“Las tres bodas de Manolita” de Almudena Grandes | Fabricio Guerra Salgado 

Por Fabricio Guerra Salgado 

Tras la guerra entre derechas e izquierdas, Franco y los suyos se han hecho con el poder. En toda España se ha desatado una caza de brujas dirigida hacia aquellos que militaron en el bando derrotado, quienes malviven en la clandestinidad y se amontonan en malolientes prisiones pagando largas condenas, mientras la pobreza y el hambre campean por doquier. 

Con apenas dieciocho años de edad, Manolita Perales debe hacerse cargo de sus cuatro hermanos menores, luego de que su padre fuera fusilado y su madrastra tomada prisionera. Sin casa ni dinero, consigue un precario empleo en una confitería, en tanto que debe multiplicarse en las tareas domésticas y gastar con suma prudencia cada peseta que obtiene.

A su hermano mayor, Antonio, hombre de ideas socialistas, lo persigue la policía, por lo que permanece escondido en la trastienda de un tablao flamenco. Es él, quien convence a Manolita de “casarse” con Silverio, un hábil mecánico que se encuentra encarcelado. 

La supuesta boda es tan solo un pretexto para obtener instrucciones del mecánico y echar a funcionar unas máquinas multicopistas que, pese a estar en manos de la resistencia republicana, no han podido ser puestas en marcha. El objetivo final es imprimir propaganda subversiva y distribuirla en Madrid. 

Las máquinas son incautadas por la autoridad antes de llegar a ser siquiera estrenadas, pero entre Silverio y Manolita surge un intenso vínculo que habrá de unirlos por siempre. Ni el presidio, ni las carestías, ni la opresión del régimen, desalientan a la Perales, cuya presencia se ha vuelto frecuente en las filas de visita a los reclusorios, compartiendo dolores y esperanzas con las madres, hermanas y esposas de otros convictos.

La protagonista encarna la discreta heroicidad de los vencidos, que saben que la adversidad es ya inevitable, y que tan solo cabe sobrevivir, tratando de mantener algo de dignidad. Es una joven pueblerina y modesta, sin mayores encantos ni aptitudes, que, ha sido sobrepasada por las circunstancias y forzada a afrontar su peripecia vital en condiciones por demás complejas e injustas. 

Manolita se aferra a la existencia, por mala que esta parezca. Los pocos enseres que posee y su modesto trabajo, le alcanzan para salvar a sus hermanos y salvarse a sí misma. A la vez, la solidaridad de la gente de su entorno, que también ha caído en desgracia, resulta fundamental para soportar la dura rutina. Pero será, sin duda, el cariño incondicional de Silverio, lo que la fortalecerá hasta límites insospechados. 

Su resiliencia transversaliza el relato, trascendiendo el ámbito de lo individual y alcanzando un sentido colectivo y social. “No te desanimes, Manolita”, es la consigna que resuena en sus oídos durante las épocas más turbulentas. Y muchas décadas después, muerto ya Franco, Silverio y Manolita, ahora rodeados de hijos y nietos, celebrarán al fin su boda oficial, cerrándose así una historia que, hasta parecería de folletín, de no haber transcurrido en medio de tiempos tan aciagos e infames.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s