“El muro de las lágrimas”: los cuentos de Moreno Heredia | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

El muro de las lágrimas es el título que los herederos del literato cuencano Eugenio Moreno Heredia (1925-1997) han escogido para reunir siete cuentos que escribiera entre las décadas de 1960 y 1970. Se trata, en efecto, de un volumen compilado por Susana Moreno Ortiz, publicado en 2005 por la Dirección Municipal de Educación y Cultura de la Ilustre Municipalidad de Cuenca y la Fundación Eugenio Moreno Heredia. El libro de factura casi artesanal, aunque tiene algunos problemas de edición, se constituye en un documento que permite reconocer la trayectoria del cuentista, acaso arrinconado por la literatura ecuatoriana.

Moreno Heredia es quizá más recordado por su poesía. Pero aparte de su amplia obra en este contexto, él también exploró la ficción, la prosa y la crítica literaria. Aparte de desempeñarse como profesor universitario, formó parte del grupo literario Elan e incluido en La Madrugada. Su profesión, sin embargo, era distinta a la de literato: se formó como jurista; esto, más su rol como educador, cuando ejercía el cargo de secretario de la Dirección de Educación, le permitió cultivar una mirada singular, la de un observador sobrecogido, sobre la realidad nacional. Producto de ello son precisamente los cuentos, los cuales, según la compiladora Susana Moreno Ortiz, fueron publicados en forma desperdigada en páginas de revistas y periódicos locales, cuentos, por otro lado, que tienen una impronta realista sobre paisajes y personajes que ahora parecieran fuera de este mundo.

El muro de las lágrimas contiene, aparte de siete cuentos, una “Presentación” del recientemente fallecido escritor Eliécer Cárdenas y un breve estudio, “El poeta y la narración” de Moreno Ortiz. En ambos se pone de manifiesto el trabajo de Moreno Heredia, su visión poética, su trabajo como cultivador de la palabra, su particular acercamiento a la realidad de los pueblos y las vivencias de la gente más común. En cierto sentido, dado el paisaje rural o suburbano, el autor evita la nostalgia y más bien logra con sutileza extraer aspectos que posiblemente pueden pasar por desapercibidos.

Aunque el título del libro recoge el mismo del cuento que lo abre, “El muro de las lágrimas”, quizá, a mi gusto, el más logrado, el más potente por su significancia es “Una noche sin Dios”, además basado en un hecho real. Pero fuera de que estos y muchos de los cuentos sean en cierta medida reflejo de la realidad que Moreno Heredia vivió en sus recorridos por Ecuador, cabe indicar que, en rigor, se constata la presencia de un cuentista que sabe crear imágenes de mundos en los que la muerte, tema quizá central de El muro de las lágrimas, está siempre tocando las puertas incluso de manera fantástica.

Así, “El muro de las lágrimas”, el cuento de apertura tiene como escenario la Isla Isabela en Galápagos y la construcción de una prisión. Los que lo edifican son los propios prisioneros, acaso como pena impuesta a su propia condición y destino. El contraste lo hace un capitán que ordena y trata como si fueran animales de carga a los prisioneros, los cuales deben cumplir con su tarea sin poder escapar ni proferir insulto alguno. Entre el capitán y un recluso se establece más la tensión, no tanto por que este lo amenace, sino porque, pese a que salve de la muerte a su guardián, este quizá no le perdone ese hecho, el de morir por accidente. Pero el cuento va más allá, porque el narrador se hace presente recogiendo el testimonio de los colonos tras el cierre de la prisión; y lo más aterrador es justamente la presencia casi fantasmática del prisionero ejecutado por el odio de su guardián. Moreno Heredia, por lo tanto, nos saca de un relato que ya de por sí parece extraño, a una extrañeza mayor, característica interesante de los cuentos con visos fantásticos.

Sin embargo, mencioné, “Una noche sin Dios”, es un cuento más elaborado por su tono, por su atmósfera, por la construcción de sus personajes. Ya de entrada Cárdenas en su “Presentación” resalta a este cuento y nos anoticia que su trasfondo es un acontecimiento horroroso sucedido en la parroquia de Molleturo. Aunque este dato pese en la lectura del cuento, pronto nos salimos del hecho real para internarnos en un mundo de la serranía ecuatoriana donde existe soledad, frío y seres indómitos, especie de seres liminales. La situación es, de este modo, terrible y nos deja perplejos: se siente un aire de incertidumbre permanente toda vez que el pueblo y la región parecieran estar habitados por apenas sombras o por individuos a los que, de acuerdo con el narrador, solo se topan para tomarse unos tragos para pasar la noche y vencer la gélida atmósfera. Y en ese contexto está lo que todos saben, pero nadie se atreve a pronunciar: el destino de muerte sellado de una mujer que, acusada de bruja, en realidad una que denuncia al cura por apropiarse de sus tierras para beneficio propio, debe ser quemada en acto público. Aunque la historia muestre lo abyecto de la condición humana, Moreno Heredia lo cuenta de una manera donde lo extraño se sobrepone a la realidad cruda. ¿Una fiesta para sacrificar un ser humano? ¿La acusación de ser bruja y además “comunista” a una mujer que sabe que sus tierras, por herencia, le servirán para producir alimentos? ¿El imperio de la sinrazón que opera de forma demoníaca en todos los que bajan de las comarcas hasta volverlos acaso cosas del destino? Estas son ciertas preguntas que se pueden hacer cuando se lee el cuento porque este deja un sabor inquietante. Quizá esto mismo nos hace indicar que “Una noche sin Dios”, fuera del anclaje con alguna realidad, es un cuento fantástico logrado, posiblemente un ejemplo de la literatura de terror contemporáneo de lo más acabado, muy adelantado a lo que seguramente escritores jóvenes y otros están haciendo ahora, tratando de recuperar con justa razón al género.

El cuento “El mar y tres coronas” tiene algo de Moby Dick de Herman Melville; su escenario, el mar; sus personajes, unos pescadores; el encuentro y el desafío es con una tintorera o tiburón azul descomunal. La cuestión es saberla pescar a sabiendas que ella también es sagaz y puede destruir cualquier embarcación pesquera. El relato tiene dos partes, una que tiene que con los pescadores y, la otra, con el padre de algunos de los pescadores. Como los anteriores cuentos, la muerte no coquetea, sino que opera de manera silenciosa y hasta invisible; la cuestión es tratar de vencerla recordando, “reviviendo” a los que desaparecen con su manto. Vencer al animal marino es también vencer u horadar el manto de la muerte. Y eso es lo que hace el padre, ya viejo, al rescate de sus hijos absorbidos por el mar. Este cuento tiene un vuelo poético muy particular: Moreno Heredia nos hace imaginar el mar, el peligro, la quietud de la espera. Es lo mismo que en el anterior cuento: crea atmósfera, logra que saltemos de la realidad a la imaginación para toparnos con el horror sin presentirlo.

Y algo similar se nota en el cuento “El forastero”. ¿Historia de terror? ¿Historia de un fantasma? ¿Historia de un pueblo abandonado donde el último morador sale y se presenta como uno más de los pobladores desgraciados por su destino? Moreno Heredia nos pone en el lugar de un viajero que tiene que ir a un lugar, incluso para pernoctar. En su camino otro le cuenta la desgracia del pueblo al que quisiera ir. Cuando llega, es todo fantasmal, incluso la leyenda del hombre que causa su desgracia a quien cree imaginarlo. Muchos dirán, en este como en muchos cuentos del cuencano, hay aires de la tierra campesina; yo anotaría, además, que tales aires se presentan como distintos. Una vez que la tierra ha sido abandonada, los que vuelven a poblarlas son los espíritus.

“Cemento” es un cuento distinto. Su tono es trágico y su sentido implica tristeza. Acompañamos, vía narrador, a un hombre que quiere recoger los restos de su hijo abandonados en un camposanto. El problema es que los aires de la modernidad han ocupado el cementerio sembrando cemento, haciendo desaparecer las tumbas y cerrando para siempre quizá las voces de los muertos. Tal es así que no encuentra a su hijo y más bien, en su lugar, el hálito de la muerte. Es un cuento paradójico, contrapuntea en cierto sentido con los relatos de Juan Rulfo: pueblos perdidos y horadados por lo otro, por lo distinto, fantasmas que ya no son fantasmas, personaje que a la final conversa con el burro que le mira sin saber su destino.

En “La condecoración”, un cuento donde no hay un tiempo, sabemos que ha terminado la guerra y los sobrevivientes van al pueblo para ser condecorados por las autoridades. El personaje central, ciego, por su parte, espera reencontrarse con su antigua novia. Moreno Heredia pone en tensión la expectativa con la ceguera, el color de la fiesta con la oscuridad de los recuerdos. El cuento evoca muchas imágenes: soldados que retornan de la guerra, lo fortuito de los encuentros, el deseo –una parte del cuento, aunque breve, es poesía del encuentro– y la pérdida. Además, es un cuento que nos suspende como lectores en el tiempo, dejándonos allá. Interesante estrategia para construir elipsis imaginarias.

Finalmente “La confesión” es un cuento peculiar en dos sentidos: por un lado, se declara que un cura de pueblo convive con una mujer a la cual la ha seducido y la tiene como su cuidadora hasta cuando ya es viejo; por otro, este cura en realidad hizo su labor pastoral robando, atesorando dinero, quitando lo poco que tienen los campesinos para beneficio propio. Moreno Heredia en este cuento hace crítica; pone en entredicho la labor de ciertas autoridades, peor si son eclesiásticas. Y quizá este último aspecto es también lo que se nota en los otros cuentos donde las autoridades tienen secretos, son crueles, no tienen dignidad, faltan a su investidura, son ejemplos de lo antiético. Acá el sacerdote es uno más de la corruptela que enferma la vida de la gente humilde; eso lo leímos igualmente en el cuento comentado “Una noche sin Dios”. Al autor, entonces, no solo le interesa mostrar un mundo a veces fantástico, sino una realidad determinada por seres humanos que son la vergüenza de la propia humanidad. Digamos, de este modo, que hallamos a un escritor ecuatoriano que narra las sutilezas de la vida con una poética que a veces hiere. Lo fantástico puede ser una estrategia, a veces impensada, pero su resultado es sorprendente en El muro de las lágrimas.


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Doctor en Literatura Latinoamericana por la UASB-Ec. Magíster en Estudios de la Cultura por la UASB-Ec. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Profesor de la UASB-Ec. Escritor de artículos científicos en diversas revistas ecuatorianas e internacionales. Columnista de El Telégrafo (Ecuador), Suridea (Ecuador) y Amazing Stories (EE.UU.). Autor (entre otros) de: Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk, 2000); Cartografías de la comunicación (2002); Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004); Imaginando a Verne (2018); Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018), Imaginaciones científico-tecnológico letradas (2019) y Historias desde el futuro: ciencia ficción andina como antropología especulativa (2021). Capítulos de libros, entre otros: “El monstruo es del sur: más allá de la biopolítica” en Marginalia III, relecturas del canon literario (Carlos Alberto Castrillón y Juan Manuel Acevedo, comps., 2013); “YouTube y el documentalismo global: ecuatorianos en el proyecto Life in a Day” en El documental en la era de la complejidad (Christian León, ed., 2014); “Ciencia ficción ecuatoriana: las exploraciones del futuro de las nuevas generaciones” en El pez solo puede salvarse en el relámpago (Augusto Rodríguez, comp., 2020); “Análisis del discurso de lo político: notas para una metodología aplicada a Twitter” en Comunicación Política: Debates, estrategias y modelos emergentes (Sergio Rivera Magos y Bruno Carriço Reis, eds., México, 2020); “La ciencia ficción ecuatoriana (1839-1948)” en Historia de la ciencia ficción latinoamericana I. Desde los orígenes hasta la modernidad (Teresa López-Pellisa y Silvia G. Kurlat Ares, eds., España, 2020); “Political Dimension of Latin American Science Fiction” en Peter Lang Companion to Latin American Science Fiction (Silvia G. Kurlat Ares y Ezequiel De Rosso, eds. USA, 2021).

4 comentarios en ““El muro de las lágrimas”: los cuentos de Moreno Heredia | Iván Rodrigo Mendizábal

  1. Me parece interesante lo que se aborda del aspecto fantástico, presente en los cuentos de Eugenio Moreno Heredia, «el muro de las lágrinas». Pienso que cuentos como «El Forastero» pueden constar en cualquier antologia del género, sobre lo fantástico; concuerdo que «uba noche sin Dios», es el texto mas significativo del volumen, destacando «El mar y tres coronas», que me recuerda a la natracion de Hemingway.
    Añado que, Eugenio Moreno Heredia fue del Elan y pir agrupación generacional incluido en Madrugada pero no perteneció al grupo de lis Tzantzicos.

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  2. Me parece interesante lo que se aborda sobre el aspecto fantástico de los cuentos de Eugenio Moreno Heredia, de «El muro de las lágrimas». Cuentos como ‘El Foratero» pienso que pueden constar en las antologías más exigentes del género, que aborden lo fantástico; concuerdo que «Una noche sin Dios» es el cuento más representativo; «El mar y tres coronas» destaca con su personaje que recuerda a la narración de Hemingway.
    Añado que Eugenio Moreno Heredia perteneció al grupo Elan, y que por agrupación generacional fue incluido en Madrugada, pero no perteneció a los Tzántzicos.

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