Mi paisana | Diego Alejandro Gallegos Rojas

Por Diego Alejandro Gallegos Rojas

Mi paisana es de Celica, yo soy de Loja. En Loja todos somos paisanos. Los nacidos en la misma Loja, como los celicanos, los macareños, los paltenses, los zapotillanos… Así hallamos nacido en Saraguro, en Espíndola, Chaguarpamba, Gonzanamá… o en Calvas, Olmedo, Zozoranga, Catamayo.. o en Pindal, Quilanga, Puyango. La provincia de Loja es extensa. Sus 16 cantones tienen sus propias particularidades que la convierten especialmente especial.

Es esta lojanidad la que nos sostiene, la que nos identifica, la que nos une a los lojanos. “Sí paisano todos somos lojanos”, me afirma y me confirma mi paisana.

Por esas rarezas raras de la vida, con ella nos conocimos en Quito, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Le acompaña un joven, es su hijo, Fernando. Ella me invita a la exposición pictórica de su hijo que se inaugurará días después en una de las salas de exposición de la Casa de la Cultura… Ella ama el arte. Su hija mayor es Karla, quien es auditora de la vida.

Por esa causalidad causal, otra vez, coincidentemente coincidimos en la “Capilla del hombre”, por el centenario del maestro Oswaldo Guayasamín, en donde Fernando, a su manera, le hizo un homenaje a la memoria del gran maestro Guayasamín.

Mi paisana me cuenta que fue profesora en una escuelita de “Cerro Blanco” en Alamor, Puyango. Añora su infancia, de cómo fue criada por sus padres con valores, con respeto, con amoroso amor… Fue reina de la angelical Celica. Recuerda que tuvo una larga cabellera que le llegaba a la cintura y se peinaba con una larga trenza, en donde trenzaba sus días, sus noches, sus sueños y ensueños… Hoy su cabello es corto. Vive muchos años en Quito. Tiene el talento en sus manos. Es una mujer activamente activa, creativamente creativa.

Ella me comparte generosamente un video en donde baila con un gigante. Sí, es un gigante con enormes zancos que le toma de las manos, le da vueltas y parece que ella estuviera flotando. Ella baila con una elegante elegancia que asombra hasta a la misma sombra que la mira grata y sorprendidamente sorprendida.

Tiene amigas, sus compañeras, sus confidentes. A ellas les habla, aunque no les respondan. Sabe muy bien que la escuchan y las consiente; son sus consentidamente consentidas… Son sus plantas, sus rojas rosas, sus claveles blancos, sus orquídeas… Ella las riega con su risa, con sus palabras que se hacen vida. Ella se baña también con el perfume perfumado de sus rosas… Mi paisana florece con el sol que la abriga, con sus flores hermosas que le guiñan un ojo, con sus ramas, con sus tallos que la abrazan y hasta le sonríen. Ella misma es una rosa, la rosa mayor, la preferida del jardín terrenal y del paraíso.

Así es, mi paisana, del manto del cielo, Celica. El 10 de octubre cumplió años. No le pregunto cuántos años cumplió. No hace falta. Cada año que cumple lo celebra felizmente feliz. Que cumpla muchos años más tomada de las manos de Dios y de sus rojas rosas que le hacen risueña y eterna compañía.


Diego Alejandro Gallegos Rojas (Loja-Ecuador). Ensayista y escritor. Máster en Derechos Fundamentales, Universidad Carlos III Madrid, España. Especialista Superior en Derechos Humanos Instructor de Desarrollo Humano, Mozambique, África. Observador Internacional de Derechos Humanos como Acompañante Ecuménico en Palestina e Israel. Como escritor ha publicado el libro de cuentos La orgía de los gusanos (2017).


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3Dtcln8

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