Los “Abandonados en la tierra” de César Dávila Andrade en nueva edición | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

Una nueva edición del libro de cuentos de César Dávila Andrade, Abandonados en la tierra (2018), es el logro de la editorial Mecánica Giratoria. La virtud de esta nueva edición es que la recuperación de un libro de 1952 publicado originalmente por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, con tapa y dibujos de Oswaldo Guayasamín, 66 años vuelto a publicar como edición conmemorativa para celebrar los 100 años de nacimiento del autor en el 2018. Ahora, la versión recuperada tiene la portada y las ilustraciones hechas por Raúl Ayala, además contiene una presentación por Javier Lara Santos y en la contratapa un comentario de Jorge Dávila Vázquez.

Abandonados en la tierra es un libro que, en efecto, casi cayó en el olvido al no tener reediciones y, en la práctica, también desaparecer de los anaqueles de las bibliotecas. Lara Santos, el investigador curador, cuenta que, ante el poco conocimiento del primer libro de cuentos de Dávila Andrade, la ausencia de algún ejemplar en alguna biblioteca local, la investigación acerca de dicha obra fue azarosa hasta localizar al menos un ejemplar. Con ayuda de estudiosos amigos, Lara Santos ubicó un ejemplar en Estados Unidos, en la biblioteca de la Universidad de Texas, y luego en una librería de Mérida, Venezuela, país, donde Dávila Andrade, conocido como El Fakir, se afincó hasta su suicidio. El resultado, es el libro que Mecánica Giratoria publica. Curiosamente, en el mismo año, coincidente o no con el afán de recuperar Abandonados en la tierra, la editorial Monte Ávila de Venezuela hizo también una edición conmemorativa, con ilustraciones de Pavel Égüez, con auspicio de la Embajada de Ecuador, Fundarte y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Se podría decir, entonces, que, en el siglo XXI, hay dos ediciones de Abandonados en la tierra, una ecuatoriana, y la otra venezolana, ambas que permiten acercarnos a la obra de Dávila Andrade en el campo de la narrativa. En este contexto, se conoce que este autor solo publicó tres libros de cuentos, los que aún son referentes en el panorama de la literatura ecuatoriana: Abandonados en la tierra (1952), 13 relatos (1955) y Cabeza de gallo (1966). El resto de su obra está relacionado con la poesía.

Abandonados en la tierra contiene 6 cuentos y una novela corta, algunos publicados previamente en publicaciones periódicas. Se trata de un libro cuentos que se puede ubicar dentro del realismo social, con cierto tono también expresionista; en cierto sentido, esta combinación hace que incluso algún cuento pueda tener una cierta impronta fantástica.

Es así como la novela corta “Las nubes y las sombras”, que involucra a un fraile, sus visiones primero con sus prismáticos y, luego, en las nubes, lo que intenta reprimir y lo que la naturaleza le incita a escapar, es un cuento largo intrincado. Muestra la evolución psicológica del personaje confrontado con una exterioridad que, bajo la escritura de Dávila Andrade, se muestra inmanente: se trata de ir al ser de algo que se desconoce, el cuerpo, el sexo, la pasión, el calor. El cuento se narra en episodios, como actos. Esta misma estrategia es la que hallaremos en todo el libro, resaltado además por los asteriscos entre párrafos o escenas, quizá en el mismo sentido de una obra cinematográfica. El autor, de este modo, obliga al lector a dejarse llevar por el flujo de la historia, con sus escenas, con sus situaciones, con sus conflictos, para que incluso realice un montaje mental de lo narrado. De ahí, incluso, el título sintomático: pues, ¿qué habría en las visiones de seres en los exteriores del convento, con sus actos voluptuosos, con sus signos que dejan al fraile en la inquietud y la pregunta, hecho que se repite mirando las formas de las nubes? Lo fantástico aparece cuando, entre las visiones de la realidad, las nubes sugieren formas y sombras de la conciencia, todo ello narrado desde una dimensión poética.

“Autopsia” tiene como motivo un asesinato. Se trata de reconocer un cadáver antes de la autopsia. Pero no es un cuento policial, sino uno que, usando la estrategia de la indagación realizada por el Teniente Político en un pueblo lejano de la serranía, muestra el ardid, la explicación, el deshacerse de la culpabilidad. Pronto caemos en cuenta que hay una mujer, identificada como una zorra, llegada de la ciudad. Hay una transgresión interesante contada con una sutileza; de este modo, debemos hilar quién es el protagonista asesinado, la razón que está en juego, el silencio de las evidencias que, paradójicamente parecen resonar en la fría comarca. Dávila Andrade se presenta acá como un hábil narrador que hace nos imaginemos los momentos de la pesquisa, los personajes con sus miedos, sus inquietudes, sus preguntas. Insisto, la sutileza narrativa es una característica esencial de este cuento y probablemente de los otros cuentos de Abandonados en la tierra. En este cuento no hay nada de fantástico, sino más bien su tono es del género negro.

“Primeras palabras” por su parte representa la pobreza o, mejor dicho, las determinaciones crueles de la pobreza. Dávila Andrade expone la situación de una familia pobre, del suburbio, que apenas puede comer algún mendrugo; además está la cuestión del alcoholismo y de la violencia intrafamiliar. La desesperada venta de la única hija por ser muda, es quizá la salvación o probablemente la pérdida de horizonte de la familia. Aunque se puede acusar de cargar las tintas sobre la pobreza extrema, sobre la repetida y a veces estereotipada representación de la familia pobre dominada desesperada y violentamente por el marido, el autor de pronto nos lleva a un giro metafórico. Pues, si nos detenemos en la figura de la muda, ¿acaso no es esa generación enmudecida, por propia convicción, dada la violencia de género que se vive en el interior de las familias? En el cuento no hay pintoresquismo; al contrario, prevalece la representación descarnada de una realidad aún no superada hasta el día de hoy. La mujer, la niña muda, es el ejemplo de un sociedad y cultura acalladas por la violencia, peor sometidas, incluso, cuando son abandonadas a su suerte en las manos de otra sociedad y cultura aparentemente cuidadora de su destino, misma que hará escarnio de la pobreza.

“La muerte del ídolo oscuro” parece el título de un cuento fantástico, pero este no lo es. En realidad, es un cuento sobre una servidumbre de indígenas en una hacienda lejana: parte de su destino, en un momento, está atado a un piano negro, además de un capricho de alguien de dicho predio. El autor hace una rápida presentación de los personajes, nos hace imaginar el entorno, y nos lleva a representarnos todo el trayecto de transportar dicho instrumento musical. En todo esto, hay una fina filigrana para mostrar la desidia y el menosprecio a la vida por parte del hacendado, todo para lograr el propósito de tener el piano. Lo interesante del caso es que todo ello lo percibimos en el viaje, en los detalles de los gestos, en los silencios, en el aplomo del capataz para hacer cumplir la orden y el deseo. Y hay algo que Dávila Andrade usa de modo sutil, eso que se llama justicia divina. El piano no se lo percibe sino como una pesada carga, como un monstruo escondido y mudo; tampoco se oye la música que supuestamente el instrumento produciría; el juego está entre el silencio de la realidad y el silencio del destino. Basta una pieza para denotar la muerte que debe tener ese aparatoso vehículo del destino. El cuento tiene una cadencia que intenta mostrar la tensión del mundo del páramo con el silencio del objeto. El autor hace que el piano, la cosa, se sienta como un lánguido objeto que también desea su propia muerte.

En “Ataúd de cartón” la cuestión es atroz: un testigo, una pareja, una caja de cartón con un cuerpo. Por las señas, por el viejo aparato telefónico, de esos que se usaban en las casas de alcurnia, frente a los nuevos dispositivos automáticos que pueblan las calles, basta saber que el asunto es también algo que involucra a alguien de una condición social alta que no quisiera que el fruto de sus aventuras se pueda develar. La complicidad y el desapego, la falta de sentimientos y la presión a la final nos hacen ver que estamos ante un momento de la vida donde hay alguien que ejerce la violencia contra otra persona, haciéndola a esta culpable y necesitada de deshacerse de la culpa. Cuento sugerente al mismo tiempo que tenebroso. Dávila Andrade perfila una sociedad donde todos son responsables y malhechores; nadie pregunta y tampoco le importa sobre los destinos aún nimios en los que pesa un destino peor, el de la muerte. Contado el cuento con economía de palabras, el autor demuestra que no es necesario la redundancia, la explicación, peor el mensaje moral. En cierta medida “Ataúd de cartón” recuerda a un viejo relato de Medardo Ángel Silva, “En la ciudad indolente”.

Un cuento que raya entre lo grotesco y lo extraño es “Vinatería del Pacífico”. Dávila Andrade ubica su cuento en un entorno suburbano, oscuro y al mismo tiempo misterioso en el que nada pareciera pasar salvo un ir y venir de clientes, aparentes consumidores de un vino casero. La mirada es desde el ayudante, cómplice y también alguien que duda de su oficio, curioso y ladronzuelo. Si fuera un lugar sobre el expendio de vino pasaría por un cuento sobre las costumbres de los marginados que se dedican a emborracharse, pero la cuestión está en que el vino, si se toma, al mismo tiempo es un elixir de curaciones, y de las más raras. Funciona como una especie de esencia balsámica que hace desaparecer cualquier cosa a quienes se entregan a sus componentes y densidades. El cuento es eso, hace pensar en un lugar donde el ritual de entregarse al vino es como rendirse a lo diabólico, a lo siniestro. Y aunque sí hay de siniestro en parte del cuento, en otra es como un descubrir un mundo subterráneo en el que la vida se entrega o se la elimina. En esa extrañeza, también está el uso del vino, tanto para consumo, cuanto para hacer desaparecer espíritus. El autor nos pone ante un cuento donde uno no sabe si está en el límite del bien o del mal.

Finalmente, “La cuota” también es otro cuento de lo extraño. Cuando un grupo de amigos levantan en el camino al que aparenta ser un mendigo, el viaje se torna insólito. Dávila Andrade juega en este cuento con lo liminal, con la presentificación de la muerte, con el destino, con el peligro. Y aunque en principio no notemos, la presencia del nuevo pasajero es también sintomática. El autor da pinceladas, sugiere y hace que nos concentremos en el accidentado viaje; aunque sabemos que uno que puede ser sorteado con habilidad, pronto nos percatamos que todo viaje siempre tiene un costo que ineludiblemente se tendrá que pagar.

 Abandonados en la tierra como se constata es un libro sugerente. Dávila Andrade es un autor que con estos cuentos tempranos sabe trabajar en la filigrana, en la insinuación, en el detalle, todo para crear atmósferas, para hacer sentir al lector inquietudes más que certezas. En este sentido, el libro es un trabajo logrado y digno de leerse.


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal es Doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar; Magíster en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar; Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Profesor del programa de los postgrados en Literatura y de Comunicación de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Autor (entre otros) de libros como: Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk, 2000), Cartografías de la comunicación (2002); Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004); Imaginando a Verne (2018); Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018), Imaginaciones científico-tecnológico letradas (2019) e Historias desde el futuro: ciencia ficción andina como antropología especulativa (2021). Capítulos de libros, entre otros: “La ciencia ficción ecuatoriana (1949-2020)” en Historia de la ciencia ficción latinoamericana II. Desde la modernidad hasta la posmodernidad (Teresa López-Pellisa y Silvia G. Kurlat Ares, eds., Iberoamericana-Vervuert, 2021); “Ciencia ficción latinoamericana y política” en La ciencia ficción en América Latina (Silvia G. Kurlat Ares y Ezequiel de Rosso, eds., Peter Lang, 2021); “Análisis del discurso de lo político: notas para una metodología aplicada a Twitter” en Comunicación Política: Debates, estrategias y modelos emergentes (Sergio Rivera Magos y Bruno Carriço Reis, eds., Universidad Autónoma de Querétaro y Universo de Letras, 2020); “La ciencia ficción ecuatoriana (1839-1948)” en Historia de la ciencia ficción latinoamericana I. Desde los orígenes hasta la modernidad (Teresa López-Pellisa y Silvia G. Kurlat Ares, eds., Iberoamericana-Vervuert, 2020); “Ciencia ficción ecuatoriana: las exploraciones del futuro de las nuevas generaciones” en El pez solo puede salvarse en el relámpago (Augusto Rodríguez, comp., Universidad Politécnica Salesiana y Abya-Yala, 2020); “El monstruo es del sur: más allá de la biopolítica” en Marginalia III, relecturas del canon literario (Carlos Alberto Castrillón y Juan Manuel Acevedo, comps., Universidad La Gran Colombia y Universidad del Quindio, 2013).

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