Desayuno en “Cumbres Borrascosas” | Cristina Balseca

Por Cristina Balseca

Cumbres borrascosas es un clásico de la literatura inglesa escrito por Emily Brontë (1820-1849) y publicado por primera vez en 1847 bajo el pseudónimo andrógino de Ellis Bell.

Esta novela cuenta la historia de un amor maldito, una historia de amor, de desamor y de horror entre Katherine Earnshaw y Heathcliff, un niño gitano abandonado en Liverpool al que el señor Earnshaw lleva a vivir en Cumbres Borrascosas, la residencia de la familia.

Se trata de una obra de gran inteligencia narrativa marcada por la dualidad en toda su estructura; dos narradores, dos casas, dos familias, y en medio aparece Heathcliff como el arquetipo de la alteridad, de la otredad y vinculado a lo monstruoso.

En un momento pareciera que el libro termina y vuelve a empezar, mostrando a dos generaciones que repiten sus historias como enfrentadas en un espejo, condicionadas por la idea de almas gemelas y enloquecidas por algo que se supone es el amor.

Emily Brontë describe el alma humana como un campo de batalla, llena de inquietantes sombras de muerte, de miedo, pero también de valentía. Sus personajes actúan impulsados por sentimientos ocultos y reprimidos que se esconden bajo una superficie de violencias volcánicas.

“Es verdad que los asesinados persiguen a sus asesinos. Creo…, sé que ha habido fantasmas que han vagado por la tierra. ¡Estate siempre conmigo…, adopta cualquier forma…, vuélveme loco! ¡Pero no me dejes en este abismo, donde no puedo encontrarte! ¡Ay, Dios! ¡Es inexpresable! ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!”

Estas violencias se manifiestan también en los cuerpos; por ejemplo, al someter al otro a pasar hambre para demostrar su poder o negarse a comer para conseguir así lo que desean de quienes los aman.

Los críticos de la época calificaron a Cumbres Borrascosas como salvaje, brutal y masculina; seguro se sorprendieron al descubrir que la escribió una mujer.

En el Yorkshire en que vivió la familia Brontë, la muerte los visitó con mucha frecuencia ya que la mayoría de sus integrantes murieron a edades tempranas, aunque hay que considerar que el promedio de vida para los habitantes en general era solo de 28,5 años.

Emily Brontë vivió en el periodo comprendido entre el final de las guerras napoleónicas y el inicio de la época victoriana, y si bien tuvo ciertas comodidades debido a la herencia recibida de una tía que cuidó de la familia al fallecer su madre, la vida cotidiana de la gente a su alrededor estaba anclada a un marco social restrictivo en el que debían desarrollar estrategias de supervivencia frente al hambre y la enfermedad.

Los modos de salir adelante de la clase obrera y la pequeña burguesía incluían trabajos estacionales intermitentes, comercio a pequeña escala, trueque, pequeños robos e intercambios esporádicos de servicios bajo modelos de reciprocidad. Las mujeres se encargaban de administrar el capital doméstico y de distribuir el limitado poder de compra que se destinaba a la supervivencia, siendo común para ellas el aceptar inquilinos en sus casas y trabajar fuera del hogar haciendo encargos como lavar y coser.

La clase obrera se opuso a las restricciones que se quería imponer sobre el trabajo infantil y a la educación obligatoria hacia finales del siglo XX; pues las contribuciones infantiles eran esenciales en la economía familiar para su propia manutención, cobrando importancia los debates en torno al control de la natalidad en estos hogares.

El alcohol era la vía de escape en las ciudades empobrecidas por parte de los trabajadores masculinos a costa de lo disponible para alimentar a sus familias.

La compra de alimentos se hacía en pequeñas cantidades, de comida en comida, y aunque significara un incremento en el precio de adquisición, era la forma en que podían procurárselos pues sus ingresos se generaban de manera similar.

Gastar más en la comida de los domingos se volvió una costumbre, lo que implicaba tuvieran menos durante la semana. Esta práctica se asocia a la búsqueda de pequeños placeres, como el pescado con patatas fritas, lo que tuvo una respuesta poco entusiasta de los asistentes sociales que defendían a las gachas de avena (porridge) como una comida barata, nutritiva y equilibrada.

Las gachas de avena se han vuelto parte de mis comidas desde que leí Cumbres Borrascosas, por ser muy sabrosa y fácil de preparar en la mañanas, aunque a veces traiga a mi mente la voz tristísima del fantasma de Katherine sollozando ¡Déjame entrar!

Referencias

Brontë, E. (2018). Cumbres Borrascosas. Barcelona, España: Editorial Alma.

Bollman, S. (2011). Las mujeres que escriben también son peligrosas. Madrid, España: MAEVA Ediciones.

Walton, J. (1995). “Aproximaciones a la vida cotidiana en Inglaterra”. Ayer (19), 15-47

Biblioteca Nacional de España. (2016, mayo 25). Ciclo Contar un libro. 1ª sesión: Cumbres borrascosas, con Rodrigo Fresán. [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=RLjFGa1Ruhs&list=PLxGss8S3tC10NlcY-qPEhjVYke2nKWfFw&index=13&t=136s

Fundación Juan March. (2019, febrero 15). Monstruos domésticos y literarios en las obras de las hermanas Brontë y Elizabeth Gaskell. [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=4mu-rHq9DoQ&list=PLxGss8S3tC10NlcY-qPEhjVYke2nKWfFw&index=11

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