El gran aguajal | Oswaldo Castro Aldaro

Por Oswaldo Castro Aldaro

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Perú)

Soleno sabe que su mujer tuvo pesadillas. El sueño inquieto y sollozos disimulados fueron manifestaciones de su inconsciente. Ambos todavía no aceptan la muerte de su hijo menor para calmar la furia del Huashe. El año pasado se resistieron a entregarlo y la turba enardecida casi incendió su choza para capturarlo. El sacrificio del niño fue la ofrenda que evitó que el río se desbordara y ahogara el caserío. Habían participado de ceremonias anteriores, pero cuando su pequeño fue elegido, opusieron resistencia e incluso Soleno estuvo a punto de morir a machetazos. Salvó la vida por ser ahijado de Nicono. El líder de la comunidad le perdonó la osadía de desafiar al gran aguajal y lo marginó a vivir en los límites del poblado. En otros tiempos le hubieran ajusticiado la descendencia hasta borrar su simiente de la faz de Huasangano.

Nicono se dirige hacia el gran aguajal. Es el único que puede acercarse e inspeccionar las raíces de los dioses de sus creencias. Para llegar ahí desafiará la furia de la palizada y maniobrará la frágil piragua para sortear los fantasmas transparentes, no escuchar el llamado de las sirenas de los recodos y mirar al frente para no caer en el embrujo del ayaymama.

Para no ser visto por los chuyachaquis, los duendes secuestradores de humanos, el curaca se untará el cuerpo con el barro del gran aguajal y llegará ante el Huashe. El árbol es el gigante del gran aguajal, guardián eterno de la memoria y padre contemplativo de las desgracias de sus súbditos. La lluvia le pide permiso para bañar los dominios y sus tentáculos subacuáticos direccionan las crecidas de las aguas. Se estremece al ver la insignificancia del curaca y lo abraza para susurrarle el conocimiento de sus raíces. A cambio le pide la cuota de sacrificio para calmar al afluente que alimenta el caserío. Hace una década el anterior líder omitió la ceremonia y el poblado se inundó, perdiéndose propiedades, cultivos y lugareños. Nicono regresará con el anuncio y someterá a sus subordinados a la petición de los dioses.

Esta vez necesita dos elegidos: una niña y un adolescente. Tiene en mente a los probables escogidos. El consejo de notables se reunirá en la noche para deliberar y capturar a los niños. Al amanecer los padres acudirán donde él para dar su conformidad. La aceptación es un mero formalismo porque la decisión ya está tomada y no hay marcha atrás.

Los padres de la niña de cinco años la entregan resignados. El reclutamiento del adolescente es traumático y el hermano mayor muere al intentar impedir se lo lleven. Los acongojados padres pierden dos hijos en la noche más trágica de sus vidas.

La mañana despierta soleada y la selva bosteza con pereza. La comunidad, atrapada en el fondo de la espesura, no contactada por la civilización y seguidora de las costumbres que la rigen desde el origen de los tiempos, espera el mediodía para atestiguar el sacrificio al gran aguajal. Por generaciones entregó sus hijos y sobrevivió a los desastres naturales de la selva implacable.

Los únicos que quedan en el caserío son los padres de los niños elegidos. Permanecerán para enterrar los mechones de sus cabelleras y espantar al maligno de sus chacras.

Nicono lleva en su piragua a los niños adormecidos por el brebaje del curandero y tras de él una veintena de canoas lo sigue en procesión. Desde las orillas los tunches fosforescentes los saludan y dan la bienvenida a los futuros integrantes de la comparsa de los muertos. Vadean los rápidos, escapan del acecho de los bufeos negros y se tapan los oídos para no sucumbir al canto de las sirenas escondidas en la floresta. El chillido de los monos aulladores retumba en el horizonte verde y anuncia la presencia de los duendes que guiarán la comitiva. Arriban al gran aguajal y el Huashe se encabrita por la presencia de los chuyachaquis y una de sus ramas los espanta con el viento que produce. Las criaturas del averno corren despavoridas y se pierden en los laberintos de las riberas. El Huashe se impacienta por la demora y ordena silencio.

Nicono, ayudado por Soleno, desembarca a los niños. El brebaje que bebieron es tan potente que parecen muertos vivientes. Soleno sostiene a la niña y el curaca saca el machete del cinto y comienza a desollarla. La criatura no gime y las gotas de sangre caen al suelo. La sienta a un costado de la piragua y repite la operación con el adolescente. La piel de ambos se enrolla como la de la culebra y es enterrada al pie del Huashe. Embarcan a los desgraciados y los llevan navegando hacia un estanque de aguas tranquilas donde los dejan caer. En un par de minutos las pirañas empiezan a devorarlos y el agua transparente se tiñe de rojo. En menos de quince minutos flotan los esqueletos de las víctimas. El Huashe se sacude y sus poderosas raíces beben el agua ensangrentada. El inmenso árbol parece convulsionar y el éxtasis que alcanza se refleja en la agitación del gran aguajal.

Los pobladores de Huasangano observaron en silencio la ceremonia. Saben que el próximo año el Huashe puede reclamar uno de sus hijos. Por el momento el dios árbol les garantiza que el río discurrirá mansamente. Tienen la seguridad de buenas cosechas, de la firmeza de las casas en las riberas y de acostarse sin sobresaltos. Inician el retorno.

En la primera vuelta del cauce reaparecen los fantasmas transparentes danzando alegremente, los tunches fosforescentes les hacen adiós y el canto de las sirenas resuena melódicamente. Los chuyachaquis los observan desde las orillas y los bufeos rosados acompañan el regreso de los afortunados.

El Huashe ordena al cielo que se desplome en lágrimas por los niños sacrificados.


Oswaldo Jose Castro Aldaro. Piura, Perú. Médico-Cirujano. Administrador de Escribideces-Oswaldo Castro (Facebook), colaborador con Fantasmas extemporáneos (relatos cortos), Fantasmas trashumantes (mini relatos) y Fantasmas desubicados (micro relatos).  Publicaciones de cuentos y relatos en más de 50 portales, páginas web, columnas y revistas digitales peruanas y extranjeras. Menciones honrosas y premios literarios.


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3t7gKIQ

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s