Un remolino azul venía saltando por el río | Susana Moreno Ortiz

Por Susana Moreno Ortiz

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

Luciana, que ya tenía diez años, caminaba con sus padres y Caramelo por la orilla del río. Los sauces reales y los llorones adornaban sus riveras, el sol proyectaba su sombra hacia adelante y Luciana jugaba con su sombra se agachaba, saltaba, bailaba y esta le imitaba en todo. A su lado, Caramelo también jugaba con su sombra, ladraba y corría como invitándola a que le siguiera. Entonces, la niña vio un remolino de viento pequeñito. Era el más hermoso que habían admirado sus ojos: emitía reflejos de color azul, mientras venía saltando por el río. Traía hojas de alelíes, violetas, lavanda y nomeolvides; plumas de colibríes y gotitas de agua. Pasó como una sinfonía. Tenía música en su interior, se escuchaba como un coro de voces de niños. Era una brisa que refrescó el aire y el corazón de quienes gozaron ese momento y tuvieron la dicha de admirarlo.

Leonardo, Julia, Luciana y Caramelo siguieron por la orilla del río hacia la tienda de doña Domitila, contemplando cómo se alejaba el remolino azul. En ese lugar, se vendían víveres y dulces artesanales. Luciana encantada observaba unos frascos de cristal llenos de higos enconfitados, suspiros, cocadas, colaciones y melcochas con maní. Mientras sus padres se abastecían de alimentos básicos, tenían que escuchar a doña Domitila, contarles con pelos y señales todas las novedades del barrio. Ellos guardaban silencio porque no les gustaba juzgar a nadie, pero para disimular sonreían de cuando en cuando.

Al final de la compra le pidieron a Luciana que escogiera una golosina. En ese momento entró la hija de doña Domitila, una niña que parecía de la edad de Luciana. Ella intentó acercarse a Caramelo para acariciarlo, pero su madre levantó la voz y le dijo:

 —¡Descuajeringada vaya a vestirse bien!

De regreso a casa Luciana preguntó a sus padres:

—¿Por qué le habló de esa manera doña Domitila a su hija?

Le explicaron que doña Domitila no debía alzar la voz para educar a su hija y que la expresión descuajeringada es una forma del habla popular que se refiere a cuando la persona no está bien presentada o, por ejemplo, cuando un mueble está dañado, sin una pata. La madre quería que su hija esté bien vestida.

—A mí no me agradaría que ustedes me hablaran así. Esa niña debió sentirse avergonzada.

Mientras hablaba Luciana tenía deseos de llorar. Continuaron caminando y los padres notaron que su hija se sentía triste. Leonardo y Julia le sugirieron:

—Luciana, escribe una tarjeta a la niña y mañana venimos a dejarla, para que tengas oportunidad de jugar con ella y nosotros aprovechamos para dialogar con doña Domitila.

Su padre agregó:

—Hijita, cuando te angustie alguna experiencia desagradable, respiras profundamente, contienes el aire y luego lo expulsas poco a poco. Son ejercicios de respiración que nos ayudan a mantener la calma.

Los padres y Luciana respiraron frente al río y llenaron sus pulmones de aire puro y luego exhalaron, al recobrar la calma, continuaron el sendero por la orilla del río, escuchando su sonido que les arrullaba.


Susana Moreno Ortiz (Cuenca, 1952). Poeta, narradora y biógrafa de su padre. Doctora en Trabajo Social, participó en procesos por los derechos de los niños. Miembro del colectivo cultural Casa Tomada. Publicaciones: Planeta Perdido (1992), El caballo viejo y el músico (1991), Caballito de mar volatinero (1993), Juguemos con las nubes (1995), La casa (2000), Cuentos para niños (2004), El círculo amoroso (2008), Poiesis (2016), Las alas del tiempo (coautora), (2016), Llovía y llovía y allá una lucecita (2017), Rosalía, la piedra encantada y las tardes doradas (2018), Luciana y el remolino azul (2020). Vivo en poesía, Bio—Bibliografía de Eugenio Moreno Heredia (dos ediciones: 2012, 2015). “Escribiente perdido / qué quisiste alumbrar”, Eugenio Moreno Heredia (ponencia, V Simposio Nacional de Cultura Pablo Palacio). Selección e introducción de Jardines de invierno de Alfonso Moreno Mora, 2017. Elan, unidad irrepetible en la lírica cuencana, 2020. Premio Duende Soñador. Premio Amiga de los Niños. Presea Doctora Guadalupe Larriva González.


Foto portada tomada de: https://bit.ly/3nET6Rb

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