Amarrada a un camión | Ilonka Guerra

Por Ilonka Guerra

Cuando sé que algo te pasa quisiera ir a verte; es como tratar de correr amarrada a un camión.

Me queda escribir, contarle a la tú adulta que tienes angustia. Gritas cuando haces pis. Lo único que se me ocurre es abrazarte y sentir tu cuerpito temblar con el último chorrito.

Pierdo la paciencia, la pierdo con frecuencia. Meto la mano al inodoro con el frasco cerca de tu cola, haces dos gotas, el resto del agua que has tomado se va en llanto, el tuyo y el que yo me trago.

Preferiría no vivir esto, volver a despertar sola, no correr al trabajo, a la casa, a la vida. No pedirte, rogarte, gritarte que tomes agua, que no llores, que te apures, que te acabes el vaso de agua, quizás tenemos suerte.

Salimos de casa, gotas de garúa hacen que tu cabello se vea como con pepitas, mis lentes deberían tener plumas. En la tienda elijes papas y una manzana. No deberías comer ni grasa ni sal. Soy la mala madre.

—Ya me hago pipí —falta para llegar a la escuela; y regresar a la casa es la misma distancia.

Otra vez la sensación: tratar de correr amarrada a un camión.

Gritas que no avanzas, te pones en cuclillas en la vereda.

—Ya me hice —dices entre lágrimas.

Tengo pena de ti, de mí, como abandonadas en la calle mientras la lluvia fina cae.

Respiro. Me agacho.

—No pasa nada, Pez. Tengo ropita tuya en la mochila.

Te levantas y pasas la manga del saco por tu nariz mocosa.

Llegamos a la escuela: tarde y por fin.

La profe de la puerta pregunta si pasó algo, le digo que sí, que tuvimos un accidente de baño y le pido me permita pasar a tu aula.

Franqueamos juntas la puerta de hierro que divide el mundo de afuera de tu mundo escolar.

—Por aquí, mami.

— Yo te sigo, Pez.

Junto a la casita de muñecas vemos un baño, nos vemos las caras y entramos.

Estás mojada hasta las medias. Tendré ropa orinada en mi cartera todo el día.

De la mano llegamos tu aula. La Danna está en la puerta. Profe pajarito me pide pasar. Te pierdo entre uniformes azules. Ahí está la mamá de la Cami, hablamos del programa de navidad.

Te acercas a mi. Sospecho:

—¿Quieres ir al baño? —asientes en silencio. Tres pares de ojos nos siguen.

Entro al baño contigo, es tan pequeño que no cabemos mis cargas, tú y yo.

—Dejo aquí mis cosas, ustedes me las cuidan —les digo a los tres pares de ojos mientras apoyo mi lonchera, mi cartera y mis ganas de llorar.

Te abrazo mientras haces pis, le digo a tu oreja que entre todas las niñas del mundo yo te elegiría a ti, siempre.

Quisiera creer que bajo la mascarilla estás sonriendo.

—Ya no me duele, mami —dices parándote del inodoro más pequeño que he visto en mi vida.

Abro la puerta. Los tres pares de ojos siguen ahí, fieles guardianes de mis cosas.

—Tú eres el Thiago, tú eres la Isabella —digo mientras leo sus nombres en sus mandiles.

—Yo soy Camila, ¿quieres verle a la Zoe?

Los escolto al puesto de la Zoe, otro par de ojos negros, bellos.

—Ya mismo llega el teacher Andrés —dice la Profe Pajarito.

Salgo al patio con la mamá de la Cami y la mamá de la Romi, en este mundo nuestros nombres ya no importan.

Miro tu cabeza desde la ventana. En cinco horas regresarás a casa y yo estaré en la oficina, amarrada a un camión.


Ilonka Guerra. Nacida allá por el gobierno de Hurtado, por las mañanas trabajo para el gobierno, por las tardes soy mamá y todo el tiempo, entre una cosa y otra soy adicta a los clubes de lectura y al olor de los libros viejos. Mi alma tiene un poquito de Molly Bloom y otro poquito de la señora Dalloway. Así vivo mi vida: pecera y feliz.


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3Hnal2e

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