Inmanencia | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

Ante la pregunta: “¿Qué es la imanencia?”, Gilles Deleuze afirma con sencillez: “una vida…” –precisamente en su texto “La inmanencia: una vida…”, contenido en Ensayos sobre biopolítica: excesos de vida (Buenos Aires: Paidós, 2007), editado por Gabriel Giorgi y Fermín Rodríguez–. Aunque la pregunta aparenta también espontaneidad, la sola palabra “inmanencia” conlleva complejidad porque nos remite al terreno del pensamiento filosófico. La respuesta, por su parte, encierra cierta dificultad porque no se refiere a “la” vida, sino a “una” vida; los puntos suspensivos parecerían cumplir también la condición de suspensión al igual que de un devenir. Para comprender esta afirmación, el pensador determina mejor la inmanencia en sentido de una “pura inmanencia”. Dice en el mencionado ensayo:

“Se dirá que la pura inmanencia es UNA VIDA, y nada más. No es la inmanencia de la vida, sino que lo inmanente es en sí mismo una vida. Una vida es la inmanencia de la inmanencia, la inmanencia absoluta: es potencia, beatitud plena”.

Entonces, partamos por establecer la diferencia de la inmanencia, de la pura inmanencia. La inmanencia estaría en la vida. Deleuze señala, partiendo de Baruch Spinoza, que la inmanencia implica a la sustancia y sus modos, es decir, incluso confrontando a Immanuel Kant, pareciera que estuviera contenida en algo, la vida. Si esto es lo que en la filosofía se conoce comúnmente como inmanencia, es decir, esencia, para el filósofo francés importa la pura inmanencia para definir a algo que es en sí mismo: “la inmanencia absoluta es inmanente a ella misma”. La primera diferencia es sacar del sentido común a la inmanencia.

La segunda cuestión ligada a la anterior es que tal inmanencia es una vida –y ahora con mayúsculas–. La vida en mayúsculas implica un orden superior, pero la anteposición del singular indefinido “una” pone énfasis en lo singular. Una vida nos lleva a pensar, en este contexto, en el acontecimiento. Lo singular está asumido como acontecimiento; la vida se realiza mediante singularidades o acontecimientos. Por eso, nos dirá Deleuze en su libro, La lógica del sentido (Barcelona: Paidós, 2005), “los acontecimientos se efectúan en nosotros, nos esperan y nos aspiran, nos hacen señas”. Entonces no se vive, sino que el individuo se realiza mediante acontecimientos, toma conciencia de su singularidad frente a singularidades, lo cual nos lleva a pensar que uno solo efectúa su vida plenamente en una vida, en un momento, en un acontecimiento. Es el caso de la cita referida a Charles Dickens de su libro Nuestro amigo común (Barcelona: DeBolsillo, 2011): el villano tiene noción de una vida en cuanto está moribundo, cuando es curado con amor, pero cuando llega a curarse en realidad, vuelve a su estado de villanía. Ese momento, ese acontecimiento que está en medio, o mejor dicho ese “entre-tiempo” al que se refiere Deleuze, solo puede constatar una vida, quizá como un valor inmanente.

Digamos, por lo tanto, no es “la inmanencia de la vida”, es decir, no es que se esté en un pleno estado eterno, como podría sugerir tal idea, sino lo inmanente, es decir, una vida y esta es la “inmanencia de la inmanencia”, el acontecimiento. Ahora bien, y esta es la tercera cuestión por discutir: es que la conciencia del acontecimiento, de lo singular, lleva a que haya “trascendencia”. De hecho, Deleuze inicia su reflexión sobre este asunto anclado de lo que él llama empirismo trascendental. Pero cabe aclarar que la conciencia sobre la trascendencia, a partir del acontecimiento, a partir de una vida, de un entre-tiempo vivido, no es la conciencia pura, simple y llana, sino como producto autoreflexivo, como situación autocreadora, como producto del acontecimiento; Deleuze nos dirá así: “la trascendencia es siempre producto de la inmanencia”. En este marco, la conciencia deviene en tanto el sujeto se produce a sí mismo como trascendente. Si el villano de Dickens hubiera entrado en pleno en la inmanencia, es posible que su condición de villanidad hubiera desaparecico porque habría adquirido la humanidad.

Y, por último, considerando lo anterior, surge la cuestión de la potencia y de la beatitud. La inmanencia como una vida transcendental es potencia. Deleuze acude a la idea de la virtualidad, en tanto potencia, en tanto inscripción de algo –por ejemplo, la semilla presupone al árbol–. Pensemos en el villano de Dickens, como hombre que renace, como hombre que vuelve a ser niño… su potencia es la salvación de lo humano en la vida. Para llegar a ello tendría que entrar igualmente al plano de la beatitud, es decir, a saber, de su propio gozo que puede contagiar.


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Doctor en Literatura Latinoamericana por la UASB-Ec. Magíster en Estudios de la Cultura por la UASB-Ec. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Profesor de la UASB-Ec. Escritor de artículos científicos en diversas revistas ecuatorianas e internacionales. Columnista de El Telégrafo (Ecuador), Suridea (Ecuador) y Amazing Stories (EE.UU.). Autor (entre otros) de: Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk, 2000); Cartografías de la comunicación (2002); Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004); Imaginando a Verne (2018); Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018) e Imaginaciones científico-tecnológico letradas (2019). Capítulos de libros, entre otros: “El monstruo es del sur: más allá de la biopolítica” en Marginalia III, relecturas del canon literario (Carlos Alberto Castrillón y Juan Manuel Acevedo, comps., 2013); “YouTube y el documentalismo global: ecuatorianos en el proyecto Life in a Day” en El documental en la era de la complejidad (Christian León, ed., 2014); “Ciencia ficción ecuatoriana: las exploraciones del futuro de las nuevas generaciones” en El pez solo puede salvarse en el relámpago (Augusto Rodríguez, comp., 2020); “Análisis del discurso de lo político: notas para una metodología aplicada a Twitter” en Comunicación Política: Debates, estrategias y modelos emergentes (Sergio Rivera Magos y Bruno Carriço Reis, eds., México, 2020); “La ciencia ficción ecuatoriana (1839-1948)” en Historia de la ciencia ficción latinoamericana I. Desde los orígenes hasta la modernidad (Teresa López-Pellisa y Silvia G. Kurlat Ares, eds., España, 2020).

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