La ciudad era un delirio | James Martínez Torres

Por James Martínez Torres

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

En la parte inventada de nuestras vidas es donde está la verdadera belleza.

(Francis Scott Fitzgerald, cit. En La parte inventada, de Rodrigo Fresán)

Y salió dando un portazo. Caminó por la ciudadela donde vivía llegando justo para alcanzar el último bus al puerto. Era un salón profundo con pasajeros hastiados tomando cerveza bajo una luz azul, envejeciendo al son de la rockola que desgranaba luchas tristes, resentida. Paraba el bus cada dos cuadras, dejando (¡bajan primero!) y recogiendo pasajeros, una tertulia de parroquianos patanes peleando por precios, contando el cuento de la honra y el engaño.

Más adelante sube Fabiola, risueña y formal con su pasión de ojos desnudadores y como que se las sabe todas, prometiendo y huyendo a los asedios de Andrés N, en un juego interrumpido siete cuadras más adelante. Ahora llegan el Chivo, pintor de collages tremendos, paredes de caña con su rendija su calumnia impresa y ropa tendida en la ventana; la flaca teatrera con su malla negra y el poeta maldito con su mirada que desprecia al mundo. Se juntan con Andrés, piden dos, piden música a la calle: se organiza una orquesta de hojalata y cantan: es la selecta del vecindario con maraca timbal guitarra bongó, que se instala con sus guayaberas y hace coro a costa de una desordenada guaracha, tiple agudo de garganta lastimada metiendo mano en la canción, acertado contrapunto.

Frena brusco el bus ante un entierro solemne con crespones y coronas (un ilustre de la ciudad); suenan cristales, el espejo tras la barra del bar cabecea, reflejando el mundo: calles y lunas de azogue, mujeres locas al abordaje, manicuristas rumbo a cuartos de viejos solitarios, campesinos quedados del último carro, pernoctando en el parque central con la frente reseca y la camisa sucia de veneno. El salón rodante se atreve a circular por las zonas bajas del pueblo, donde el agua se empoza en los cuartos, anémicos reflejos y monte bravo. Roncan los motores, danza el humo lila de las mesas donde tropiezan los vasos y se prometen repartos o venganzas, chócala, esa es, le hacemos, dame esos cinco lavaplatos viejo. Sube un predicador, corta con un versículo sagrado la atmósfera de risas y frases de cantantes ofendidos: se calla el auditorio. Otra canción teje el ambiente, rescata las voces y el hombre se borra o se va. Bailan ahora en un rincón, florecen cuerpos, se abren y cierran las parejas en una melaza de contorsiones, los travestidos exhiben al danzar culebras o margaritas, afloran puñales por su cuenta, cruje el salón: es un bus bullente que circula por la ciudad sin control ni compromiso (las hordas del orden y las del crimen se han arrimado a beber en la vereda). Flota la nave central del lugar donde los parroquianos se agitan y ahora cantan a coro baladas colegiales. Rompen botellas, sube la Virgen del Cisne maquillada de aniversario, una comparsa funeraria trae sus instrumentos de viento (la tremolina de la lluvia azota el techo). No cantan. Solo se ponen a reír despacio por un chiste del más viejo, llegan gentes con canastos de verduras, libros, sube un Kindergarten y en esta nos bajamos dijo el poeta, temiendo ser bebido por ese sueño musical.

El Chivo pintor dona su mural de caña a la pared tras el bar de la cantina, la Flaca teatrera da un paso de ganso y dos volteretas de cheer leader, el poeta maldito agita su mano lánguida al público difuso bajo esa luz de orine que hace trizas el ambiente.

Al bajar a la vereda después de pagar la cuenta, Andrés N. descubre la piedra del orden, el terreno firme de un sueño que no cesa. Calles mojadas de reciente lluvia, niños o viejos durmiendo en portales bajo periódicos de ayer y una hermosa mujer muerta de frío espera, con medias de lentejuelas que multiplican la noche poblada de ventanas encendidas, donde la gente sigue despierta, celebrando.

(Fragmento de la novela inédita MÚSICA PARA VOCES Y SOMBRAS)


James Martínez Torres (Guayaquil, 1949). Magíster en Letras Universidad Andina “Simón Bolívar” – Quito, 1996. Docente Especialidad Lengua y Comunicación (Literaturas populares, Literatura Latinoamericana, Literatura Universal, Taller de Lectura), 2000- 2013 Universidad de Machala, Facultad de CC.SS. Director Revista la esquina y la orilla, Números 1, 2 y 3- Casa de la Cultura Núcleo de El Oro, 2002 – 2004. Columnista Revista Primera Plana, Machala, 2010-2013. Informe: “Poéticas del mal-decir: poder y supervivencia en los discursos urbanos de Machala” (tesis de Maestría en Letras), U. andina Simón Bolívar – Quito- 1995. Informe de investigación “Historia de los barrios de Machala y sus relaciones con el poder local” (recolección de Relatos orales)- Centro de Investigaciones Sociales – Facultad de CC.SS. (1999). OBRA PUBLICADA: La ciudad va por los cuerpos respirando (poesía) (Colección “Letras del Ecuador”, Casa de la Cultura Núcleo del Guayas, 1999). De cuerpos y aprendizajes: sexualidad temprana y salud reproductiva (co – autoría con Haydee Martínez) (Editorial Abya-Yala, 2002). Los planes del reino (poesía) (Colección La H(o)nda de David, Universidad de Cuenca, 2005). El deseo de durar (poesía) (Edición limitada, 2006, Machala). La palabra intrusa, (prosa de opinión y conferencias) (ED. Gobierno Provincial Autónomo de El Oro y Colegio de Sociólogos, 2008). De las voces de otros (ensayos) (Casa de la Cultura de El Oro, Colección Jambelí, 2011). Escrito en hueso (poesía) (Ediciones Rastro de la iguana, Guayaquil, 2015). Material de ruido (poesía), (Cadáver exquisito Ediciones, Guayaquil, 2019).


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3A37Leb

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