Evocando a Bradbury: “Crónicas marcianas” | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

Portada de la publicación original del libro «Crónicas marcianas» (1950) de Ray Bradbury.

Una imagen:

“Esta noche había en el aire un olor a tiempo… ¿Qué olor tenía el tiempo? El olor del polvo, los relojes, la gente. ¿Y qué sonido tenía el tiempo? Un sonido de agua en una cueva, y una voz muy triste y unas gotas sucias que caen sobre cajas vacías y un sonido de lluvia. Y aún más, ¿a qué se parece el tiempo? A la nieve que cae calladamente en una habitación oscura, a una película muda en un cine muy viejo, a cien millones de rostros que descienden y descienden en la nada. Eso era el tiempo, su sonido, su olor. Y esta noche… esta noche casi se podía tocar el tiempo…”

Ray Bradbury nos enseñó a tocar el tiempo, nos llevó en un viaje espacial hacia nuestro interior, nos mostró, como en un espejo, que los marcianos somos nosotros. Crónicas marcianas, publicado en 1950, es un libro de relatos que siguen una misma línea argumental para contextualizar la colonización marciana por parte de la especie humana. Son veintisiete crónicas situadas entre 1999 y 2026 que describen diversos aspectos del utópico/distópico viaje interplanetario, del encuentro/desencuentro con la otredad, de la certidumbre, triste y desoladora, de nuestra pequeñez ante la inmensidad del universo. Para Bradbury, podemos crear cohetes, surcar el tiempo/espacio, conquistar Marte; pero no podemos vencernos a nosotros mismos. La humanidad, naturalmente, dejará la Tierra para expandirse por el cosmos, llevando sus artilugios, sus esperanzas y miserias consigo. Crónicas marcianas es una obra maestra de la ciencia ficción que profundiza en los abismos de la condición humana a través de los avances científicos y tecnológicos como un pretexto para girar los engranajes de nuestras contradicciones: lo bello y lo horrendo, lo luminoso y lo gris, lo poético y lo terrible. La obra de Bradbury es también un libro de crónicas, un compendio de expedicionarios galácticos que se parecen a los antiguos exploradores que cruzaron el atlántico por primera vez. Crónicas marcianas es un viaje fantástico y alucinante a Marte y a nuestro interior.

Una de las destrezas de Bradbury fue fusionar, con talento y elegancia, la emoción y la razón para mostrar dos facetas de los avances científicos: una visión optimista del progreso y una visión pesimista de la ciencia, la utopía y la distopía a la vez, lo que pudo ser, pero no fue. En un futuro cercano, los cohetes zarparon a Marte, las primeras expediciones fracasaron, por supuesto, el contacto fue inminente y aunque la humanidad triunfó a la postré, los marcianos se defendieron con armas telepáticas, con alucinaciones y con ataques mentales para producir confusión y ansiedad en las primeras tripulaciones terrestres que fueron interceptadas. Sin embargo, la humanidad no tiene límites cuando se trata de expandir sus dominios: la cuarta expedición, descrita en el relato “Aunque siga brillando la Luna” trajo consigo la ruina y el ocaso, la ilusión y la esperanza, el adanismo y la ignorancia; trajo consigo al conquistador y al rebelde, al investigador y al comerciante, al restaurador y al destructor. Entre los recién llegados destacó Spender, activista y arqueólogo que descubrió las ciudades abandonadas hace miles de años, que descifró códigos y lenguajes para adentrarse en la cultura marciana y descubrir una civilización apoteósica, que armonizó la ciencia, el arte, la naturaleza y la religión de manera holística, que desapareció, de súbito, al presentir la llegada del animal/dios/humano con sus artificios y sus máquinas. Spender se convierte en el defensor de Marte ante el desenfreno humano, el mismo desenfreno que colonizó, humilló y esclavizó millones de personas y hectáreas en América y África. Algunos autores interpretan a este personaje en clave política, inciden en la capacidad de la pluma de Bradbury para mostrar, desde una narrativa crítica, un proceso de contacto con una otredad, un encuentro/desencuentro que normalmente resulta violento debido a la malacostumbre que tiene el hombre/blanco al colocarse en el centro del universo, por encima de otros colores de piel o de otras especies galácticas. En ese sentido, Spender es una guía, un faro. Un hombre que supo maravillarse en la diferencia para encontrar el respeto por otras formas de vida.

Y llegaron los humanos como “langostas”, con sus comodidades y confort, con sus leyes civiles y morales, con su acero y su cemento, con su hipocresía y arrogancia, con su cinismo y su civilización, con sus enfermedades y su polución. Marte fue la nueva zona salvaje a conquistar, la población local fue casi exterminada por bacterias terrestres, los antiguos nombres fueron borrados, el paisaje, desierto cobrizo hermoso, fue mutilado, ya nadie respiró polvo de estrellas. Y con todo, amaneció “la mañana verde”. No todo es turbio en la humanidad, también hubo alguno que sembró semillas de donde brotaron árboles que brindaron oxígeno. Y hubo otro que construyó su morada a imagen y semejanza de la casa de Usher, para convocar a los autores censurados, a los arrojados al fuego, a los malditos, los perversos, los libres, los inmortales. “Usher II” es una crónica magnífica, William Stendhal puso en marcha un intrincado plan para renacer las mentiras literarias, mientras los líderes de la moral terrícola caían en una trampa que los condujo directo a una muerte poética, al estilo de Poe. Algunos de los elementos de este cuento son germen de las ideas plasmadas en Fahrenheit 451. Terrícolas y marcianos cruzaran sus caminos en mundos paralelos, que tienen el mismo espacio, pero un tiempo diferente, un “Encuentro nocturno” que cuestiona la verdad absoluta, al plantear la posibilidad de múltiples interpretaciones de un mismo escenario, aún más, de múltiples cosmovisiones, de universos complementarios. “Encuentro nocturno” es un relato evocativo que convierte el tiempo terrícola en marciano y viceversa, es el relato perfecto para aprender a tocar el tiempo. Mientras esto ocurre, como es de esperar, estalló la Gran Guerra en la Tierra, los cohetes van y vienen, las bombas van y vienen, los terrícolas van y vienen, dejando a su paso, una estela de duda: destruir, reconstruir o crear.

Otros de mis relatos favoritos: “El marciano”, destacado por Borges en su magistral prólogo como una reconfiguración del mito de Proteo, o ¿cómo un marciano encarna diferentes identidades para cuestionar los límites del duelo y de la muerte? Cuando las personas se reencuentran con sus seres queridos fallecidos hace tiempo no buscan razones ni lógica, aceptan, rebosantes de alegría, los favores del cielo. ¿Qué sucede cuando un ser puede ingresar en la mente, robarse los recuerdos y parecerse a ese ser querido? En “Un camino a través del aire”, asistimos a un éxodo masivo de negros esclavos hacia las estrellas, escapan de su condición con la esperanza que el cielo rojizo de Marte cobije su libertad. En “Desierto”, seguimos a dos mujeres atravesadas por la inquietud al dejar su pueblo natal mientras se disponen a viajar por el espacio como si fuera una travesía por una vetusta carretera que va al Oeste, siguiendo sus amores y su instinto. “Fuera de Temporada” es un relato salvaje, en donde los barcos surcan arenas marcianas en una persecución, poco antes del estallido de la gran guerra en la Tierra. Quedan en Marte “Los largos años”, “Los pueblos silenciosos”, las lluvias suaves, y “Un picnic de un millón de años”, en donde veremos nuestros rostros reflejados en las aguas cristalinas para decir: los marcianos somos nosotros.

Crónicas marcianas es una obra monumental, un pilar del género de la ciencia ficción, una novela imprescindible. Crónicas marcianas es un compendio de cuentos surgidos en una época de miedo e incertidumbre, cuando la posguerra anunciaba una guerra fría que estallaría en cualquier momento. Ray Bradbury creó una obra antibélica que criticó el auge armamentístico, los conflictos ideológicos, la censura, el racismo, el imperialismo, el etnocentrismo, la colonización, y, vislumbró, de forma transparente la ambivalencia de la ciencia: un artilugio para el progreso y la catástrofe. Los relatos de Crónicas marcianas funcionan por separado o en conjunto, son emocionales y emocionantes, cautivadores y sencillos, profundos e insondables, sublimes y bellos. Es imposible no quedarse conmovido ante el paraje marciano, no soñar, aunque sea por un momento, con esa civilización y esa cultura más allá de nuestro alcance, con ese encuentro temido y anhelado con la vida extraterrena. Pero Bradbury lo advierte, y Borges lo confirma en el prólogo, la conquista de otro planeta produce soledad y terror, al comprobar que el ser humano, en su ceguera y necedad, lo echará todo a perder. Crónicas marcianas es utopía y distopía, es la advertencia de un visionario, la obra a tener en cuenta cuando el encuentro extraterrestre se produzca. Leamos a Bradbury para entender que es preciso conocernos mejor a nosotros, antes de conocer al alienígena.


Fernando Endara I. Comunicador social. Magíster en Investigación en Antropología por la FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por http://www.flacsoradio.ec

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