“La guerra de los mundos” de Wells | Mayra Aguirre Robayo

Por Mayra Aguirre Robayo

La novela

Portada original de War of the Worlds (1898) de H.G. Wells. (Fuente: https://bit.ly/3a7iHzs)

La novela de ciencia ficción del inglés H. G. Wells La guerra de los mundos (1898) es la primera ficción sobre la invasión de los marcianos o alienígenas a la Tierra. Los enarbola como escudriñadores con visión aguda y con inteligencia superior a la humana que supera su imperio materialista. Afirma que los invasores tienen la capacidad de multiplicarse en una gota de agua. Provienen del planeta Marte que gira alrededor del sol a una distancia media de 225.000.000 kilómetros, el calor que recibe su planeta le cubre solo la mitad de la cantidad que es dotado al nuestro.

Acusa al hombre terráqueo de vanidoso por sentirse el centro del Universo. Los desarrollos científicos que se han alcanzado para mirar el espacio en dirección al Sol solo llegan a los 55 millones de kilómetros. El mundo marciano está muy frío. Invivible. Avizora la víspera de la guerra marciana en la Tierra, sin descartar que los humanos también son criaturas que ya han destruido la naturaleza: los monos y los lemurianos.

Los marcianos llegaron como un meteoro a Horsell en un cilindro que se destornilla provocando un inmenso agujero. El aparato era colosal de corteza recocida y de contornos suavizados con una espesa incrustación escamosa y de color oscuro con un diámetro de 25 a 30 metros. El narrador (sin precisar su nombre) miraba el objeto o la cosa con el ojo observador del astrónomo Ogilvy. El arribo de los marcianos despertó el interés de los observatorios de Escocia, Londres e Irlanda. Se manifestó como un rayo ardiente.

El aspecto morfológico de los marcianos causó un horror extraño: la singular boca en forma de V con un labio superior puntiagudo, la ausencia de una barba debajo del labio inferior. Sus labios tenían un temblor incesante. Sus ojos inmensos tenían una mirada intensa. Sus movimientos eran lentos por la mayor gravitación de la Tierra. La sensación de sus formas raciales produjo náusea. El pánico era una de las emociones que provocaron los marcianos por los incendios y las fugas que predominaban en los lugareños de Chobman, Chensey y Woking.

Especifica al sábado como el día de inicio del ataque marciano. El narrador. El relato de la embestida se da como un rayo ardiente que genera un calor inmenso por medio de un espejo parabólico de composición desconocida contra el objeto de su elección. Las personas avasalladas fueron carbonizadas y estaban desfiguradas. Fueron asesinados los parlamentarios. Agentes policiales a caballo impedían que la multitud curiosa corra peligro. No todos escaparon en medio de la muchedumbre un niño y otras personas fueron magulladas, pisoteadas y abandonadas a la muerte en medio del terror y la oscuridad.

Los marcianos estaban dotados de inmensas trípodes metálicas de 30 metros de alto coronados por una capucha de latón y donde cuelgan tentáculos. Sus miradas las hacían mediante una placa de vidrio en la capucha y tenían una cesta enorme de metal blanco con las que capturaban a los humanos y les absorbían su sangre como forma de alimento.

El narrador y el cura son atrapados y la angustia del vicario le lleva al grito y se ve obligado a silenciarlo. Lo mata. El encierro de 13 días, incluso sin alimento se convierte en salvador por el encuentro con el astillero, que es sintomático porque apela a la intelectualidad y a los buenos modales del narrador: ya no habrá conciertos, ni academias de Bellas Artes, ni golosinas en los restaurantes. Si usted busca diversiones, reconozco que la comedia ha terminado. No estaba dispuesto a ser atrapado para ser domesticado y que le coman como buey cebado. Bichos los llamaba a los marcianos. El encuentro le condujo al personaje principal a mirarse antes de la invasión marciana como un indiscutido hombre de superioridad mental al compararse con el astillero inculto. Pero, comprendía con claridad la llegada de los alienígenas a la Tierra.

Ilustración de War of the Worlds publicado en la revista Pearson’s Magazine, 1898 (Fuente: https://bit.ly/3yZNglj)

El escritor apela a lector que sigue la exposición de sus argumentos ficcionales enfatizando en su espíritu tranquilo y atento de lo narrado. Mientras el personaje relator estaba escondido entre matorrales y escuchaba al artillero con miedo y ansiedad. El artillero quería salvar la raza con hombres y mujeres vigorosos en Londres. Le demandaba al escritor novelesco, le seducía a ir al Museo Británico los libros de ciencias. La mayor preocupación del personaje principal era volver a casa con su mujer en Leatherhead.

El Londres herido y arrasado debía reponerse en los tiempos venideros. Ya que la mano del destructor se había detenido. En los escombros siniestros y en los esqueletos ennegrecidos de las cosas, que parecían tan lúgubres junto a los verdes y asolados flancos de la colina, resonarían pronto los martillos de los restauradores. Al pensar ello extendió las manos al cielo dando gracias a Dios. Su espíritu se fortaleció sobre sí mismo y el de su mujer.

La prensa londinense

La primera noticia el narrador omnisciente recibe del Daily Chonicle. The Times y The Daily Telegraph no transmitieron las diferencias atmosféricas entre la Tierra y Marte son superiores, ya que los conocimientos mecánicos de los marcianos les capacitaba para aumentar o disminuir sus actividades musculares.

En el epílogo el narrador afirma que su especialidad es la filosofía especulativa. Los marcianos no entierran a sus muertos desconocen la degeneración de la putrefacción. Sin considerar nuevas invasiones a la Tierra, advierte modificar las ideas sobre el porvenir de la humanidad. Reflexiona que si los marcianos han llegado a Venus; los terráqueos también pueden viajar por el universo y más aún con el paulatino enfriamiento del Sol. Es un sueño remoto, afirma.

Adaptaciones

La novela ha sido adaptada a lo radiofónico por Orson Wells en Estados Unidos (1938). La última película dirigió Steven Spielberg en el 2005. Iván Rodrigo-Mendizábal analiza, en la revista Chasqui, la emisión radial en Quito (1949). Toma como eje la novela de Leonardo Páez Los que siembran el viento (1982). El radioteatro que creó pánico en la capital ecuatoriana y las multitudes terminaron quemando el diario El Comercio y la radio al creerse invadidos por los marcianos. El programa estaba fraccionado con pasillos de Benites y Valencia; siendo un entretenimiento se la confundió con un realismo lacerante que provocó desconcierto en la población quiteña.

Bibliografía

Wells, H.G. (1981). La guerra de los mundos. Barcelona: Bruguera.

La guerra de los mundos (novela). https://es.wikipedia.org/wiki/La_guerra_de_los_mundos_(novela)

Rodrigo-Mendizábal, I. (2021). “Los restos de la memoria: sobre la emisión de La Guerra de los Mundos en Quito”. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, 1(146), 15-34. doi:https://doi.org/10.16921/chasqui.v1i146.4536


Mayra Aguirre Robayo. Ha ejercido el periodismo en diarios locales como HoyExpreso. Ha sido articulista de las revistas VistazoDiners y Revista de Artes del diario La Hora. Ha ejercido la docencia universitaria en la Universidad Central del Ecuador, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Universidad San Francisco de Quito y la Universidad de Las Américas. Es crítica literaria y de cine. En la actualidad es editorialista de La Hora.

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