La patrulla del tiempo | Daniel Verón

Por Daniel Verón

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Argentina)

Por supuesto que la conquista del espacio no era todo para la Federación. El dirigirse a galaxias remotas, a hipercúmulos distantes o asomarse a los bordes del UL (Universo Local), equivalía solamente a mirar un instante la historia cósmica. Las flotas de la Federación podían dirigirse al lugar que fuera, estudiar y clasificar las formas de vida o diversos fenómenos físicos, pero tales datos poseían únicamente una validez pasajera. A nivel cósmico, el estado de una civilización, de una raza, de una cultura, observadas en un momento dado, no significaban nada. Eran apenas chispazos en medio del infinito. De modo que los caudillos de la Federación comprendieron que, para ejercer un verdadero poder que fuese casi eterno, era necesario también explorar el tiempo. Así es. Un mismo planeta, un sistema planetario, un sol o aún una galaxia, no eran en absoluto los mismos contemplados a lo largo de grandes períodos del tiempo.

Existían casos en donde unos pocos siglos bastaron, para ver el auge y caída de imponentes civilizaciones galácticas. Incluso ciertas formas de vida no dejaban ni siquiera el más mínimo rastra, luego de unos pocos millones de años. En realidad, el Universo experimentaba constantes cambios que solo podían ser apreciados desplazándose en el tiempo, y no necesariamente en el espacio. Desde luego que viajar en el tiempo constituía, a la vez, un viaje espacial, por la simple razón de que un mismo mundo o sistema planetario no ocupaban siempre el mismo lugar cósmico. Todo estaba en movimiento. Existía, ya de por sí, el movimiento de fuga de las galaxias y luego estaban los incontables movimientos giratorios que realizaban todos los astros, galaxias y cúmulos, como una gigantesca danza cósmica, que dependía de un conjunto de fuerzas, según la materia acumulada en uno u otra dirección.

No hay duda, entonces, que el viaje en el tiempo representaba un desafío mucho mayor que el simple viaje espacial. Era, acaso, la gran herramienta que ponía al hombre por encima del orden natural, permitiéndole ver, tanto el pasado como el futuro. Ahora bien; a la Federación, lo primero que le interesaba era ver cómo sucedían las cosas sin realizar ningún cambio en el programa original. Luego se habrían de plantear si debían hacerse modificaciones en el programa original o no. Además, Para eso era necesario conocer bien qué clase de consecuencias acarrearía cualquier cambio. Puntos para estudiar o resolver había muchos. Uno era conocer algo más sobre el surgimiento del MH (Medio Humano) en Altair y su intervención en el pasado humano terrestre. Algunos también deseaban estudiar mejor el pasado remoto de la Tierra, para dar una última palabra sobre si este mundo no era capaz, por sí mismo, de producir al hombre.

En cuanto al futuro, las dudas aún eran muchas. Con la fragmentación del UL en burbujas, se sospechaba que cada una seguiría una evolución diferente, así que era inimaginable lo que podía salir de allí. Para otros, el gran interrogante era si el hombre subsistía por sí mismo en el remoto futuro, o si lo obtenía simplemente por el dominio del tiempo. Dicho de otra manera: ¿el futuro era apto para el MH? Y, fuera de estos tópicos, existía un enorme interés por saber más sobre qué fue y qué sería de ciertas razas particularmente interesantes, de las miles descubiertas en el UL. En este rubro se inscribían, por ejemplo, los apkon, los tempos y muchas criaturas solitarias que habitaban diferentes lugares.

Lógicamente que, para supervisar semejante tarea, en una Asamblea Ecuménica fue ordenado el Supremo Starnack Midas, un hombre que estaba familiarizado con los viajes en el tiempo desde que el hombre solar comenzó a realizarlos. El estaría al frente de un Estado Mayor (EM) con diferentes niveles jerárquicos para distintas edades del Cosmos, en tanto que la flota exploradora propiamente dicha, sería llamada Patrulla del Tiempo, y sería liderada por un comandante. Este cargo equivalía al de almirante en la Flota Espacial. En realidad, la Federación estructuró de este modo un sistema, en donde la Patrulla del Tiempo equivalía a algo así como, un Ejército, en tanto que la Flota Espacial equivalía a la antigua Marina.

Demás está decir que Midas se rodeó de los mejores hombres en el área de la exploración temporal. Junto a los principales oficiales, nombró al hombre de Vega, Alsa-Inti, como director general del área científica. Recordamos que este había sido nada menos que el segundo de Thorklind, en los épicos viajes realizados por este comandante. Alsa-Inti era, incluso, uno de los mayores especialistas en el estudio de lo que solían ser llamadas, razas “competidoras” del hombre solar. En cuanto a las Edades Cósmicas, se decidió establecer tres grandes cuarteles generales en el Pasado, Presente y Futuro, a partir de los cuales serían supervisadas infinidad de otras épocas adyacentes. Estos tres cuarteles se ubicaban dentro de la Vía Láctea, en tanto que para las otras galaxias del GL (Grupo Local), existían algo así como delegaciones o destacamentos de menor jerarquía. Más allá del GL, se ubicarían otros destacamentos en lugares claves de los Hipercúmulos principales, y así, hasta casi los límites del Universo conocido.

Al pertenecer a la misma organización, la Federación, el Estado Mayor Temporal (EMT) y las flotas espaciales, trabajarían en conjunto. Cada puesto de una de ellas se estacionaría en lugares muy distantes, mientras que en regiones densamente pobladas se complementarían. La gran diferencia era, evidentemente, que la expansión de la Federación se debía a un proceso natural de exploración del Cosmos. El EMT, en cambio, iba a situarse en cientos de lugares ya conocidos. Para aquellos que simplemente se limitarían a un trabajo de supervisión, su vida no sería muy distinta a la de tantos oficiales de la Flota, que pasaban incontables años en mundos remotos. Por el contrario, la verdadera fuerza exploradora del EMT sería la Patrulla del Tiempo. Al igual que la flota dirigida por el Admiral Maximus, esta sería la encargada de incursionar, por primera vez, en regiones épocas en este caso, adonde nadie hubiera llegado. En una ceremonia realmente imponente, Midas consagró inicialmente a Leopold Garyker, un descendiente de colonos de Tau Ballena, como comandante general de esta patrulla, compuesta por 5 naves con la máxima tecnología. Estas eran capaces de trasladarse varios miles de millones de años en un sentido o en otro.

Todo este despliegue llevó, por cierto, bastante tiempo. Garyker y sus oficiales, se encargaron de seleccionar a los diversos comandantes que controlarían cada región. En cuanto a los tres grandes cuarteles principales, el del Presente fue instalado en el mismo sector que ocupaba la Federación, en el núcleo galáctico. Para esto, fueron adaptados varios mundos más para alojar cada una de las dependencias. El cuartel del Pasado estaba ubicado en uno de los brazos-espiral, en dirección a Canopus, y el cuartel del Futuro fue situado en el otro extremo de la Galaxia, en otro brazo-espiral, cerca de Albina. En cuanto a las construcciones en sí, se trataba de imponentes joyas arquitectónicas, edificios que eran verdaderas ciudades que cubrían gran parte de la superficie de cada planeta. Allí funcionaba absolutamente todo lo que necesitaban, desde puertos espaciales y lugares de descanso, hasta inmensas salas llenas de pantallas, pasillos laberínticos, laboratorios y miles de habitaciones para cada cosa.

Los comandantes que lideraban estos lugares dependían directamente de Midas, pero colaboraban activamente con Garyker. El comandante a cargo del cuartel del Presente era Malcom Goviner, uno de los grandes almirantes de la Flota que, por poco, no fue un Maximus; en su momento fue desplazado por Thorklind en ese cargo, pero nadie dudaba de su enorme capacidad. Explorador de cientos de mundos, conocía a la perfección el estado general de la Galaxia. El comandante del cuartel del Pasado era Archis Elyssius, un hombre procedente de los colonos de Cefeo, aquella civilización descubierta por el Supremo Gedeón Solar, que programaba su propia historia. En cuanto al cuartel del Futuro, el comandante era Dongede Mister, un ex almirante con experiencia en Andrómeda y las Nubes Magallánicas, especialista en civilizaciones que en algunas áreas parecían algo más adelantadas que el hombre solar.

Tal como solía hacerse para las principales reuniones de la Federación, aquí también tuvo lugar una magna Asamblea para determinar los objetivos a seguir y la función que cada uno debía cumplir. También quedaba claro que el EMT dependía directamente del Magno Consejo de la Federación, y que ese era el único organismo que estaba por encima suyo. El EMT era simplemente un brazo de la Federación para controlar los viajes en el tiempo. Un punto importante era, que solo la Patrulla podía llevar a cabo algún cambio en el devenir natural de los acontecimientos. Los demás comandantes debían solicitar un permiso expreso del EMT para modificar acontecimientos. Desde luego, cada caso sería estudiado exhaustivamente antes de dar la aprobación, pero puede decirse que sí estaba previsto hacer cambios cuando la situación lo justificara.

Cada comandante de cada Edad Cósmica estaría al frente de un pequeño ejército de otros comandantes, que explorarían multitud de mundos de su respectiva época, con la finalidad de instalarse en los más interesantes, o bien, de entablar contacto con diversas formas de vida. Su Tiempo sería exclusivamente suyo, aunque se tratara de lugares que, en otras Edades, estuvieran alcanzados por la Federación. Cada uno era dueño de un Tiempo como si se tratara de pisos en un edificio. Los pisos son las Eras y el edificio es el Universo. Esto permitiría que, en la Tierra, el Sistema Solar y alrededores, hubiere puestos del EMT en cada una de las Edades, aunque esos exploradores casi no tendrían contacto entre sí. La idea era estudiar cada Edad de manera independiente y solo después unir los resultados. Además, como el espacio físico a cubrir era inmenso, esto significaba que el tiempo real de estadía en cada lugar era relativamente breve. A cambio de eso, cada mundo sería visitado en distintas ocasiones ya que, dentro de una Era en particular, había millones de años para sucesivos regresos y conocer mejor la evolución cósmica.

Claro que la Patrulla era otra cosa. Esta tendría a su cargo misiones más delicadas o complejas, generalmente, para obtener resultados más concretos. Desde un principio, Garyker y sus oficiales llevaron la misma vida que los tripulantes de las flotas espaciales: cada día un sistema planetario distinto asomado en sus pantallas, inmensidades de espacio que parecían no tener fin. Si el viaje estaba dirigido al pasado, el Universo era comparativamente más pequeño y más luminoso y caliente. Si el viaje era hacia el futuro, la materia estaba cada vez más desperdigada y todo era más frío y oscuro. En cambio, yendo en esa dirección, quedaba claro que las Burbujas estaban dando paso a nuevas estructuras cósmicas. Ahora bien; al principio, el tiempo que pasaba en cada lugar era relativamente breve. Lo suficiente para hacer un relevo completo de la zona y almacenar los datos que después eran estudiados en detalle. No les correspondía a ellos cumplir el papel de conquistadores. Para eso estaba la Flota Espacial con todo su personal y sus formidables recursos, si bien estos eran dirigidos únicamente a la Edad Presente. La Flota no se ocupaba de, por ejemplo, razas que aún no hubieran aparecido o que ya hubiesen desaparecido.

El primer viaje importante realizado por la Patrulla fue realizado a varios puntos del Futuro. Es que los hombres tenían más interés en conocer el futuro, que el pasado cósmico. De este, más o menos quedan rastros por doquier. Del futuro, en cambio, nada se sabía con precisión. El punto clave de aquella exploración fue, precisamente, la naturaleza de las Burbujas y su evolución en el tiempo. Aquí Garyker alcanzó a vislumbrar lo que ya había comprobado Thorklind respecto al proceso de creación de Burbujas, mediante la acción de los Hiper-Atractores. No hizo falta realizar ningún largo viaje, sino ir a sucesivos puntos de tiempo, cada vez más en el futuro, para certificar plenamente que, de este modo increíble, se estaban formando delante de ellos verdaderos mini-universos. Ellos tendrían la posibilidad de investigar qué surgía de tales mini-universos. Realizando sucesivas correcciones de trayectoria y saltando en tramos de 500 millones de años cada vez, Garyker pudo ver que los minicosmos parecían evolucionar hasta conformar, aparentemente, un ser orgánico de alguna naturaleza.

Así es. Por increíble que parezca, los minicosmos eran autoconscientes, tal como muchos seres inteligentes. Solo que no vivían en un planeta, sino en el vacío cósmico, y su tamaño era equivalente, prácticamente, al de una galaxia entera. Con la ayuda de los mejores instrumentos, en el puente de mando de la nave insignia, logran detectar sus movimientos y hasta cierta clase de modulación ultravioleta. Quizá los minicosmos trataban de comunicarse con ellos. Luego de un tiempo de estudio, Garyker decide remontarse aún más al futuro hallando, en esta ocasión, que los minicosmos se han multiplicado y que su área de acción es mucho más grande que antes. Garyker duda antes de tomar nuevas decisiones. Nadie ha incursionado nunca tan lejos en el futuro y ni siquiera tienen una seguridad de poder volver alguna vez. Finalmente, se decide, y el próximo paso los lleva a una Edad que está alejada de la humanidad, nada menos que 50.000 millones de años.

El orbe que se abre ante ellos es de lo más extraño que jamás se haya visto. Una primera impresión lo hace semejante a estar viendo criaturas microscópicas a través del microscopio. El lugar está cruzado por alguna clase de luz fosforescente, pero ya no se puede saber si esa región ocupar realmente el lugar del antiguo Universo o no. Aquí, los minicosmos denotan una actividad incomprensible, pero, no por eso, menos real. Fartel Solrak, el oficial científico de Garyker, intentó definirlo como “la cultura de los Arquetipos”. Es que los minicosmos estaban dando lugar a alguna clase de civilización o cultura, que se hallaba en su estado embrionario. Para comprobar en qué terminaba todo, sería necesario viajar todavía mucho más al futuro. Garyker estaba interesado, pero Solrak le hizo ver que estaban corriendo un gran riesgo.

Por alguna causa inexplicable, en esta Edad, el tiempo no transcurría igual que en otras. Se diría que estaba “ralentado”, como si se frenara. Solrak también certificó que existía una diferencia sustancial de tiempo entre el orbe de los Arquetipos y el de ellos; que la Patrulla se encontraba en una especie de “burbuja” de tiempo, que se movía cada vez más despacio. No solo eso. Una rápida comprobación del instrumental dejó bien claro lo que ya sospechaban: Si demoraban mucho más, seguramente ya no podrían regresar nunca más. Una vez más, Garyker dudó. ¿Es que acaso el hombre no podía remontarse en el tiempo hasta el remoto futuro para observar el fin del Universo? Tal parecía que utilizando exclusivamente el factor tiempo, no. Para algo así sería necesaria una tecnología mucho mayor aún. Con resignación, dio la orden de volver atrás. Sabía que sus nombres quedarían indisolublemente ligados como los descubridores de los Arquetipos, o sea, aquello en lo que las burbujas cósmicas se convertirían, con el correr de las edades. Haciéndose a sí mismo la promesa de volver alguna vez a este mismo punto, se dio vuelta y dijo a sus oficiales:

—Esta misión ha terminado. Regresemos a la Base.

Lentamente, la flota comenzó a deshacer el camino del tiempo por donde había venido.


Daniel Verón (Buenos Aires, 1957). Escritor argentino, autor de obras de fantasía y ciencia ficción entre cuentos y novelas. Sus obras recientes representativas son: La exploración del universo (Tahiel, 2018) y Nuestros días en el sistema solar: más allá de Júpiter (2018).


Foto portada tomada de: https://bit.ly/2S60zgJ

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