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Por L. Miguel Aucatoma

El Otoño de las Naciones fue una ola revolucionaria que recorrió Europa central y oriental en el año de 1989, y estos eventos marcan fuertemente la caída del comunismo en Europa, y siendo que los modos que caracterizan a los fenómenos ondulatorios tienden a alcanzar el mayor espacio posible no es de extrañar que una primera consecuencia fuese la expansión de productos considerados símbolos del capitalismo que representaba Estados Unidos y de este modo marcar el punto de partida de una colonización global de estas marcas, eso no quiere decir que previo a estos eventos esos productos ya no fuesen conocidos en puntos estratégicos del mundo sino que aquí se despierta una vorágine ondulatoria que alcanzará cada rincón del mundo y desde luego eso fue visto como una muestra del triunfo de este nuevo concepto denominado globalización tras la Guerra Fría.

Contado de ese modo no es extraño que también esos ecos se escuchen en Latinoamérica y cause esos bien nombrados choques culturales e historias sobrarán para ilustrar los hechos, pero este escrito pretende unir varios sucesos así que partiré de un caso conocido en una nación de ese medio latinoamericano.

En octubre de 1997 se abría el primer restaurante en la capital de Ecuador de la franquicia de una de esas marcas que la mundialización empujó lejos de sus costas originarias, Mc Donald’s, un hecho que parecería trivial sino se hubiese implicado previamente en una serie de eventos que merecen recordación, lejos de detalles que bien pueden ocupar muchos estudios de mercado o incluso legales, la aparición de esa marca/negocio en un sitio como Ecuador invita a reflexionar acerca del sentido que puede tener ser un impostor.

No importa si antes o después de muchos eventos mundiales, los sitos periféricos a pesar de ser secundarios, simples espectadores o proveedores generan en sus gentes necesidades que los llevan a explorar o sentir de primera mano la vida en esos países protagonistas y es así como se mantienen movimientos migratorios, con medidas de intensidad variable, pero con un componente de permanencia porque esas insuficiencias son variadas en estos pueblos.

Fue así como una migrante de Ecuador debió hallarse en algunos de los años de la especialísima década de los 60 en Estados Unidos, y debió presenciar cómo había un continuo flujo de ideas en marcha, de todas ellas debió tomar nota, en algún momento debió escoger y dirigir su atención a la más sensata o la más fácil de implementar, más tarde, el devenir de los hechos vitales le condujo al deber o deseo de regresar, estimo ya en los albores de los 70. Empapada como uno suele regresar luego de cualquier experiencia para decidir con algún grado de certeza levantar un negocio, cuya inspiración seguramente se basaba en el popular saber de “la comida siempre es una buena idea”. Pero hacer un restaurante no debió ser la única parte del plan sino hacer algo más completo, «copiar un método», esto es, levantar una cadena de restaurantes, pero si el tren del pensamiento la llevó al acto de copiar había que hacerlo antes que sea algo común, y de manera completa hasta llegar al punto de poner el mismo nombre de ese modelo exitoso: Mc Donald’s.

Considero que esos sucesos así narradas debieron nacer de la pura inocencia y ganas, al menos así quiero creerlos, porque ubicándose en esos años, los 70s quién pensaría que el mundo va a tener tantos cambios, eso de prever no nos resulta bien a los humanos, menos al ser latinoamericano, sino puede leerse todo aquello que implican los «cisnes negros», y lo dejo así para que sea el lector quien busque esas referencias y para no desviarme (tanto) de lo que pretendo contar.

Por eso en este punto no espero se juzgue tampoco la tosca palabra de «copiar», así tan libremente porque ya se verá que puede tener tantas connotaciones y tras variados embates de la “ola de globalización” nos llega tan adornada hasta la actualidad.

Y es que esa copia a aquella migrante le resultó como es de suponer en nuestras sociedades occidentales un muy extenso periplo legal, válido hacer notar la valentía para enfrentar así a ese “poder del mercado”, y que como se intuye debió terminar con el cierre de sus negocios y multas. Eso que apela al reconocimiento de marcas y derechos de autoría, estos problemas principalmente se desataron por el nombre, el poder del nombre.

Lastimosamente no hay fotos de archivo general que puedan darnos una idea de la apariencia de esos locales de Mc Donald’s a lo ecuatoriano, solo queda del destino comercial de aquella persona una muy escueta publicación web que no debió actualizarse y que conserva la lista de las ubicaciones de esos restaurantes y que debieron significar un muy preciado sueño en su época, esto contrasta con las imágenes de muy alta resolución multicolor que ilustran y promocionan muy bien esa marca mundial.

Imagen generada a partir de una captura sobre el site web de ecuadornegocios, © 2014–2021 EcuadorNegocios.
Fuente: https://ecuadornegocios.com/

El movimiento globalizador tuvo cambios posteriores a los eventos del “Otoño de las Naciones” y como buen proceso iniciado por los actores principales les dio prioridad, pero eso no significó que otros también hayan aprovechado las resonancias y lo adaptaran a su modo particular. A las culturas de Oriente les llegó, pero por su misma carga tradicional significó el golpe de la cresta contra el farallón de costumbres de milenios y el rebote que esto causó hizo que una segunda oleada nos llegase en forma de otro fenómeno. Este embate en una sociedad de ese Oriente Lejano, China en particular, tomó un matiz que de haberlo usado la migrante que hacíamos referencia muy posiblemente generaba una línea temporal diferente, pero este no es un mundo de los ¿Qué tal sí?.

Imagino que cuando los pueblos orientales recibieron «las buenas ideas» también pensaron inmediatamente en ponerlas en marcha en sus sociedades antes que los generadores de esas ideas planten su bandera de propiedad, pero ahí parecería que se cuidaron de no meterse en tantos líos y decidieron «hacer lo mismo pero de manera diferente» y esto es una parte de eso que se llama «Shanzhai (山寨)», un concepto que es muy extenso de explicar y del cual hay un estudio muy preciso que le pertenece a ese gran filósofo que es Byung Chul Han.

Es más que seguro que eso de no meterse en líos no era lo primero que se le vino a la cabeza a los emprendedores orientales, (volvamos a aquello de que no somos buenos previsores) pero lo que si ayuda es tener una estructura social preparada para aquello y en China eso sucedió. Para qué molestarse en ponerle Mc Donald’s a una cadena de comida rápida, si lo que necesito es capturar su esencia, “su espíritu”, en ese caso la aproximación WcDonald’s o McDnoald’s funciona muy bien, acordémonos de «La rzaón por la que tu cberreo pdeue leer etse txeto» esa capacidad extraordinaria ¿no es así? Si a eso le añadimos tonalidades de color similares o símbolos que se mimetizan fácilmente, pues tenemos componentes que garantizan la familiaridad.

Fachada de un restaurante con aspecto similar a Mc Donald’s en China, Crédito imagen: Desconocido según rastreo de http://metapicz.com
Fuente: http://exakta.blog65.fc2.com/blog-entry-543.html

Así lo que menciona Byung Chul Han en su ensayo cobra sentido: “la esencia (Wesen, ousia) es lo que es permanente, subyacente a todo cambio y fugacidad como lo que permanece igual. La creencia en la inmutabilidad y la constancia sustantivas determina las ideas occidentales de subjetividad moral y objetividad normativa. En cambio, la filosofía china es deconstructivista desde el principio, en la medida en que rompe radicalmente con el Ser y la esencia”. Esto se complementa más adelante indicando: “El pensamiento chino es pragmático en un sentido específico. No rastrea la esencia ni el origen, sino más bien las constelaciones cambiantes de cosas (pragmata). Se trata de reconocer el curso cambiante de las cosas, correlacionarlo situacionalmente y obtener beneficios de él.” Es en base a este pensamiento que ese gran frente revolucionario que supone la globalización se vio afectado.

Sucede algo con cualquier tipo de ondas, en ciertas ocasiones llegan a reforzarse, y este hecho de adaptación hizo que pase de la tradición, al encuentro y luego al enfrentamiento, el hecho de capturar la esencia y generar espacios ligeramente similares hizo que sirva también como actos de resistencia, o incluso de parodia, porque se puede perseguir lo que pretende ser exactamente igual como pasó con el nombre que uso la empresaria ecuatoriana, pero entra en terreno ambiguo aquello que se queda en el «casi», más aun si esa esencia se captura y se la usa en otra cosa.

Ese reforzamiento de la ola necesariamente debía anegar las partes del mundo, el vaivén incesante regresó entonces a Latinoamérica y el primer movimiento post Guerra Fría que aumentó las expectativas de bienestar y generó aspiraciones de cientos de personas de ser parte de aquello, cambiaba con las condiciones de época porque la cantidad que ansían ese estado de mejora crece y lo volvía en algo poco accesible así que la opción era apreciar las copias primero abrazando el mismo germen de resistencia o parodia y luego permitiendo que el fenómeno del segundo embate crezca, llegando a un abuso del recurso.

Capturando la esencia para ser utilizada como mensaje atrayente en un negocio, Crédito imagen: Kawill Soluciones de Negocios Fuente: https://www.facebook.com/kawillnegocios/

Exprimir el recurso de imitación, posiblemente hace que pierda valor o se vuelva en acto cotidiano y en un proceso del tiempo, la inundación de imitaciones ya pierde ese carácter revelador/revolucionario. En la actualidad esa dualidad convive, muestra de aquello es como la mejor herramienta globalizadora, el Internet, da cuenta de galerías repletas de imitaciones, de productos, servicios o similares y mucho de aquello ya no tiene el espíritu de la corriente oriental, sino que se ha vuelto a adaptar.

Collage creado a partir de imágenes compartidas en twitter bajo la etiqueta #MastersOfFAKES Crédito imagen: Desconocido – Diversos Autores según rastreo de http://metapicz.com
Fuente: https://twitter.com/hashtag/MastersOfFAKES?src=hashtag_click

Para esto retomemos ese texto del filósofo y recordemos “Los chinos tienen dos conceptos diferentes de copia. Fangzhipin (仿 製品) son imitaciones donde la diferencia con el original es obvia. Se trata de pequeños modelos o copias que se pueden adquirir en la tienda de un museo, por ejemplo. El segundo concepto de copia es fuzhipin (複製品). Son reproducciones exactas del original que, para los chinos, tienen el mismo valor que el original. No tiene absolutamente ninguna connotación negativa.” Ese carácter revolucionario se basaba en el hecho que “[…la imitación es una] inversión total de la relación entre original y copia. O la diferencia entre original y copia desaparece por completo. En lugar de una diferencia entre original y copia, aparece una diferencia entre lo antiguo y lo nuevo. Incluso podríamos decir que la copia es más original que el original, o que la copia está más cerca del original que del original. Una reproducción lo devolvería, por así decirlo, a su «estado original», especialmente porque no está vinculado a un artista en particular.”

Ahora bien, ya siendo alcanzados por el impacto de los cambios aquí entra en juego la caracterización de los latinoamericanos donde “la interpretación ingeniosa” o “el querer ser algo y cuando se llega ya no se sabe para qué” o llamémoslo “aspiracionalidad”, hace que el consumo de esas imitaciones sea mayor que la generación interpretativa o generación productiva de las mismas (esto último ha ido cambiando), porque en el primer estadio, mostrado aquí con el ejemplo de la emprendedora ecuatoriana, donde se evidencia que el ser latinoamericano copia pero no le da importancia a lo que sucederá después, solo por querer ser el primero en lograrlo, o puesto como lo menciona el saber popular en modo muy coloquial «no ha de pasar nada»; Y pasando al segundo nivel, se usa las copias “para parecerse a alguien más” pero en ese proceso ser lo más ruidoso posible, evitando la contemplación.

Para ilustrar lo último, recurrir a la novela de Santiago Gamboa, colombiano, es un muy valioso puesto que el mismo título hace referencia a esa condición de imitación o copia, “Los impostores”, en el que, lejos de desentrañar una trama de intriga que casualmente se desarrolla en Pekín, merece una mirada que se acopla a los conceptos aquí desarrollados y muy acorde por la presencia de ese sentido aspiracional en dos figuras claves, un peruano que sueña con ser Premio Nobel y que apenas si es considerado en el mundo literario pero con elevadas dosis de ingenio para aplastar a sus rivales y el otro, un bogotano que decidió migrar por su cuenta que recibe siempre sendos recordatorios de su condición pero se conforma para seguir aparentando su posición bien ganada, su aspiración cumplida y que tampoco llega a concretar su condición de escritor.

Así es como adaptamos los embates de la globalización los latinoamericanos y el «Shanzhai (山寨)», no es ese concepto que maneja la sociedad a través de leyes milenarias, copias de distintos niveles o imitaciones que capturan el espíritu, sino que se convierte en el medio para cumplir los sueños a base de parecernos a todos menos a nosotros mismos.

Al menos Gamboa termina su novela con un guiño excelente que hace tributo a esa característica del «Shanzai» y dejaría conformes a los orientales en el modo en que resuelve las cosas porque ellos reciben lo que esperaban y las conspiraciones cesan, pero no así el radiodifusor casi escritor que se queda esperando un amor, de una casada embustera, esperando, esperando reinterpretando ingeniosamente aquello que tuvo que pasar.

Tras varios recorridos, espero haber insertado el sentido de ese multinivel de las copias o la imitación, como se pretendió al inicio. A esta altura, siento el mismo fantasma del epilogo de la novela referida, pero ahora en forma de los locales de la emprendedora migrante ecuatoriana que muy hábilmente quería ser la primera en colocar un Mc Donald’s y que ahora tienen el estado de “Suspensión definitiva” al no poder ganarle a esa aplastante maquinaria multinacional y para finalizar copio a Gamboa, así como lo hice con Byung Chul Han, todo esto mientras una efigie de Obama ríe en su local de OFC chino, colocando, esos si, las correspondientes comillas, para evitar cometer los errores que se desatan y apelando al uso justo “Ya ustedes juzgarán qué es lo que merezco. Diré de paso que casi siempre ha sido así, y que tal vez por eso soy escribano. Me gusta copiar lo que otros relatan, soñar con dramas y episodios que, de haberme ocurrido, quizá me habrían hecho feliz, aun si éstos fueran tristes. Qué importa la tristeza. Es mejor que nada.”


L. Miguel Aucatoma (Quito, 31 de octubre de 1982). Ingeniero, inquieto lector, curioso de los caminos del escritor, recolector de manzanas, colocador de moquetas, profesor de instituto tecnológico, mal jugador de videojuegos, caminante, usa leña en la casa de sus padres, y en medida consiente del medio ambiente.

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