Destello opaco | Michael Peñafiel

Por Michael Peñafiel

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

Se fue a la playa solo. Condujo casi 6 horas. Se alojó en un departamento que rentó por Arbnb. Tan pronto como desayunó en el mercado local, se puso bloqueador solar y se sentó a oír el mar. Ese sonido siempre lo ponía nostálgico. Y la nostalgia le permitía escribir.

Después se puso a nadar. Y así estuvo hasta que fue hora del almuerzo. Había un pequeño mercadillo donde empezaba la playa, donde su papá siempre llevaba a la familia cuando visitaban esa playa. Comió un ceviche mixto y bebió un fresco jugo de tamarindo.

Luego se echó a andar por la orilla de la playa hasta que llegó a un bloqueo. Caminó de regreso entonces.

No le había contado a nadie que viajaría.

Preguntó por prostitutas. Preguntó por discotecas. Preguntó por precios y alcohol.

En la noche fue a una discoteca y pidió un cóctel. Se puso a bailar. Luego pidió una cerveza y siguió bailando. Como le gustó a una mujer, un grupo lo incluyó en su celebración. Era una chica bonita. Se presentaron y estuvieron bailando y bebiendo hasta la madrugada, hasta que decidieron ir al departamento.

Al otro día, se despertó y volvió a la playa a seguir oyendo el vaivén del mar y vio a unos niños jugar. Uno de ellos le recordaba a sí mismo. Ambos eran muy parecidos físicamente y una mujer gritó: “Amores, vengan”, por lo que dedujo que eran hermanos. Siguió con la mirada a los pequeños cuando corrieron hacia su madre y después se perdieron con ella en el horizonte. Entonces, sintió la fría mano de alguien y escuchó: “Oye guapo, ¿vamos a desayunar?”.

No había tenido que contratar trabajadoras sexuales la noche anterior y eso le pareció bueno, aunque un poco malo. Ahora tendría que ser cordial con esta muchacha que claramente no se había ido antes de que él regresara al departamento. Pero aquella mujer era muy amable y empezó a resultarle agradable. De hecho, empezó a hacerlo reír con una gran facilidad. Así que sonrió y se conformó con la situación. Tres años después, tenía a la misma mujer enfrente cuando el cura preguntaba: “Aceptas tú, Alegrando, a María, ¿como tu esposa? ¿Para amarla, honrarla y respetarla?”.

Volvió a esa playa siete años después, y ahora los niños que corrían hacia la madre eran suyos.

Michael Peñafiel es investigador en el Instituto de Pensamiento Político y Económico de ADDI. Colaboró en la Unidad de Coyuntura del Instituto Superior de Investigación y Posgrado de la Universidad Central del Ecuador. Ama la Matemática tanto como la Poesía. Sus temas de interés investigativo son la educación, la política y el género. Últimamente lee a escritores ecuatorianos como ejercicio de identidad e intenta escribir sobre su país en un blog llamado Depende: https://ddedepende.data.blog/author/michaeljo112/


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3s7h7mC

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