Poema | Alfredo Gangotena

Por Alfredo Gangotena

(Publicado originalmente en Revista Casa de la Cultura Ecuatoriana, no. 1, enero-marzo de 1945, Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, págs. 245-246)

Soledad de luces, soledad de alientos.
¡Oh lágrimas me dais voces
de su presencia en solar de mis adentros
más remoto!
Arrobado en tales ansias,
ora a vuelta de desmayos,
ora en tela de lamentos,
pasaré la noche en prenda
de soledad,
              con el alma ahíta, a tientas,
con el alma enjuta en sienes de sudores y tormentas.

Voy clamando en graves ayes el deseo de mi boca.
En todo tu cuerpo te grité mis quejas
porque a fuer de tus enojos ni siquiera supísteme escuchar.
Y no es de pan, ni es de vino el menester;
ni sed, ni ganas de aquesta colación.
En el jugo, fuente y gota de tus senos:
¡Oh prueba sin consejos!
                            ¡Sequedales del ansia viva!

¡Cuánto padecer! ¡Cuánta cosa he roto,
y cuántos golpes en busca del alivio!
Manos mías en el huerto,
derramad las flores llenas,
derramadlas
y dad sustento
              a esta sien que palpita en mi costado.
La pasión que me desangra:
Un tal querer enclavado en las entrañas.
Y los muslos entornados, derramando de ellos su cabal fortuna.

Desde el otero
              acudo al llano de tantas bajas tierras escondidas.
¿Mas, dónde están los senos que apetecen mis sentidos?
¿Dónde el pecho de mi boca?
En sus altas horas,
              y en el gozo, en la cima de estambres y deleites,
vino el Huésped.
Abrió cuentas,
Y a vuelta de sorpresas no pudo menos que gritar,
a todo ámbito,
              la voz de su desmayo,
qué gritar:
              ¡Desolación, desolación!

Este cavilar nocturno.
Esta llaga atroz de su presencia abierta en todo el rostro.
¡Soledad de luces, soledad de alientos!
Ni siquiera en sombra sus miradas me cubren ya.

Alimañas en mi senda.
¡Cuántos cuervos en la noche!
Atado al peso de lo oscuro, al clamor de mis entrañas,
Pronto dormiré mis sueños, bajo el sediento párpado de este insomnio.
¡Oh moradas de cal viva!
Allá vuelo en desatino,
con toda la mirada en trances de soslayo
              arriba de estos grandes vuelos corporales.

Vino el Huésped,
y desnudo me encontró:
Los oídos sin respuesta,
tan reseco el albihar.
Desnudo de hambre, de venas y de espíritu.
Vino el Huésped, en sazón
de esperanzas y clamores,
y único en las praderas de su huella
              no pudo menos que se exclamar,
—Los ojos encendidos en la prenda de sus ayes—,
A su vez que se exclamar:
                            ¡Desolación, desolación!

Alfredo Gangotena (Quito, 1094-1944). Poeta simbolista y vanguardista. Vivió en París desde su adolescencia; allá obtuvo, luego de estudios en liceos, en la École de Mines, el grado de Ingeniero de Minas. Mientras desarrollaba su vida en Francia, se conectó con las corrientes intelectuales predominantes e hizo amistad con poetas latinoamericanos que residían en dicho país de la talla de Vicente Huidobro, César Vallejo, César Carrera Andrade, además de otros europeos como Henry Michaux o Jean Cocteau. Más reconocido en Francia que en Ecuador, la mayor parte de su obra fue publicada en dicho país. Tardíamente fue recuperado en el contexto de las letras ecuatorianas. Entre sus obras se pueden citar: Orogénie (1928), Absence (1932), Cruautés (1935).

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