“Disonancias, singles pixelados de un vinilo” de Alexander Ávila | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

La disonancia se define como un sonido desagradable producido por la falta de armonía o correspondencia entre tonos musicales. La vida es disonante, es decir, concatena situaciones disímiles, embusteras, impredecibles y tragicómicas, sin correspondencia entre sí. La música, la vida y la muerte se cruzan en: Disonancias, singles pixelados de un vinilo, poemario publicado por Alexander Ávila Álvarez en Editorial “La Caída” en 2017. El poeta quiteño, residente en Macas, explora el deterioro del ser humano como si fuera el desgaste de un acetato (longplay) marcado por una aguja lírica que convierte en ondas sonoras los fracasos, anhelos, desventuras e hipocresías.

La obra que parece un “play list impreso o un soundtrack silente” híbrido de rock progresivo y rocola ecuatoriana, puede ser leída o escuchada como si fuera un vinilo con dos caras: Lado A y Lado B. El lado A es más estridente y rítmico, el lado B, es nostálgico y melancólico; en ambas partes confluyen la ambivalencia del exceso, el caos, los vicios, pequeños fragmentos de soma que pueden llevarnos al cielo o al infierno, aunque casi siempre la caída sea inevitable, en forma de vómito, resaca o malos versos.

La vida es música disonante y experimental, parecen decir los versos de Álvarez para trasladarnos desnudos a nuestros propios desenfrenos. Disonancias emana tufo etílico, hedor de cantina popular y licor barato mezclado con sudor, con cebo y fluidos vaginales. Los poemas se acompañan por signos del lenguaje tecnológico/musical, figuras que sirven para adelantar, retroceder, pausar, parar, retirar el casete, dar play o play inverso a unos versos derrotados por viejas amantes, por fugas clandestinas, por recuerdos sexuales, por drogas como dragas, por la vergüenza, sutil y palpitante, de escribir oscuridades.

Alexander Ávila nos entrega un poemario honesto, con toques de humor ácido y un cruento, pero necesario desengaño de las artes literarias que repletan la virtualidad en busca de likes y comentarios. Disonancias no critica al poeta, critica la “pose de poeta”, la apariencia, el café sin condumio, el verso mediocre, falso y sensiblero.

Demos play a estas Disonancias, singles pixelados de un vinilo, leamos y escuchemos estos versos que funcionan como letras de canciones que recuerdan que lo importante no es levantarse después de la caída, sino tropezar luego de levantarse. Porque el ser humano es un disco rayado que repite errores, que disfruta la caída, que se infecta una y otra vez, que se ensucia en el lodo para después lavarse y volverse a ensuciar. Esa es la literatura, el lodo al que volvemos una y otra vez. Esa es la poesía de Ávila, el ruido al que volvemos una y otra vez.


Fernando Endara I. Comunicador social. Magíster en Investigación en Antropología por la FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por flacsoradio.ec.

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