“Las Malas” de Camila Sosa Villada | Mayeli Espinosa Ríos

Por Mayeli Espinosa Ríos

Las Malas: las valientes, las bellas, las olvidadas.

Con motivo del mes del orgullo, Las Malas es un homenaje a todos y todas en búsqueda de un espacio donde ser libres y felices, sin ser juzgados por convencionalismos obsoletos.

En su libro de 2019, la autora Camila Sosa Villada nos confronta con la idea de la familia, la identidad y el amor en todas sus formas: el propio, el compartido, el fraternal, el que nos tocó en suerte o el que se negocia entre las sombras de la calle. Las Malas es una historia escrita en primera persona con toques de realismo mágico y poesía en perfecto equilibrio, con los cuales conoceremos a los travestis del Parque Sarmiento y las vicisitudes de sus vidas, sus clientes, sus peligros, las tristezas, alegrías y esperanzas que nacen de aquellos seres humanos expulsados de la sociedad.

La historia empieza cuando la Tía Encarna encuentra un recién nacido en los arbustos. Otro ser humano que, como ella, había sido abandonado injustamente en un estado de completa indefensión. El bebé está sin familia, solo ante un mundo lleno de peligros y condenado a existir sumido en las sombras, al olvido prematuro por la inconciencia del mundo. La Tía Encarna lo acoge en su regazo, entre sus tetas enormes llenas de aceite de avión, y lo lleva a su casa rosa donde habitan otras travestis del parque; lo llamarán “El Brillo de sus Ojos” y harán lo posible para ser las mejores madres más cariñosas y dedicadas que El Brillo pueda conocer.

La situación atraerá al peligro, pero ellas ya están acostumbradas. Saben muy bien que la infancia y los travestis son incompatibles, por lo cual nadie debe saber de la existencia de El Brillo, ni mucho menos optar por entregarlo a la policía, lo que sería condenarlo a vejámenes tanto peores. Las instituciones no existen para ellas, nadie las protege.  

El refugio más seguro parece ser la casa de la Tía Encarna, donde no se juzga y se puede descansar a plenitud, porque el descanso es la cura para todos los males del cuerpo y del alma. En casa de la Tía Encarna se conforma una familia entre aquellas que no comulgan con las tradiciones y que por ello han sido marginadas.

A medida que avanza, Camila cuenta pedazos de las historias de sus personajes. Su resignación ante una sociedad ingrata que las expulsa y desconoce su identidad, pero que pese a ello también les mendiga amor en las noches. A las travestis las buscan todos: los Hombres Sin Cabeza, los habitantes de calle, los solitarios, los cantantes populares, los taxistas, los melancólicos, los policías y hasta los chicos adinerados que las admiran y las menosprecian a la vez.

Entre las sombras hay amores y odios, y en la oscuridad del parque se encuentran constantemente con las peores facetas de otros seres humanos, aquellos que esconden conductas brutales, rabias, rencores y muchísima violencia. La noche no tiene ley y, por el contrario, parece un mundo paralelo habitado por las conductas que la gente rechaza, los espíritus reprimidos que habitan en el corazón de la sociedad misma.

Si bien Las Malas se presenta como una historia de ficción, en el fondo es una crónica descarnada que pone en evidencia las amenazas a las que se exponen a diario las miembros de la comunidad trans. Solo en Ecuador, según con una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos, INEC, “el 96% de la población trans manifestó haber recibido gritos, insultos, amenazas y burlas, y un 55,5% ha sido víctima de golpe y otras agresiones”. En el caso de los trans femicidios, las cifras son vagas y subestimadas, puesto que no siempre se reportan como tal ante las autoridades.

Una vez más se demuestra que las autoridades e instituciones están hechas a la medida de una sociedad intolerante y obsoleta. Una sociedad con temor a cuestionarse.

Al final me he quedado pensando, ¿pertenecer a una familia es un derecho o un privilegio? ¿hasta qué punto somos una extensión de quienes nos rodean? En cualquier caso, sin importar lo complejos y diferentes que sean los grupos humanos, la belleza de la vida radica en esa diversidad, y la única manera de prevalecer fuera de las sombras será con tolerancia al otro y mucho amor propio: ¡Orgullo por ser como somos!

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