“La nave de los locos” de Cristina Peri Rosi | René Espinosa C.

Por René Espinosa C.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

La nave de los locos de Cristina Peri Rosi es una novela de varios viajes que nos llevan a pensar los exilios y la condición de extranjero más allá de los desplazamientos reales. Los viajes, voluntarios o no, que convierten a los seres en permanentes extranjeros no siempre tienen que ver con el movimiento en el espacio físico, pueden ser viajes imaginarios, hacia los sueños y la memoria, o viajes hacia el interior de un yo que busca pensarse y comprenderse. La nave de los locos no es ya el barco en el que, en otras épocas, se expulsaban a los dementes de una sociedad, es toda forma de aislamiento en el que viven (o se ven obligados a vivir) todos los sujetos que se encuentran en estos viajes incesantes.

El narrador toma como personaje principal a Equis, un exiliado verdadero, que lleva cambiando de ciudades por más de nueve años.  El personaje sabe, sin embargo, que este hecho es solo una parte de todo aquello que lo convierte en un extraño. “Él siente que dentro del viaje, hay otro viaje”[1].  Equis se ha movido entre varios lugares, que no le gusta nombrar, pero también se mueve en libros, sueños y recuerdos.  Un tapiz incompleto de la Creación, que vio en la catedral de Gerona, le muestra un orden que permitió al hombre vivir integrado al universo. El protagonista busca crear su propio orden.  Su voz, que al parecer escuchamos directamente en el primer capítulo, dice que debe describir, distinguir, separar, pero su tarea es tal vez imposible ya que en su horizonte todo está mezclado, es gris, es una mancha.

Equis ha desarrollado pequeños gestos de orden que funcionan como anclas en medio de su movimiento constante. El narrador nos cuenta que en cada ciudad a la que el personaje llega, compra los mismos libros (ha leído todos los libros de viajes), y junta ciertos objetos que representan el azar, la desgracia o el olvido, cosas que se pierden o se encuentran durante cada travesía. En esta “dialéctica entre la perdida y la conquista”[2]  el camino de Equis se cruza con el de otros exiliados que, aunque no han sido expulsados de ninguna parte o que a pesar de encontrarse en su lugar de origen, no pueden integrarse a la vida, la sociedad o a los otros. Estos personajes se convertirán en sus amigos, cada uno envuelto en un viaje único. Los otros viajes que entran y se yuxtaponen dentro de la novela y la estructura que la autora propone para esta.

Gordon es extranjero porque vive en el recuerdo de un momento de belleza que no podrá repetir. Este personaje ha viajado luna y la imposibilidad de volver a ver el paisaje lo convierte en un exiliado del mundo. Vive inmóvil en el momento perdido, sus historias han dejado de ser interesantes para los curiosos. Ha sido olvidado, y separado por ese olvido. Morris, en cambio, ha decidido exiliarse voluntariamente. Él se ha separado de las ciudades, “El gran ombligo”, porque no está de acuerdo con el orden y las cosas que las sociedades imponen. Ha decidido vivir alejado, sin contacto con las personas, solo mantiene relación con seres que elige cuidadosamente. Este personaje, de hecho, no gusta de los viajes y tiene pánico a los barcos, los aviones, los taxis y otros medios que le posibilitan un movimiento real. En su aislamiento, Morris ha encontrado su universo en libros, estudios, colecciones y un número de hábitos complicados, pero no puede integrar este universo con el de los otros. El encuentro con Percival abrirá un camino de comunicación con otras vidas y sujetos, y será el inicio de una nueva jornada. 

Muchos otros personajes, como Graciela y Lucia, nos mostrarán diferentes formas de ser extranjero.  Si volvemos a la historia central, Equis nunca terminará su viaje puesto que el final de la novela es abierto, pero encontrará algo en Lucia que le permite unir sus sueños con la realidad, algo que establece un orden posible pero que no es estable ni único. Un orden que tal vez cambie un segundo después. Una parada en ese juego de distancias. Todos los viajes de La nave de los locos se juntan en uno solo. El viaje al interior del ser. Intentar ver el yo, el alma, nuestro universo particular es crear y vivir separaciones y alejamientos, tristeza y soledad. La búsqueda es la que nos hace extraños, extranjeros, desentrañados, intrusos, introducidos, y como opina Equis: nacemos a esta búsqueda.

Notas

[1] Cristina Peri Rosi, La nave de los locos, Barcelona: Seix Barral, 1995, pp. 13.

[2] Ibidem. pp. 27.


René Espinosa C. (Quito, 1988). Escritor y autor de los libros La última inocencia en 2011 y Lo que no existe en 2019. Magister en Estudios de la Cultura con mención en Literatura Hispanoamericana, en la Universidad Andina Simón Bolívar. Licenciado en Comunicación y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

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