Leviatán vive en una pecera | Ilonka Guerra

Por Ilonka Guerra

¡Todo placer es cerebral, todos los crímenes, ya se dice, «solo se cometen en sueño»!

Fernando Pessoa – El Libro del Desasosiego

La Mamá Monstruo tiene púas que salen de su columna.

La Mamá Monstruo se alimenta de los berrinches de ustedes, de sus desobediencias cotidianas, de su desorden, del arroz que riegan en el piso. Ella siempre traga su comida en silencio.

La Mamá Monstruo se mira las palmas de las manos, rojas de las nalgadas, ¿o piernadas? ¿o espaldadas? que les ha dado, sonríe, quisiera silencio para oír si, como intuye, se separa el cuero cabelludo de sus cráneos luego de halarles el cabello hasta ponerlos a ustedes de nuevo de pie.

La Mamá Monstruo quisiera cantar, pero solo tararea mientras los levanta, uno a uno, a la altura de sus propios hombros y los lanza, uno a la vez, en medio de la cama, mirando rebotar sus cabezas. Mira la belleza que hay en los ojos de ustedes, llenos de lágrimas, sus bocas abiertas, como de animales. Ella escucha su llanto diferente.

La Mamá Monstruo disfruta de los berridos que salen de sus bocas, pero piensa en los vecinos, en los de afuera.

La Mamá Monstruo grita que se callen, que la tienen harta. Ustedes se tragan sus propios gritos, tanto que sus ojos parecen explotar de terror. Solo se oye el hipo del llanto escondido en sus pulmones. Ella no entiende como pueden callarse tan rápido cuando es ella quien levanta más la voz.

La Mamá Monstruo no sabe si entienden palabras que ella lanza desde el alma: como respeto, como límites, como basta ya. Ella pregunta: “¿entienden algo?”, mientras siente que la ira recorre su espalda otra vez, llega a sus manos que quieren ahogarlos, pero se limitan solo a otro par de cachetadas. Ustedes asienten. Solo asienten entre lágrimas.

La Mamá Monstruo sale de la habitación, piensa en Hobbes y en que quizás así dejen de pelear, se unan, se expliquen, se entiendan entre ambos.

La Mamá Monstruo sonríe mientras lava los platos.

La Mamá Monstruo recoge el desorden, vuelve a la habitación con sus brazos cargados de desastres. Le asombra el silencio de la casa. Ustedes siguen ahí, vivos, la miran con ojos rojos, como de conejos, metidos en medio de una madriguera de cobijas.

La Mamá Monstruo no entiende como los papás de ustedes dos le piden que se tranquilice, que no se deje desbordar de esa forma. La Mamá Monstruo es feliz.

La Mamá Monstro piensa que – de todas las maneras posibles – ustedes no entienden cuando ella es firme, no entienden si ella explica, no respetan las reglas que ella pone, ni su tiempo, ni su mundo, ni su espacio, ni su ser.

La Mamá Monstruo quisiera una correa a pesar de que le gusta el calor que queda en sus manos rojas.

La Mamá Monstruo siente pasos detrás de si, voltea, es el Niño Nariz de Andrómeda que al sentirse observado corre a la habitación junto al Pez. A su madriguera de cobijas.

La Mamá Monstruo quiere sentir el hueso de sus mandíbulas, a ver hasta donde puede cerrar sus bocas con comida dentro.

—Será para la próxima —piensa la Mamá Monstruo mirando como el humo del cigarrillo sube hasta las nubes.


Ilonka Guerra. Nacida allá por el gobierno de Hurtado, por las mañanas trabajo para el gobierno, por las tardes soy mamá y todo el tiempo, entre una cosa y otra soy adicta a los clubes de lectura y al olor de los libros viejos. Mi alma tiene un poquito de Molly Bloom y otro poquito de la señora Dalloway. Así vivo mi vida: pecera y feliz.


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3y5Avn0

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