“Crimen y castigo” de Dostoievski | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

¿Por qué se descubren tan fácilmente casi todos los crímenes y aparecen de modo manifiesto las huellas de casi todos los criminales? ¿Qué es el crimen? ¿Es locura? ¿Es enfermedad? ¿Qué es la culpa? ¿Todo crimen trae culpa? ¿Existen acaso, hombres extraordinarios, que pueden ejecutar los actos más violentos, sin sentir culpa o remordimiento? ¿Pueden los hombres conseguir algo sublime, poderoso y duradero sin cometer algún crimen en el camino? ¿Se necesitan entonces cierta superioridad moral para cometer pequeños crímenes en pos de un acto mayor, más grande, más elevado? ¿No fue Napoleón un héroe y un criminal? ¿Y también Alejandro Magno, Hernán Cortés, Julio César, Atahualpa, Carlo Magno, Pedro el Grande y muchos más? Para forjar el futuro de la humanidad, los incalculables éxitos de la ciencia y la tecnología, las grandes conquistas bélicas y militares, la estabilidad política y económica, se necesita hombres extraordinarios, capaces de cometer pequeños y medianos crímenes para alcanzar sus objetivos, personas sin culpa ni remordimiento, espíritus gigantes que, sin amilanarse, puedan robar y asesinar, golpear y ultrajar, condenar y ajusticiar a quienes merecen un castigo, por viles y pusilánimes. Este fue el pensamiento que acometió y atormentó a Rodion Romanovich Raskolnikov, el asesino más famoso de la literatura, en su cuchitril, después de renunciar a dictar clases y tomar estudios. Raskolnikov requería un atajo, se dijo, una vía rápida que lo saque de la pobreza y lo encamine a sus nobles propósitos. En realidad, buscaba un pretexto que lo conduzca a la práctica de sus teorías: según Raskolnikov la humanidad se divide en personas ordinarias y extraordinarias, las ordinarias son aquellas condenadas a repetir las costumbres y los valores de sus padres y su entorno; las extraordinarias, por el contrario, están por encima de la escala de valores convencionales, divisan otras fronteras entre y el bien y el mal. Raskolnikov quiso saberse extraordinario, cometió un doble asesinato, un crimen horroroso para probarse así mismo que estaba por encima de los códigos éticos y morales. Falló, enfermó, confesó, se entregó a la justicia y fue conducido a Siberia.

Crimen y Castigo, publicada en 1866 se convirtió en una de las obras más aclamadas, leídas e interpretadas de la literatura universal. La novela retrata el mundo interior, los estados de ánimo, la compleja psicología, el elevado espíritu y las miserias del alma de Raskolnikov, joven estudiante empobrecido, dotado con buena inteligencia, orgulloso, vanidoso y de carácter taciturno. Dostoievski crea mundos en donde poco importan los panoramas, los ambientes o los paisajes, la relevancia estriba en el carácter de los personajes, la mayoría de ellos retratos exagerados de los vicios humanos. Casi todos los personajes de Fiódor están chalados, psicóticos, obsesionados, razonan de manera patológica y/o habitan los intersticios más oscuros de la psique humana, aquellos lugares que conocemos y que tratamos de evitar. El crimen de Raskolnikov es el inicio trepidante de una trama repleta de giros argumentales, con diálogos entreverados, con hombres y mujeres que llevan al paroxismo la miseria, la humillación, el sufrimiento y el dolor. Sus creaciones caen enfermas, convierten en dolencias físicas los padecimientos mentales, febriles, su temperatura es un reflejo de su mundo interior enmarañado y abrumado: razón y sinrazón, conciencia e inconsciencia, sueño y realidad se confunden. Surgen entonces algunos de los paradigmas más potentes de fines del Siglo XIX e inicios del Siglo XX: el nihilismo del superhombre, la locura como una forma de razonamiento superior y el predominio de la inconsciencia. Dostoievski advierte, reflexiona, dilucida, amplía estos elementos en la literatura, como lo harán Nietzsche y Freud en la filosofía y psicología. De manera que Fiódor enlazó, sin querer, el pensamiento eslavo al pensamiento occidental en una obra maestra que debe ser encarada de forma crítica.

En efecto Dostoievski representó en su vida y en su obra una dualidad, una participación, un contrapunto caótico y enfermizo. Epiléptico, preso político, desterrado, reaccionario y espiritual a la par, llevó al panorama literario algunas de las contradicciones más importantes de su contexto histórico sociopolítico, la divergencia y el encuentro entre las ideas eslavas, dogmáticas, monárquicas, sensibles y ortodoxas, frente a la apertura al mundo occidental, materialista, liberal y sentimental. En ese sentido Fiódor fue el más occidental de los escritores rusos, influido por la narrativa fantástica, gótica y romántica, intentó crear historias y novelas en donde el pensamiento eslavo subvierta o imponga a las reglas, pero quedaron truncadas por sus propios personajes, tan idealistas y deformados, cercanos a la fantasía, inconsecuentes con el espíritu eslavo que pretendía visualizar. Surgió la ambigüedad, Dostoievski fue el escritor de la intersección, una bisectriz del mundo eslavo y occidental. Develó que la redención está signada por el sufrimiento, un mecanismo absoluto para la salvación del ánima. Intentó labrar un camino de trascendencia espiritual a través de la caída y la redención, el crimen y el castigo de Raskolnikov, un arrepentimiento que llegará muy tarde a pesar del empeño de su madre, de su hermana, de Sonia y de Dimitri, por otra parte, insufrible metiche. Para Raskolnikov el crimen no fue el homicidio, fue el no saber sobreponerse a la locura y a la enfermedad que el homicidio trae consigo.

Desde luego Crimen y Castigo tiene incontables análisis, pasando por el realismo, el psicologismo, el idealismo, la denuncia social, la definición de la locura. Considero vital recordar que Raskolnikov es un criminal, también un genio, un loco y un enfermo; pero, ante todo, es un homicida que merece castigo. Uno de los aciertos de Dostoievski es crear empatía en torno a un ser que razona de manera patológica, también consigue sumergir al lector en las aguas profundas de sus propios demonios internos, de manera que afloran las culpas y las fiebres, los propios pecados que deben purgarse. Más de uno exclamó: ¡Soy Raskolnikov! Sin embargo, ni Rodion Romanovich Raskolnikov ni los otros personajes de Dostoievski son un modelo por seguir. Tened cuidado, que nuestras exageraciones y obsesiones no nos lleven a los derroteros de la demencia.


Fernando Endara I. Comunicador social. Magíster en Investigación en Antropología por la FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por www.flacsoradio.ec

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