Cortina de mamás | Ilonka Guerra

Por Ilonka Guerra

Desde hace unos días mi vida se resume en turnos, en salas. Hoy lo hice mejor que ayer, el ritual está explicado por una enfermera y por si se me vaya a olvidar está en la pared, en un cartel con dibujitos:

Paso 1: colocarse el gorro, si eres nueva te dan uno, ese debe servirte para todas las visitas.

Paso 2: lavado de manos hasta los codos, el agua está calientita, me pregunto cuánto jabón se gastará aquí.

Paso 3: gel, un dispensador enorme, como un extintor de incendios.

Paso 4: bata, maldigo mi metro cincuenta porque las batas están en un armario alto, son color lavanda gastado, como pétalos de flor.

Paso 5: revisar tu nombre en la cartelera. Guerra Espinoza (que afán tienen con la z) sigues en cuidados intermedios.

Paso 6: más gel, no se para que más si aún no se ha terminado de secar el del paso 3.

Todo se hace a una velocidad de rayo, en silencio. Con la mirada concentrada en cumplir el paso que toca.

Me froto las manos y camino a tu cajita de cristal.

Duermes.

Hoy les gané a las otras mamás, ya dentro de la sala son las 08:00. Es la primera vez que no hago fila para entrar.

Estamos tu, yo, y dos amiguitos. Los miro mientras acaricio tu nariz. El uno tiene una cajita de cristal igual a la tuya, el otro tiene una cajita con tapa, le salen cables por la boquita, por el piecito, por el bracito. En tamaño es mucho más pequeñito que tú.

Te levanto y te apego a mi pecho.

—Hola mi niño Nariz de Andrómeda —te digo al oído.

Lo demás no importa, me bajo la mascarilla y aspiro de tu cuello, calientito, el Pez olía distinto, ahora huele a apuro, a qué me da pánico que entren y me vean sin mascarilla.

En este mundo soy La Mamá Del Niñito Guerra.

Las otras mamás llegan poco a poco, son mucho más jóvenes que yo, nos miramos tímidas, compañeras, silenciosas. Le digo a la más joven, hace cuánto diste a luz y ella me dice que el martes y le digo que como hizo para estar delgada y me dice que la suegra le faja las noches. La otra mamá nos mira, aún no se que decirle. Su bebé tiene cables, el mío no.

—Buenos días mamitas —dice la enfermera con una sonrisa—. Ya mismo pasa la licen para el aseo de las cunas ¿De acuerdo?.

Yo ya te tenía en brazos. Llega la Licen y cambia tu franelita, es de animales y tiene bordado el logotipo del hospital. La franelita que te abriga las noches quisiera olerla, pero se que se vería patético.

La mamá joven puede alzar a su bebé también, limpian la cajita del bebé. A pesar de que cada una esté en lo suyo nos seguimos mirando al disimulo.

Le toca el turno al bebé de los cables. Se acerca la licenciada a esa mamá que lo mira a través del cristal. Mira para ambos lados, cuando está segura de que no está la enfermera cerca le susurra al oído: —mamita… ¿quiere cargar a su bebé?

Por más que busque el adjetivo, la forma, la metáfora, el símil, estoy segura que jamás podré describir la mirada de esa mamá, nunca. La licenciada y ella saben que están a punto de romper las reglas. Nosotras, las de los bebés en brazos giramos la cabeza a la puerta y sin hablar nos paramos en el dintel, como para tapar las balas.

La enfermera saca con tanto cuidado a ese bebé, fragilidad, la vida agarrándose de un hilo. La mamá lo apega a su pecho y empiezan a rodar por su cara las lágrimas de amor más enormes que he visto en toda mi vida. Se mece, se mueven juntos, como bailando un vals infinito.

Te abrazo con más fuerza, bailamos sin música tu y yo también. Miro a la mujer joven y a su bebito. Compartimos el silencio, la pureza, las ganas de proteger a esa otra mujer, de arrancarle segundos a los minutos. Una sensación de adrenalina, de querer que la licenciada cambie rápido la franela para que no las descubran y a su vez que se demore, que le dejé disfrutar a esa mamá y a ese bebé de sus primeros olores, sus primeros susurros.

Música silenciosa.

La labor se termina, la licenciada toma con cuidado al bebé y lo devuelve a su mundo de aire estéril.

La mamá se seca las lágrimas. Nos mira, no puedo saber si sonríe porque todas tenemos mascarillas puestas. La mamá joven y yo nos alejamos del dintel, nuestro corazón celebra en silencio su triunfo.


Ilonka Guerra. Nacida allá por el gobierno de Hurtado, por las mañanas trabajo para el gobierno, por las tardes soy mamá y todo el tiempo, entre una cosa y otra soy adicta a los clubes de lectura y al olor de los libros viejos. Mi alma tiene un poquito de Molly Bloom y otro poquito de la señora Dalloway. Así vivo mi vida: pecera y feliz.


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3mvV5aw

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