A casa de Amelia | Gabriel Martínez Barre

Por Gabriel Martínez Barre

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

—¡Ay, Sebastián! No me digas que ya te vas.

—Todavía no, preciosa pero pronto. Mira que ya casi son las cuatro de la tarde: Javier está por llegar para irnos al ensayo. Quedan pocos días para la presentación. Irás a vernos, ¿verdad?

—Hasta ahora, no veo por qué no.

Últimamente, tenían muchas conversaciones de este tipo: en las que Sebas le preguntaba si iría a verlo y Amelia no contestaba directamente. En vez de eso, respondía como si fuera a pasar algo grave, algo que le fuera a impedir cumplir su palabra.

Para Sebastián es exigente ser pareja de Amelia. La acompaña a todas sus reuniones, la ayuda a estudiar y pasa pegado al celular atento a sus mensajes. Más de una vez calificó su relación como atosigante.

Cuando trataban de hacer planes con más de una semana de anticipación, acudían a promesas condicionales: propias de su amor fatigado. Usaban mucho las expresiones «supongo que», «a menos que» y «si todo sigue así».

—Javier ya me escribió, mi amor. Estará por aquí en quince minutos.

—De acuerdo, Sebastián.

—¿No prefieres venir conmigo al ensayo?

—No, no. Tengo cosas que hacer arriba.

—¿Quiénes nomás están en casa?

—Todos. Mis hermanos y mis padres.

—¿En serio? No se oye nada.

—Es que están descansando.

Miro mi reloj. Estoy a diez minutos de la casa de Amelia.

Imagino a Sebastián y Amelia conversando en las escaleras como siempre. Él, contando los segundos para marcharse, y ella, simulando que le importa se quede.

—Sebas, pienso hacer una fiesta pronto, aquí en casa. Con mis viejos amigos del colegio.

—Me alegro mucho, mi amor. Lo vas a pasar muy bien.

—¿Tú vendrías?

—Supongo que sí.

—¿No has organizado una reunión con tus amigos? ¿No se han tomado unos traguitos?

—Sabes que casi no bebo. Además, mis amigos son gente ocupada.

Nadie sabe por qué se juntan esos dos. Hasta las familias se detestan. Recuerdo que en la fiesta de graduación de Sebas la familia de Amelia lo miraba como si trataran de romperle el cuello con telequinesis.

Estoy a pocas calles de la casa de Amelia.

—¿De qué trata la obra que están ensayando, mi amor? ¿Es un clásico o algo inventado por ustedes?

—Es la adaptación de un relato que leyó Ana. Se llama La noche en el mirador. Trata de un grupo de amigos que discuten de forman violenta y terminan matando entre ellos.

—¿Quiénes participan en la obra? ¿Los conozco?

—Los mismos de siempre. Ana, Rafael, Javier, etcétera.

—El elenco completo, ¿no? Qué bueno.

—Javier no tarda en llegar, amor. Mejor lo espero en la parada. Cuídate mucho, sube y descansa un poco. Saluda a tus papás de mi parte.

Puedo ver la casa de Amelia mientras camino. Ahí está Sebastián. Se despide de Amelia con un beso y comienza a caminar en mi dirección.

Un muchacho se levanta de la banca de la parada de autobuses. Yo lo conozco, es Javier, amigo de Sebastián. Trabajan juntos en el microteatro de la ciudad. Ambos pasan junto a mí y me saludan nada más por educación. Al fin y al cabo, Sebas y yo, no somos tan amigos desde que salimos de la universidad.

Los veo alejarse. Javier saca una botellita de su chaqueta. Parece trago barato. Me quedo mirándolos hasta que doblan la esquina.

Camino unos metros más y toco el timbre. La puerta principal se abre y subo los escalones hasta la entrada al departamento. Empieza a sonar la música. Ingreso y camino hasta el sillón más grande de la sala. Amelia se levanta y me recibe con un beso en los labios mientras la tomo con fuerza de la cintura.

—¿Cómo estás, bebé? —pregunta, alegre de verme.

De maravilla, respondo.  Le pregunto si han venido todos los invitados. Me responde con un sí, rotundo.

Por ahí anda Sebastián, le comento riéndome.

—Ya se fue a emborrachar otra vez ese hijo de puta, me mintió diciéndome que tenía otra obra importante. Como si yo fuera a comerme ese cuento dos veces. A partir de hoy, el idiota es él.

 


Gabriel Martínez Barre (Guayaquil, 14 de febrero de 1992). Es Ingeniero mecánico (ESPOL, 2015) y Máster Universitario en Ingeniería Mecánica (UPV, 2020). Fue uno de los ganadores del IV Certamen Literario “Orellana lee” organizado por MACCO-EP del Ecuador. También fue uno de los ganadores del Concurso “Derivas Urbanas” organizado por el Festival de Narrativa de Bahía Blanca de Argentina. Cuentos suyos están por publicarse en la antología de Mar de Tinta – Edición creativa de México. También participará en la antología que desarrollará Plétora editorial de México. Ha publicado en la Revista Literaria Pluma de Argentina y Elipsis de Colombia.

 


Foto portada tomada de: https://bit.ly/2O39s8o

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