Sueño de amor | Hipatia Cárdenas de Bustamante

Por Hipatia Cárdenas de Bustamante

(Publicado originalmente en revista América, Vol. X, Año X, Nos. 60-61, 2do. y 3er. trimestres de 1935, Quito, pp. 264-265)

Portada de la revista América de 1935.

Me echo a pensar que llevo un universo,

Para una sombra que me espera oculta;

Yazgo yerto al no verla ni entre sombras,

Y ciego a fuerza de no verla nunca.

-Alejandro Cárdenas.

¿Ilusión? ¿Sueño? ¿Realidad fugitiva? ¿Quién pudiera decirlo?…

Pero ella vio. Ella recuerda que en una tarde de abril, llena de encanto, tarde de claro-obscuros, en que el sol agonizaba en un esplendor de rey, y en el patio de grandes arcos la fuente de piedra lanzaba al espacio el chorro de agua que luego caía en lluvia de diamantes, ella vio, en la gran puerta del castillo moro que dejaba en penumbra el salón fastuoso, allí donde la gloria de la luz confinaba con el misterio de la sombra, ella vio la imagen de él que, tomando la pequeña mano, puso en el dedo el anillo que encadenaba sus dos almas; y en el silencio de las grandes emociones sonó un beso y en el anillo brillaron cinco diamantes como lágrimas fulgentes en la pálida mano. Y su ser fue absorbido en aquella imagen radiosa y en aquel instante, profundo como una eternidad.

Los días pasaron, todo se desvaneció como un sueño y ella quedó en la sombra para siempre. ¿Dónde estaba el amado? ¿Fue una ilusión, un sueño o una fugitiva realidad? Los cinco diamantes, empero, atestiguando estaban que el amado existió, y ella, sin comprender aquel olvido, aquella desaparición, sentada en la puerta, todas las tardes esperaba. ¡Vana espera! El patio de los grandes arcos no podía descifrar el enigma. Él ya nunca volvería.

En las noches, ya para ella siempre tristes, lloraba por aquello que juzgaba olvido o traición, pero nunca quitó de su mano el anillo que le recordaba su amor. Nunca volvería a ver aquellos ojos de tan dulce mirar, no volvería a oír aquella voz tan querida. Era la novia de una sombra, la desposada de un espíritu, de un recuerdo, de una ilusión. ¿Ido, muerto el amado? ¿Quién pudiera decirlo?…

Pero su alma joven, donde los estímulos vitales brotaban a porfía, entre las sombras del desengaño, no podía cerrarse a la vida que palpitaba y se agitaba en torno. El ansia de amor no podía quedar abrazada a la sombra, al vacío, a la nada mientras enjambres de seres, de cosas y de almas danzaban en el espacio y alentaban en el mundo del espíritu. La riqueza de vida que se derrama por cielos y tierra y se enciende en la infinidad de los universos pidiendo está amor, convidando está a la dicha de amar. Y ella, que parecía languidecer y morir sumergida en la tristeza infinita del desengaño, aprendió, ante las solicitaciones innumerables de la vida múltiple, que todo es amor y que todo lo reclama en la naturaleza y el universo, y en el mundo de los espíritus y de las almas. Y llegó a comprender y sentir que la grandeza y la sublimidad del amor no está en la unión de los cuerpos, sino en la conjunción espiritual que lo dignifica y lo corona de felicidad.

Amar la vida es amar la luz y el calor del sol, la pálida y fría claridad lunar, las miradas coquetas de las estrellas, las noches obscuras y tristes, el agua cristalina y mansa, la cascada bulliciosa y trágica, los abismos que atraen y estremecen, las llanuras inmensas que se pierden en el misterio de lo desconocido.

Amar es alegrar la vida de los desventurados con una sonrisa, con una mirada pródiga de cariño; amar es curar las heridas del corazón con frase llena de ternuras, aplacar el hambre y la sed de los espíritus que sufren.

Y ante la perspectiva inmensa de la belleza del universo, de la ansiedad de los corazones y la infinitud del dolor, esta muchacha noble y bella, vislumbró que no hay desengaños amorosos y que siempre es posible realizar su sueño de amor.


Hipatia Cárdenas de Bustamante (Quito, 1899-1972). Escritora, poeta, diplomática y librepensadora. Mujer notable, impulsora del feminismo ecuatoriano y del derecho al voto femenino. Fue presidenta de la Primera Asamblea de Periodistas y miembro de la Liga Internacional Americana Pro Paz, además presidenta del Comité Nacional Femenino González Suárez. Entre sus publicaciones están varios artículos –muchos de ellos firmados con el seudónimo de Aspacia–, cuentos y poemas en la revista América y periódicos nacionales, además del libro, Oro, rojo y azul (1944). En el contexto político se conoce su informe Qué debe hacer el Ecuador para librarse de las dictaduras (1939).

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