“Historia sucia de Guayaquil” de Santana | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

“Esta ciudad es una mierda”. No por su hermosa gente color claroscuro atardecer, ni por su aroma ni su clima de primavera ecuatorial, ni por el candor de sus calles o el salado del estero, ni por sus leyendas o sus cuentos costumbristas de los cinco como un puño, tampoco por su efervescencia, su sazón o su algarabía; es una mierda por ser la más desigual de todas, la perla de Pacífico y de la degradación. Inhóspito recinto de la muerte, donde los cuerpos caen fulminados por verdugos invisibles que despiadados, pululan con avaricia alrededor de los que menos protegidos están. Ciudad abandonada al desvarío de sus caudillos y caudillas, que incrédulos, míseros y torpes, observan indolentes a su pueblo fenecer de hambre, de caos, de violencia, de terror, en pandemia o no. Un brote contagioso extiende sus tentáculos en un sitio de miseria, donde vendada la justicia se escabulló cobarde a orillas del río, a forjar su propio mundo irrespetuoso en su pendenciero San Bo Ron D O N. La tristeza inunda los corazones de los hombres y mujeres que ven caer todo a su alrededor, sistemas sanitarios y funerarios desbordados, cuerpos abandonados por doquier, solo queda un abismo infranqueable bajo sus pies. Estamos en emergencia, dolidos, indignados, encerrados. Dedico esta publicación a Guayaquil, ciudad fraterna donde viví hace una década, abrazo mis recuerdos, a mis amigos y amigas, sufrimos con ustedes, los ayudaremos a levantarse, a retornar mágica y poderosa; porque el puerto que soportó conquistas, piratas y saqueos, que resistió las cruces sobre el agua, a los Bucaram, y a los socialcristianos, que recalcitrante goza la vida como ninguna, volverá a florecer, más bella que nunca.

¿Historia sucia de Guayaquil es una novela? ¿O un compendio de cuentos y un mapa literario de Francisco Santana? Narrativa de realismo sucio que se arrastra por los recovecos del estero recogiendo personajes y cuentos envueltos en volutas de mariguana, con aliento a sexo y a licor. Santana dedica su obra al maestro Pedro Juan Gutiérrez, relata como en un anecdotario en primera persona, las experiencias derroteras y deliciosas de un melómano borracho de la urbe porteña, que, bajo el cielo embustero litoral, persigue vulvas como sueños y pesadillas de una vida que se va. En cada capítulo un relato, una mujer por devorar o una existencia solitaria para acompañar, textos que envuelve en llanto, en impotencia y/o en lubricidad. Santana recorre vericuetos callejeros como pieles, reparte ¿amor? con desespero entre copas y caladas, aferrado al sexo porque es lo único real, porque no existe la familia, ni el trabajo, ni la justicia, ni el bienestar, ni la moral, ni el pudor. La ciudad resuena impredecible para el caminante que, agudo observador, encuentra lo brutal y lo poético, lo más hondo y oculto, por ello mismo: lo más honesto.

Santana nos demuestra que Guayaquil está maldita, que la amas y la odias a la par. Aquí, como en Iquitos, la sangre arde; los cuerpos disputarán el néctar del placer, abrazados al abandono, al deleite fugaz del orgasmo como impulso vital. Santana es un escritor a lo Bukowski, que, sin ser autobiográfico, revela sin querer algunos retazos de sus propios recorridos, mientras denuncia las despiadadas estructurales sociales inequitativas que perpetúan la ignominia: un estero salado contaminado por basura, niños huérfanos a la pobreza, reductos marginales que posibilitan el esplendor de otras zonas: donde aquellos que nacieron privilegiados se quedarán hasta el final. Sin opciones ni futuro, el narrador se refugia epicúreo en Tim Maia, y que importa lo demás. Salud por Guayaquil y porque todos hemos tenido una noche guayaca de mierda, donde robados y desquiciados quedamos en la acera, bramando por una Pilsener, un porro o un polvo.

Guayaquil es el motor económico del Ekuador, en estos días se enfrenta con una de las mayores amenazas de su historia, las autoridades (locales, regionales y nacionales) se han mostrado incompetentes ante la crisis, la gente está muriéndose, y lo que es peor, apenas empieza el vendaval. Los medios callan cómplices, se eliminan y bloquean los videos de cadáveres en las redes virtuales para ocultar al mundo nuestra triste situación, se encarcela y persigue a quienes hacen pública la mortuoria demencial. No sabemos bien a qué atenernos, desde este espacio de lectura, DENUNCIAMOS AL MUNDO LA TRAGEDIA DE GUAYAQUIL, compartimos el dolor, “un dolor compartido es menos intenso” y auguramos mejores días para todos. Seguiremos leyendo (y reseñando) así sea el fin de nuestro mundo.


Fernando Endara I. Comunicador social. Magíster en Investigación en Antropología por la FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por www.flacsoradio.ec

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