“La espera” de Jorge Luis Borges | Mayra Aguirre Robayo

Por Mayra Aguirre Robayo

Villari, el personaje de un cuento corto del escritor argentino estaba imbuido de una soledad sempiterna, o estaba muerto. No descifraba la realidad de la ficción. La narración describe a un hombre que se baja de un coche a las nueve de la mañana en Buenos Aires, que cancela el servicio con un vintén uruguayo y se abstrae mirando manchados de plátanos, la farmacia que se exhibe con letras de loza Breslauer (propiedad de los judíos que han desplazado a los italianos de sus ancestros), un largo y ciego paredón de hospital en medio de un sol reverberante.

Este cuento es parte de El Aleph (1949). Borges reconoce la naturaleza de ser la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada. Es el símbolo de los números transfinitos en el que el todo no es mayor que una de las partes.

Sueño y tiempo

Pensaba Villari en lo invariante y casual del azar del tiempo como en los sueños. Confiaba en que Dios no cambiara los vaivenes vitales. Trataba de vivir el presente y se angustiaba con sus errores del pasado: pagar con moneda uruguaya y demostrar sus lamentos por tal equivocación. El hotel Mole en el quese hospeda, comparte una habitación deformada figurativamente: la cama tenía curvas fantásticas con ramas y pámpanos, un estante con libros a ras del suelo, sillas desparejadas, crucifijo en la pared con papel carmesí con pavos reales destinados a alimentar pesadillas tenaces, lavatorio con palangana y botellón de vidrio turbio.

Su soledad había averiado su existencia. Salía a la calle al oscurecer; una noche en el cinematógrafo se envolvía en historias del hampa. El revólver que estaba en la inmediata mesa de luz y como pesadilla disparaba a los hombres que lo habían empujado, o simplemente esperaba sorpresas. A pesar, que su memoria arrinconaba recuerdos que los días son iguales. Un buen día la prensa anuncia la muerte de Alejandro Villari. El personaje es redondo desde lo literario entiende su muerte desde lo onírico. En días lejanos había deseado cosas con amor y sin escrúpulos, con voluntad poderosa, con odio humano y amor a una mujer. Pero, ya no quería estancarse en nada solo perdurar.

La Divina Comedia que encuentra en el estante de libros reflejan el respeto, la fábula y el valor que ha tenido la obra en la cultura civilizatoria de la humanidad. El tiempo, el sueño, la muerte, el amor, el odio, la imagen cinematográfica, el hampa se confunden con su asesinato. Resalto la descripción que narra sobre el perro lobo y viejo de Villari, al que le hablaba en español e italiano desde las remembranzas de su niñez. La confluencia extranjera en los antepasados argentinos entraña el multiculturalismo de Jorge Luis Borges en el cuento “La espera”.

Bibliografía

Borges, Jorge Luis (1957). El Aleph. Buenos Aires: EMECÉ.

Rodríguez Risquete, Francisco J. (2005) “Borges: fervor de Dante”. Revista Quaderns d’Italià, no. 10. Pp. 195-218. En https://core.ac.uk/download/pdf/13268836.pdf


Mayra Aguirre Robayo. Columnista de La Hora, docente universitaria, periodista, socióloga, crítica de cine y crítica literaria.

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