“Trafalgar” de Galdós | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

Trafalgar, publicada en 1873, da inicio a los “Episodios Nacionales”, 46 volúmenes que narran la historia de España durante el Siglo XIX de la pluma de Don Benito Pérez Galdós. Gabriel de Araceli es el protagonista y narrador de la obra, que, a sus vetustos días, rememora sus tiernos años al servicio de don Alonso Gutiérrez de Cisniega a bordo del Santísima Trinidad, el mayor y más poderoso navío del mundo. En aquella época, los barcos estaban vivos, eran verdaderos gladiadores de los mares, que autónomos y aliados de los hombres, se enfrentaban con honor en defensa de su tierra, de su patria y sus costumbres. Galdós configuró la novela moderna, aunó las tendencias realistas, románticas y costumbristas de la época con la tradición picaresca española para germinar en un fruto nuevo y hermoso. La novela histórica de Galdós “quiso contar para todos, las historias de la historia”; insertó las peripecias de personajes ficticios en los sucesos más importantes del siglo, matizó su prosa vital, florida y encantadora través de un narrador ameno y cercano a los lectores. Gabriel de Araceli tenía 14 años cuando los ejes del destino lo embarcaron rumbo a la batalla de Trafalgar, una de las más espectaculares y míticas de todos los tiempos. Cercano al homónimo cabo, la escuadra real inglesa dirigida por el almirante Nelson, uno de los más aguerridos y valientes hombres del XIX, derrotó a la coalición franco española que zarpó del puerto de Cadiz comandada por Villanueve, presto general que, no obstante, no estuvo a la altura de las circunstancias. Galdós cuenta la batalla de Trafalgar con tino de historiador y dramatismo de novelista a la par, como una trepidante novela de aventuras y como un documento riguroso de hechos y verdades: ficción y realidad se mezclan para retratar la España del XIX, con sus brillos, claroscuros y negruras, como un canto de amor sublime a su gente. Galdós es España, pero es también universal, como universal es el dolor y la alegría de contemplar con nostalgia el horizonte atardecer al respirar el aroma del suelo patrio.

Las descripciones de Galdós están repletas de detalles, en su narración se evidencia su aprecio por la humanidad por encima de credos o ideologías. Junto a Gabriel de Araceli conocemos a don Alonso Gutiérrez de Cisniega, taciturno y devoto anciano que sueña con sus últimas glorias recordando con tristeza sus derrotas, empecinado en acudir a la querella para contemplar la victoria de su armada. Doña Francisca es la sacrosanta esposa de don Alonso, consorte recalcitrante preocupada por los cruentos caminos de las guerras, enfrascada en evitar que su insensato esposo se embarque una vez más, quizás la última, le recrimina y lo humilla con deleite. Aliado en las andanzas de don Alonso aparecen Doña Flora su prima, ardiente cincuentona portadora de noticias y esperanzas; y Marcial (medio hombre), anciano marinero retirado con pata de palo y el cuerpo destruido en altamar. Los dos vejetes embaucaron a las circunstancias y llevándose a su paje y narrador Gabriellilo, subieron a la flota al abrigo de sus aciagos honores, confiando en los doctos navegantes españoles: Gravina, Churruca y demás, fervientes héroes del océano, mártires de abruptas decisiones. Las acciones se precipitan, Napoléon furioso reemplazó a Villanueve, que, sin prudencias ni razones se arrojó a la ofensiva contra Nelsón y sus peligrosas estratagemas. Retumbaron los cañones, cayeron los cuerpos y los barcos, se elevaron los espíritus más allá de las posibilidades humanas, se volvieron infinitos por instantes los finitos hombres de altamar.

La sangre y las hazañas recorren las páginas de la novela asombrando por su algazara costumbrista y su lírico realismo. Y como en un parpadeo: abordaje, rendición, cambiar de escudo y de colores la bandera. A prisión, rescate, naufragio; la primera de las derrotas del XIX, el que Galdós habitó y testimonió como nadie, con la destreza del que tuvo por escuela la esquina de su acera. Galdós supremo, fue uno de los mejores observadores y escritores del siglo. La pericia narrativa de Galdós nos remite a Trafalgar desde la mirada de un adolescente, donde cada escaramuza se cuenta por separado utilizando la conversación de los personajes como si fueran memorias. La memoria se toca con la historia, los grandes sucesos se cruzan con las pequeñas voluntades, las imágenes ardiendo que interpelan al lector conmueven en todos los sentidos, abren un vínculo al pasado, un pasaje a esos sucesos que marcaron la bisagra de lo que somos y seremos. El lenguaje de Galdós es absoluto, atraviesa los más intrincados y complejos intersticios del idioma, para volver entre recovecos, a las aceras principales de lo sencillo y coloquial; disfrute para eruditos y novatos. Trafalgar inicia una de las vertientes de novela histórica más importantes del XIX, una mirada propia, profunda y particular en sus personajes anclados a sucesos históricos abarcadores e inmensos. Galdós es una cima y un pilar de la narrativa en español, leerlo es un deleite por la imaginación y los sentidos.


Fernando Endara I. Comunicador social. Magíster en Investigación en Antropología por la FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por http://www.flacsoradio.ec

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