Jorge Velasco Mackenzie | Diego Alejandro Gallegos Rojas

Por Diego Alejandro Gallegos Rojas

El escritor Jorge Velasco Mackenzie (foto tomada del blog de la editorial Mar Abierto: https://bit.ly/3iJKFmk

Jorge llegaba cargado con su acento costeño, guayaco desde su amada Guayaquil hasta Quito para impartir el taller literario. Eran los jueves desde las 17:00h hasta las 19:00h, a veces se extendía más dependiendo de los escritos que entregaban los compas del taller. A veces, nos reuníamos en la planta baja del edificio de los espejos de la Casa de la Cultura, al fondo, para que no seamos interrumpidos los talleristas, o para que a propósito pasemos desapercibidos, como si estuviéramos escondiéndonos del escondite, de nuestras sombras o exorcizándonos del mal aire para que renazca la inspiración. Después me enteré que en esa oficina funciona la Sociedad Ecuatoriana de Escritores, S.E.D.E

El ejercicio de la escritura en el taller literario del maestro Jorge Velasco Mackenzie consistía en que el tallerista nos entregaba algunas copias de su texto que sería revisado por todos los asistentes. Luego leía. Y casi enseguida debíamos decir un resumen de la narración, lo que habíamos entendido. Cada escritor tiene su ritmo, sus pausas… En mi caso, necesitaba concentrarme más para entender la historia de los colegas del taller literario. Confieso que leía y releía varias veces los trabajos de los compañeros hasta que sea mi turno para opinar y lo hacía para entender muy bien lo creado, la construcción de los personajes, los diálogos, los monólogos, y otros detalles que aparecen al momento de narrar, de inventar, de recrear historias que lleven el sello único e inconfundible de los aprendices de escritor.

En cualquier lado se escribe, en cualquier lado se respira, se ama, se vive, se revive. Por eso, luego de salir del taller continuábamos embriagadamente embriagados de letras aspiradas, apuradas, inspiradas, trituradas en alguna cafetería de la avenida Amazonas cerca al parque El Ejido en Quito, mientras la muchedumbre tomaba el último bus para volver a sus hogares o hacia otros lugares.

Jorge con una seria seriedad opinaba sobre nuestros escritos literarios, porque escribir es un trabajo serio hasta sagrado, como si se hiciera un pacto con los dioses, con los arcángeles, y ángeles y hasta con las sombras, los demonios que nos habitan y deshabitan…

Las críticas de Jorge no eran puñaladas feroces a la yugular de los textos. No degollaba como un carnicero la piel de la historia hasta verla sangrar, agonizar, morir. No lo hacía así. La redimía, la salvaba, le daba vida. No toda la trama estaba perdida. Rescataba lo mejor de la historia para que el esfuerzo escrito por los talleristas no sea en vano. Siempre quedaba abierto a que los textos debían ser mejorados, corregidos si así lo deseábamos. Permitía que todos opinemos sobre nuestros textos. Y no estaba ahí para destruir al aprendiz de escritor.

Un maestro que conoce el oficio del andamio y condumio de la escritura, quien sin egoísmo desde su vasta experiencia nos alentaba a que cada escritor conozca el pulso, el corazón de la historia y así se vuelva imperfectamente perfecta, increíblemente creíble.

Así es Jorge Velasco Mackenzie, el maestro que no corta el vuelo de las letras desparramadas en la hoja vacía de los novatos escritores… El maestro que cree en la narración, en las vivencias, en la ficción, en la novela poética, en la imaginada imaginación, que cree en el trabajo de los talleristas, en las historias deformes, maduras, sufridas… como una forma de liberarnos de una libertad liberadora, que es la señora Literatura-Escritura.

Y ahí está él emitiendo sus acertados comentarios, curtiendo las letras, preparándonos el terreno a la crítica, para confrontarnos con nuestros textos, de que no están acabados, que hay ciertos detalles para pulir, para que la obra se defienda por sí misma ni siquiera por las opiniones de los autores. Entonces, es ahí cuando el maestro puede darse por satisfecho de que su guía ha dado los frutos soñados, deseados, realizados…

Jorge Velasco es un motivador de nuevos talentos, de nuevos escritores, que se forman desde la individualidad, que atrapa autores, historias, que sirven como inspiración y hasta de admiración y al final cada tallerista va al encuentro de la imperfecta perfección de su estilo literario. 

Tengo muy claro, que no se enseña a escribir ni se hace escritor en los talleres literarios. De hecho, algunos talleristas abandonaron sus escritos y no regresaron jamás al taller porque equivocadamente pensaron que en los talleres literarios se enseña a escribir. Esa eterna enseñanza se lo consigue a través de largas y gratificantes lecturas… Se lo logra con vocación, pasión y hasta doloroso dolor… O a lo mejor los talleristas regresaron con más bríos para corregir lo corregido, lo incorregiblemente corregible. O tomaron su propio vuelo, su propio cielo, su propio respiro literario. Y nos hicimos de mármol, de tierra, de sudor, de sol… Algunos con los años a nuestra manera publicamos nuestros vejestorios, nuestros libros liberados por el amor a la bella señora Escritura-Literatura. 

De mi parte, me ausenté del país en búsqueda de nuevas y otras historias. Y supe que Jorge ya no estaba impartiendo el taller literario. Lo último que supe del maestro Velasco Mackenzie es que desea con otros de sus colegas dirigir la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas. Supe también una triste noticia por las redes sociales que el escritor y amigo Jorge había sufrido un infarto cerebral y que lo han internado de urgencia en el hospital Teodoro Maldonado del Seguro de Guayaquil. Tengo la esperanzadora esperanza de que cuando todo pase pueda el maestro leer lo que le he escrito…

Ayer, jueves 23 de septiembre, 2021 a través de un mensaje reenviado a mi WhatsApp me enteré que una de sus hijas escribió “con un inmenso dolor en el alma” que el maestro Jorge Velasco Mackenzie lo están “llevando de nuevo al IESS pero si lo mandan a casa es para sus últimos días”. ¡No puede ser! Jorge se no está yendo hacia la otra vida, allá donde se respira pacífica paz, armoniosa armonía… Compartí el mensaje con algunos compas que formamos parte del taller de Literatura impartido en algún momento por Jorge.

Hoy, viernes 24 de septiembre, 2021, en horas de la mañana, ha muerto el maestro, el escritor, el amigo: Jorge Velasco Mackenzie. ¡Qué tristeza!, ¡Qué dolor! ¡Es mentira!, que no sea verdad, me digo. Ya no leerá lo que le he escrito. ¡Jorge no ha muerto! Él vive como vive la vida, porque los maestros como él nunca mueren traspasan la inmortalidad, viven infinitamente en la eterna eternidad.

Hasta siempre maestro y amigo de las letras: Jorge Velasco Mackenzie, hasta reencontrarnos en otro taller literario inspiradamente inspirado por la luz del infinito.


Diego Alejandro Gallegos Rojas (Loja-Ecuador). Ensayista y escritor. Máster en Derechos Fundamentales, Universidad Carlos III Madrid, España. Especialista Superior en Derechos Humanos Instructor de Desarrollo Humano, Mozambique, África. Observador Internacional de Derechos Humanos como Acompañante Ecuménico en Palestina e Israel. Como escritor ha publicado el libro de cuentos La orgía de los gusanos (2017).

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