Thymele químico | L. Miguel Aucatoma

Por L. Miguel Aucatoma

Hay algunas palabras que son brillantemente evocadoras y al mismo tiempo imposibles de traducir por completo, la globalización ha logrado acercarnos muchos de esos vocablos, causando incluso que muchos lleven una carga emocional porque arrancarles esa magnificencia de su origen y su significado en un solo término es un ejercicio casi imposible, este hecho causa que, por ejemplo, «Tsundoku» llegue a definir/identificar a muchos lectores. Muchas de esas evocaciones en palabras que resumen hechos sucede en muchos idiomas, sin embargo el inglés puede que haya perdido ese recurso, la capacidad de emocionar con una simple palabra, porque fruto de sus muy variadas incursiones en los otros lenguajes ya fue más allá y es el causante de un aporte significativo de los términos técnicos más sonados y su convivencia o intromisión es muy evidente, y en ocasiones es dañino para otras lenguas porque en el hacer diario, estos reemplazos libres de términos no son esa reminiscencia que se pretende sino una especie de estandarización o hasta un apego malintencionado a esa lengua que se pretende universal, haciendo ver, erróneamente, como si esas substituciones hiciesen que lo que expresamos tenga más valor.

Sin embargo, el camino del lector en ocasiones tropieza con esos aciertos, esos descubrimientos o hallazgos afortunados, valiosos e inesperados que se producen de manera accidental, casual cuando se está buscando una cosa distinta y que en nuestro idioma se resume con esa única palaba «serendipia», que precisamente si cae en esas palabras que el inglés nos heredó fruto de un neologismo de un cuento persa y si pertenecería a esas palabras evocadoras a las que hacía referencia al inicio, nótese pues la valía de tales léxicos; entonces, decía que el camino del lector en ocasiones tropieza con esas serendipias para hallar más de esas maravillosas palabras-resumen, al mismo tiempo sirve como partida del derrotero a conocer más acerca de una particular obra, haciendo un breve proceso mental que en ocasiones nos llevará a un interesante laberinto.

La novela en cuestión tiene un curioso título (y también subtitulo) en el inglés original: Stone Junction – An alchemical poitboiler, el hecho de hallarse con un juego de palabras que no se explique por sí mismo o que carezca de referencias debió ser la razón por la que en una primera traducción al español en su publicación de 2007 recibió un nombre poco amigable: Introitus lapidis, esto a la vez debió llevar a que sea una de las causa de su baja recepción o difusión, puesto que poner un nombre en latín puede causar extremos de mucha curiosidad o de completa apatía.

Imagen de la primera versión en español, Ediciones Alpha Decay, S.A.; N.º 1 edición (1 octubre 2007). Crédito imagen Abebooks recuperada desde https://bit.ly/3httELH

Deteniéndose un momento a analizar el primer nuevo bautismo español del título, es bastante ingenioso, Introitus significa entrada, lo cual no es nada novedoso, pero Introitus es usado para designar una parte de la Santa Misa y los servicios resultantes de las iglesias anglicana y luterana. También es usada para la entrada de los retablos. Los nombres latinos de los domingos en el año de la iglesia se toman generalmente desde el principio del Introit respectivo (la apertura de la celebración litúrgica de la Eucaristía para muchas denominaciones cristianas). En la liturgia bizantina, los Evangelios son llevados al Introitus en pequeña entrada, y los sacrificios son llevados a lo largo de la entrada. Una alta carga religiosa se nota hasta aquí. Sin embargo, esa forma latinizada Introitus también se puede aplicar en anatomía, con el significado de una abertura o entrada hacia un canal o cavidad, como el introtus laryngis o la abertura superior de la laringe o el introtus vaginae, el orificio exterior de la vagina, así lo recoge el Tabers Cyclopedic Medical Dictionary.

Pero si se modifica un poco la terminación de la forma latina se llega a introibo que significa ir y esa variante está presente en la famosa frase de Buck Mulligan en la apertura (entrada) de ese grandioso libro ambientado en Dublín. En todo caso una entrada difiere de un cruce que es la traducción directa de Juction[1], aquí el primer hito en este estudio.

Por otro lado, lapidis es piedra (enseguida la relacionamos a lápida) y también es el esfuerzo del traductor de hacer referencia a la equivalencia idiomática de Stone. Pero si la mitad del título se tradujo al latín exactamente queda la duda: por qué el encargado de esta obra no pasó la parte de Junction a algo así como crux o crucis sino a algo tan dispar como Introitus-entrada.

Hallar el punto de congruencia de este análisis resulta en un acto mental interesante, porque hurgando un poco en la historia literaria, se hallará que la piedra de entrada[2] marcada con una cruz[3] corresponde al tabernáculo representado en el Códice Amiatinus, el cual es la versión más antigua de la Vulgata (traducción de la Biblia hebrea y griega al latín) y que data de alrededor del siglo VIII. Hallamos ahí en inicio (entrada) una representación esquemática del templo de Jerusalén en dos páginas completas[4]. «Este plano tiene la cruz y la palabra Introitus (entrada) de la puerta de acceso al Tabernáculo indicando que las paredes de la tienda y los límites del patio se ven desde el sureste, esto es, la parte inferior derecha del folio recto», esto nos hace notar Celia Chazelle en un ensayo[5], y es evidente si analizamos una captura de alta resolución. Cruce – Entrada – Piedra unidas en esta referencia, la Roca del Cruce, Stone Junction y al mismo tiempo Introitus lapidis.

Sección que muestra la cruz en rojo sobre la palabra de letras blancas en fondo negro: IN-TROI-TUS en la entrada del Tabernáculo, a la derecha el fuego y las palabras Altare Holocausti y a la izquierda el candelabro de 7 puntas. Crédito imagen Wikimedia Commons recuperada desde https://bit.ly/2UiEE6O

Entonces, el proceso de la primera versión en español de esta obra hace un recorrido de cultismo y parecería que se halla acorde a las intenciones del escritor original; en la reedición posterior de 2011 y posiblemente por esa sensación de rechazo del lector decidieron mantener el nombre original.

Imagen de la reedición en español, Ediciones Alpha Decay, S.A.; N.º 5 edición (2011). Crédito imagen Alpha Decay recuperada desde https://bit.ly/3wgz1mN

Pero algo pasaba en la primera versión, el subtítulo desapareció y solamente el texto de Introitus lapidis ocupaba la pasta del libro. Si hasta este punto nos hemos ocupado del título es momento de pasar a ese subtitulo porque es necesario regresar a esas palabras-resumen-evocadoras [6]. An alchemical poitboiler, bastante peculiar también y veamos por qué.

Potboiler no tiene un equivalente en español sin perder su sentido, la traducción literal sería olla hirviendo, pero eso no basta, no es suficiente porque como apreciamos en las secciones previas, tanto escritor como un traductor despierto debieron rendirse al grandioso juego literario, por eso es que, acudiendo al diccionario de Merriam-Webster, que es considerado[7] el diccionario estadounidense más confiable para palabras en inglés, y escogiendo ex profeso estadounidense, porque el autor de la obra cuyos títulos nos ocupan (y no se ha mencionado antes) es Jim Dodge, novelista y poeta de Santa Rosa, California, de este modo se tratará de comprender al menos en la distancia el contexto que resulte más adecuado.

Siendo así el ya nombrado Merriam-Webster, indica acerca del vocablo potboiler lo siguiente: «potboiler extrae su significado de lo que alguna vez fue el latido del corazón de la casa, el hogar (lumbre en las cocinas) y su olla hirviendo. En los días anteriores a las comodidades modernas, era esencial mantener un fuego dentro del hogar de una casa para el calor y las actividades domésticas. Para “hacer hervir la olla” o “mantener la olla hirviendo” para cocinar, se necesitaba combustible, y para adquirir combustible, normalmente se necesitaba un ingreso. Cuando las obras artísticas y literarias, especialmente las inferiores, se convirtieron en el medio para mantener la olla hirviendo en algunos hogares durante el siglo XIX, los literatos no tardaron en criticar esas obras como insignificantes ollas hirviendo (potboilers[8].

Importante mencionar lo anterior porque «una olla hirviendo alquímica» tiene una rápida memoria en el común y hubiese bastado con esta traducción, pero el interior de la edición en español de 2007 y la reedición de 2011 este subtítulo aparecía como «una epopeya alquímica» no atreviéndose de nuevo a una traslación literal de las palabras, supongo porque potboiler tiene ese contexto cercano a las obras literarias de baja calidad creadas para pagar las deudas que se usa así en inglés desde 1783[9] y que en este caso sería algo menor a una epopeya, talvez cercano a un pulp o una novela de “baja literatura”[10], y el reemplazo clama la atención sobre el particular y así da un sentido más amplio tanto para la ambición del autor como su uso astuto de múltiples significaciones.

Pero bien, el recorrido realizado acerca del conjunto Stone Junction, aun si llegase a ser una exageración de mi parte por despatarrarla tan cruelmente, no explica nada de la trama de la novela, es necesario indicar que no constituye una novela religiosa, médica o histórica per se. Sin embargo, considero es imprescindible hallar esas conexiones, posiblemente la habilidad literaria de alguno pueda llevar a buen término esta empresa de modo más eficiente de lo que aquí se discierne, porque no me ha sido posible hallar ningún documento en que relacione el título con el contenido a más de una referencia (escueta y poco fundada) a la famosa piedra filosofal y aquí entra en juego la alquimia que posiblemente si tiene que ver con el contenido de la novela, pero sucede que en inglés ese famoso fin/meta del alquimista se conoce como «philosopher’s stone», «philosophers’ stone» o «stone of the philosophers» o incluso en latín «lapis philosophorum» y nada recae en aquello de «cruce de piedra» o «entrada de piedra», tan solo la sección obvia, por eso insistí en desviar tanto el tren de mis pensamientos llegando hasta conexiones insospechadas.

Y es así como llega a tener gran valía el subtítulo de la obra, porque ahí si recae una referencia a esa característica alquímica de la piedra filosofal, o al menos al caldero u olla hirviendo del alquimista que es también un símbolo en ese universo y posiblemente el medio que permitía la consecución de ese artilugio[11]. Importante, sí, pero no completo, porque si nos quedamos ahí pensaríamos que la novela va de aquello que se ha pretendido explicar, pero no es tanto así, si se pasa de las primeras meditaciones de este artículo, nos enfrentaremos a una mezcla de fantasía y tragedia, con mucho componente de aprendizaje del personaje, unido a grupos paranoico/conspirativos de ladrones, forajidos y antihéroes, lo mismo que dramas. Y posiblemente toda esa recolección de hechos haya sido lo que Jim Dodge recogió en su aventura literaria para ganar algo con su trabajo de escritor y poner una olla hirviendo en la comunidad del condado de Sonoma en California donde decidió refugiarse, o simplemente, usó ese concepto de olla hirviendo y todos los componentes que le llegaron a su mente mezclándolos cual alquimista para lograr una obra que sería su propia versión de piedra filosofal.

Acaso la novela sea un reflejo de la misma vida del escritor, hecho que siempre es relevante y que puede causar acierto o confusión, pero la breve biografía de Jim Dodge refleja su paso por una y su variada ocupación en oficios de «recolector de manzanas, colocador de moquetas, profesor, jugador profesional, pastor de ovejas, leñador y restaurador del medio ambiente»[12] y esa diversidad de trabajos tiene inmediata conexión con Daniel Pearse protagonista de esa larga travesía (epopeya) que nos cuenta la novela y que del mismo modo se acomoda adecuadamente en el término de bildungsroman, otra de esas palabras-resumen-evocadoras que nos intercambiamos entre los lenguajes, aunque también puede ser una road novel pero aquí no cabe porque obviamente no entra a esa categoría de única palabra[13].

El autor puede parecer esquivo aunque tuvo una época de reconocimiento, de las motivaciones de ese título y subtítulo tan particular y apenas si se ha logrado rasguñar una obra que puede mantener ocupados a los expertos, por algo el también grandioso y muy evasivo Thomas Pynchon decidió hacer su introducción, dejando claro el mensaje de una gran complejidad que requiere más de una lectura y grados de erudición que bien vale la pena explorarlos, y aunque se carezca de esos componentes o talentos, bien puede disfrutarse como el mismo viaje del personaje, en ocasiones muy entretenido, hilarante, y hasta muy tedioso y muchas veces confuso.

Por eso será forzoso regresar en cavilaciones a disgregar cada parte de esta obra, porque solo al detenernos en su portada[14] ya nos enfrentamos a serios interrogantes, imaginarse el maravilloso trayecto que nos regala al abrir la página uno (entrada de nuevo) es también un acto de transformación, como se pretendía alcanzar con esos métodos alquímicos y esa tal vez sea otra interpretación.

Notas

[1] La mayúscula aquí porque hace referencia a la porción del título en inglés, esto se repetirá más adelante si aplica el mismo criterio

[2] Traducción literal de Introitus lapidis

[3] Iteración de pasar de Junction a cruce y luego a su símbolo cruz

[4] Ventajosamente la globalización y su herramienta más eficaz, el Internet, permite acceder a repositorios virtuales de estos maravillosos textos, el consultado se halla soportado por la Librería del Congreso con el soporte de la UNESCO y puede revisarse en https://www.wdl.org/es/item/20150/view/1/3/, al menos en esa versión, la imagen del citado Tabernáculo se halla en las primeras páginas.

[5] Chazelle, Celia. “Pintando La Voz De Dios: Wearmouth-Jarrow, Roma y La Miniatura Del Tabernáculo en el Códice Amiatinus”, 2009, Quintana. Revista de Estudos do Departamento de Historia da Arte, núm. 8, 2009, p.22.

[6] Desconozco si este tipo de palabras tienen una denominación, así que usaré el tren de palabras.

[7] La valía de uso se establece desde sus primeras ediciones de 1828.

[8] Consultado desde https://www.merriam-webster.com/dictionary/potboiler, diccionario oficial online introducido en 1996, donde Merriam-Webster presentó Merriam-Webster OnLine, un sitio web que ofrece funciones relacionadas con el idioma inglés, incluido el acceso al texto completo del Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary y Merriam-Webster’s Collegiate Thesaurus.

[9] Ídem, 8.

[10] El particular merecería su propia amplia discusión.

[11] Sin ir al detalle de esos conceptos, la piedra filosofal no solamente era un material u objeto que sirve supuestamente para una transformación de elementos en oro, sino que incluso llegaba a representar un concepto profundo de conocimiento, o posiblemente ese conocimiento era resultado directo de esa búsqueda en el tiempo científico inicial.

[12] En muchas biografías del autor va a encontrar que se hace referencia a los mismos oficios desempeñados por Jim Dodge incluso en el mismo orden.

[13] Eso no resta que la obra tenga ese componente o clasificación desde luego.

[14] ¿Puede esto considerarse juzgar el libro por la portada?


L. Miguel Aucatoma (Quito, 31 de octubre de 1982). Ingeniero, inquieto lector, curioso de los caminos del escritor, recolector de manzanas, colocador de moquetas, profesor de instituto tecnológico, mal jugador de videojuegos, caminante, usa leña en la casa de sus padres, y en medida consiente del medio ambiente.

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