“Luz de agosto” de William Faulkner | Fabricio Guerra Salgado

Por Fabricio Guerra Salgado

Es la segunda década del siglo veinte. En el estado de Mississippi, en lo más profundo del sur estadounidense, se siente con fuerza la segregación racial. Latentes están también las resonancias de la derrota sufrida por las fuerzas confederadas sudistas a manos de los unionistas del norte durante la Guerra de Secesión, misma que habría de determinar, entre otras cosas, la abolición del esclavismo.

El protagonista, Joe Christmas, estuvo en un orfanato antes de ser adoptado por un fundamentalista religioso que lo educó a las patadas. Debido a su sangre mulata, ha sufrido el rechazo sistemático de blancos y de negros, por lo que carece de anclajes. Su afantasmada identidad lo llevó a sobrevivir huyendo siempre hacia adelante, sumido en una pulsión fatal que solo concluye al ser abatido a tiros y castrado, como consecuencia de la cacería que se desata en su contra luego de haber asesinado a su amante, una mujer blanca y negrófila con la que había mantenido una ambigua relación.

El reverendo Gail Hightower fue expulsado de su iglesia tiempo atrás por un escándalo de infidelidad y suicidio que involucró a su ex esposa. Condenado al autoexilio y dedicado a contemplar al pueblo a través de su ventana, ha renunciado a poseer una existencia propia. Le obsesiona el recuerdo de su abuelo, soldado confederado que murió en la contienda secesionista de la centuria anterior, mientras se acoge a la fórmula culpa – arrepentimiento del protestantismo radical, representando el reverendo, la ética puritana del sur: rígida, retorcida, decadente.

Lena Grove ha caminado desde Alabama buscando al padre del hijo que lleva en el vientre. Tiene pocas pistas para lograr su objetivo, pero tras una serie de vicisitudes, localiza a su hombre, un tunante de baja estofa que no duda en volver a abandonarla. Sin perder el entusiasmo y con la energía vital renovada tras alumbrar al vástago, un mes de agosto, por cierto, ella comprende que el camino apenas comienza y que hay que seguir andando. Toda una metáfora.

Los personajes principales y secundarios, así como las circunstancias del relato, establecen disímiles vasos comunicantes que acercan a unos con otros, cohesionan pasado y presente, evidenciando la vigencia de conflictos étnicos, sexuales y culturales. De este modo, Faulkner consigue plasmar un genuino retrato del sur americano, con sus excesos, exuberancias, miserias y contradicciones.

La supuesta “malsanidad” sureña emana acuciante de todos los resquicios en los que deambulan los seres que están marginados por el color de la piel, humillados por la pobreza o alucinados por la teología. Esta región, al parecer, no puede ni quiere dejar atrás los traumas de la guerra perdida, asumiendo una especie de épica de los vencidos, que exhorta un glorioso ayer, desprovisto de un hoy y de un mañana, lo que paradójicamente, lo torna más luminoso y anhelado.

Encarnan Christmas y Hightower la degradación de un tiempo y de una geografía que los marcó a fuego, negándoles cualquier posibilidad de redención. En una suerte de determinismo inexorable, su aciago destino resulta casi lógico. No obstante, será la modesta Lena, con su ilusión campechana e ingenua, quien atine a salvarse, aferrándose al tenue rayo de luz que brilla oscilante en medio de las tinieblas, el racismo y la locura del ”Deep South”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s