para referirse a una muchacha joven, especie de femme fatale infantil que seduce a hombres con su inocencia y belleza. La Lolita de Nabokov es retratada como una niña que mientras descubre su sexualidad despierta las más bajas pasiones de su padrastro, Humbert-Humbert. Esa Lolita fuertemente arraigada a la cultura popular encuentra a su más antigua antecesora en Caperucita Roja.

Los peligros de ser una nínfula

Aunque la Caperucita de Perrault difiere con la de los Hermanos Grimm debido a su trágico final, ambos relatos prescindieron de los hechos con los que originalmente fue concebida la historia en la tradición popular. Varios estudiosos del trabajo de Perrault mencionan que Caperucita está basada en una antigua leyenda medieval que visibilizaba con mayor claridad los arrebatos de la nínfula.

En el relato original se muestra a una niña notablemente atraída por la corpulencia y el pelaje del lobo disfrazado de abuelita. Una vez que el lobo se come a la anciana y toma su lugar en el lecho, no solo engaña a Caperucita, sino que la seduce. Le pide a la niña que queme sus ropas en la chimenea y luego la invita a yacer junto a él en la cama. Caperucita cae en el juego del lobo, sigue sus órdenes y cumple sus deseos, tanto así, que en otras versiones el lobo incita a la muchacha a cometer canibalismo y comerse la carne de su abuelita muerta; ella lo hace. En la versión más popular es devorada por la fiera.

La niña con supuestas actitudes de adulta es seducida por el lobo, por el hombre malvado, por el inmoral, y la nínfula que se ha dejado corromper no puede tener un final feliz. Esa es la moraleja que quiso dejar Perrault para tantas niñas francesas de la época y que, años más tarde fue presentada con mayor crudeza para un público adulto gracias a la Lolita de Nabokov.

El mito sobre la nínfula encuentra su origen precisamente en esa mal planteada moraleja. Se cree que las nínfulas son niñas con la capacidad de seducir a un hombre mayor y que por ello deben ser castigadas. La realidad es que las nínfulas no son reales, solo existen en la mente de sus depredadores. Las nínfulas son niñas sexualizadas por un sistema que busca justificar la manipulación y violencia que hombres como Humbert-Humbert y el lobo ejercen contra ellas.

A partir de la publicación de Lolita, la visión del abusador de la joven se extendió y popularizó en todo el mundo. Es claro que la imagen de la nínfula tiene una connotación sexual y, aunque Nabokov concibió su novela como el relato de las perversiones de un hombre maduro contra una niña, hoy en día se conocen a las lolitas como jóvenes seductoras, íconos de una sexualidad precoz.

Quizá la prosa de Nabokov jugó a favor del sentido que popularmente se le otorga al término, pues Lolita está narrada con la voz de Humbert; un hombre que cree amar con locura a una cautivadora y manipuladora niña que lo ha enredado en sus juegos de amor. Pero los medios de comunicación también contribuyeron en la mala interpretación del personaje, pues asociaron a Lolita con la imagen errónea de una joven sexy, traviesa y despampanante.

La perversión del lobo

Se pueden encontrar muchos lobos perversos y muchos Humbert-Humberts a diario en las noticias, aquellos que comparten una fascinación enfermiza por las niñas y las utilizan para su propio placer. La moraleja entonces debe ser que en un mundo lleno de lobos es necesario que haya menos caperucitas. En una sociedad en donde se suele culpar a las víctimas por las acciones de sus agresores hay que dejar de preguntarse si ellas se lo buscaron, porque la respuesta siempre será que no. Ni Caperucita ni Lolita se lo buscaron. La primera, una niña que en su camino fue víctima de los engaños de un depredador y la segunda, una preadolescente que en el descubrimiento de su sexualidad fue agredida por un hombre maduro que se aprovechó de su situación.

¿Qué tiene una niña para atraer la atención de un monstruo? ¿Es acaso su juventud, su piel brillante, o su sonrisa inocente y frágil? Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que la nínfula se caracteriza por tener algo que una mujer adulta no tiene y que solo puede ser apreciado por el lobo feroz. La mente de un lobo es territorio desconocido, solo se sabe que desea a Caperucita porque es bella y joven. Le gusta jugar con ella, se divierte con su encanto pueril y la mancilla, pero el juego de la perversión no dura para siempre, cuando la nínfula crece deja de ser su objeto de deseo. La perversión del lobo se aloja en su mirada, para él la nínfula ha muerto y de sus restos ha nacido una adulta que no puede complacerlo. Entonces buscará otra Caperucita, una nueva víctima que le sirva para perpetuar el mito sobre la nínfula.


Paula Espinosa Posso (Quito, 1997). Comunicadora Social y Periodista por la Universidad Central del Ecuador. Amante de las buenas historias, el arte, el chocolate y los perritos. Coordinó el lanzamiento y presentación de la décima edición de la Revista Literaria Digresiones. Autora del relato “Fisuras” presentado en dicha revista y del cuento “La sonrisa perturbada” que forma parte de la antología de terror Todos los infiernos.


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3RTI9cI

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