El habitante | Julio Miguel García V.

Por Julio Miguel García V.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

Siempre es lo mismo cuando me despierto por las mañanas. Soy una persona desordenada, y al rato de vestirme, se me hace difícil encontrar medias limpias entre el montón de prendas arrumadas en las esquinas del vestidor. Me acaba de pasar lo mismo hace unos minutos. Ahorita debería estar entrenando con el grupo del parque, pero todavía sigo temblando, y tengo que relatar lo que me acaba de ocurrir. La cosa es que descubrí la razón de que se me pierdan las medias. No es por mi desorden, ni tampoco por una falta de concentración. Me acordaba clarito del lugar donde había dejado las medias ayer por la noche: sobre las maletas de viaje, debajo de la hilera de chompas colgadas en el tubo. Desayuné con el pijama todavía puesta, lavé los platos del desayuno, me cepillé los dientes frente al espejo y luego me empecé a vestir. Tenía ya puesta la camiseta y el short deportivo. Entonces me fijé en las maletas de viaje para dar el siguiente paso y, ¡oh sorpresa!, las medias ya no estaban ahí.

Por lo general hubiera lanzado alguna mala palabra y hubiera buscado bajo la ventana o al pie del velador de la tele. Tengo la tendencia a dudar de mi memoria, aunque haya hecho full esfuerzo en seguir el rastro de hasta la más pequeña de mis acciones. Pero anoche había tenido una noche de buen sueño; me sentía lúcido y fresco, así que no podía desobedecer a mi instinto, al presentimiento de que no era yo y mi concentración lo que me hacía perder los objetos sino un escurridizo compañero de cuarto. Un duendecillo travieso que brotó del desorden, y que, en ese instante, ¡lo estaba viendo!, trataba de escabullirse hacia su mundo por entre el cierre entreabierto de un maletín. Vestía un overol canela que le cubría todo el cuerpo desde los pies hasta el cuello, unos zapatos puntiagudos atravesados por cordones plateados, y, sobre su rostro aguileño, un sombrero de felpa parecido al de Papá Noel.

—¡Ya te vi! ¡No corras! ¡No te me vas a escapar! —le grité. Luego me lancé sobre el montón de zapatos viejos regados frente a ese maletín de cuero, e introduje la mano ahí. Alcance a atrapar un tobillo delgado. Oí un cuerpecito tropezándose y una voz fina gritando: “¡Ay!” Las patitas del duendecillo patalearon como las de un gato. Sentí unos filos puntiagudos rasgarme, clavárseme en la piel. ¡Me estaba mordiendo el condenado! Igual no me rendí y logré atraparlo por completo. Le aprisioné contra el piso tomándolo del pecho y de las piernas, mientras la borla de su sombrero rebotaba como una pelota de ping pong.

—¡Suéltame, devolveré el calcetín hoy por la noche! —gritó.

—¿Por qué haces esto? —le pregunté.

—En mi mundo es importante —dijo —. La energía de las pisadas hace funcionar nuestras fábricas.

—No puedes obtener energía robándote mis calcetines. ¡Me estás volviendo loco! Y me haces atrasar a donde sea que voy.

—Si tú no usas tu energía para arreglar tus cosas. Lo justo es que la aproveche alguien más.

Así estuvimos hablando por cosa de diez minutos. No puedo contar todo lo que me dijo porque me hizo prometer no hacerlo. Es un ser mágico, quien sabe, de alguna forma puede estar leyendo lo que escribo, vigilándome aún…

Le pregunté sí podía hacer algo para que dejara de moverme las cosas y señaló el logo de una caja de whisky. Así que como hoy que es viernes me robaré algo de trago de mis amigos (no es la primera vez que lo hago) y lo dejaré frente al maletín. Después de todo, sus travesuras me han hecho estar, aunque sea un poquito más atento a donde pongo mis cosas, más presente. Satisfacer sus caprichos es lo menos que puedo hacer.


Julio Miguel García (Quito, 1989). Estudió sociología en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y una maestría en ‘Ciencia Tecnología y Sociedad’ en Viena, Austria. Ganador del XI Concurso Terminemos el cuento (2006). Se dedica a la escritura de ficción, al testing digital y al entrenamiento físico. Le interesa la literatura y el cine. Suele asistir al club de lectura Bibliogatos.


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3QHpxLO

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