Vicente Rocafuerte | Mayra Aguirre Robayo

Por Mayra Aguirre Robayo

 

Una novela

El seminarista y marinero Francisco de Quereizaeta y Etxaniz de Zarauz (España) acompañó por varios años a Vicente Rocafuerte y Rodríguez de Bejarano Querejeta, alcalde, gobernador de Guayaquil diplomático y presidente del Ecuador (1810 – 1843) y es el narrador testimonial en la novela biográfica de Alejandro Querejeta. Al autor le llevó 5 años de lecturas de más de doscientos documentos, enciclopedias, libros y me llamó la atención encontrar el editorial del periódico El país del escritor Mario Vargas Llosa (apela al civismo y a las buenas costumbres y lo simpático del ser humano en la época de Don Quijote y para el siglo XIX está el libre prensador defiende el estado laico y está contra el oscurantismo). El autor lo incluye en su bibliografía porque Rocafuerte fue el propulsor del liberalismo en América y el escritor peruano se separó de su visión marxista en los 80.

La novela tiene tres partes y 465 páginas. Lo distintivo es el encuentro en la biblioteca del Castillo de Dissay de Poiters (Francia) el aparecimiento de unos papeles en un baúl de madera oscura, cuya cerradura había sido violentada. Con el paso de los años uno de los descendientes lejanos de Rocafuerte le entregó a Querejeta Barceló, para que ordene y dé coherencia lo que terminó como una novela biográfica (historia ficcional con participantes donde los personajes interactúan y participan en distintas situaciones).

Antes había estado el archivo documental en las manos de la cantante y escritora cubana Mercedes Santa Cruz y Montalvo (conocida como la célebre Condesa de Merlín). Sin ser precisamente amigos, son contemporáneos. Tal vez se toparon en la catedral de Notre Dame o en el salón de la aristocracia habanera. La información rememora el regreso de Rocafuerte a Guayaquil en 1808, las experiencias en Francia entre la juventud más florida de París que le permitió ser admitido en la familia de Napoleón y asistir junto con Simón Bolívar (se conocieron como masones en París) a su coronación. Los testimonios en abundancia pertenecen, en su mayor parte, a Quereizaeta y Etxaniz. En sus recuerdos Rocafuerte no era más que una imagen, no era un hombre cualquiera. La realidad no le dotó de alegrías importantes. Escogió su propia aventura ligada a sacrificios, a los rasgos de su carácter. Era de una inteligencia que se cinceló en un ambiente la mayor de las veces hostil hacia su persona. Lo mira con espíritu inquisitivo y con amor al detalle. Su excitación interna lo llevaba a veces a largos silencios.

El servidor evoca el interés que tenía en detenerse en bibliotecas, museos en sus viajes. En México propuso el alumbrado público a gas y abrió una tienda promocional. En la presidencia tenía por costumbre arengar a los soldados en los cuarteles, visitaba hospitales y conversaba con los enfermos, en los hospicios hablaba con los ancianos y asistía a las escuelas para los exámenes de los alumnos.

En la novela no siempre aparecen las fechas. Rocafuerte cuando regresa a Guayaquil deja atrás un Viejo Continente con tropas imperiales francesas que habían invadido Italia y se impusieron en Prusia y al imperio austriaco en la batalla de Trafalgar para derrocar a Napoleón en 1805 (la novela cuenta con notas referenciales). Estos acontecimientos impulsaron en Rocafuerte las ideas de independencia y la recepción de su mesada desde Guayaquil. La política fue parte de sus vivencias conoció a parientes del Barón de Carondelet que le recomendaron traer cartas y documentos. Una de las tareas de Quereizaeta y Etxaniz era recortar las noticias y los artículos de prensa. Rocafuerte era valiente y decidido en la misma forma que dilapidada su fortuna por la independencia. Envía sus ensayos a Filadelfia, Londres, Madrid, La Habana, Veracruz, Buenos Aires. Estaba acercándose a los cincuenta años. Tal vez pensaba para qué había servido su vida. Recibía libros que leían con rapidez y de los que tomaba notas en un cuaderno y los márgenes, portadas y páginas. Subrayaba y dibuja flechas sobre algunos textos. En Lima estaba su desenlace inevitable, era un hombre más encerrado en sí mismo, en sus recuerdos, en lo vivido y visto. Francisco Quereizaeta y Etxaniz ha intentado recordar todos los sucesos y personajes de su vivencia. Sus memorias han sido importantes para montar la novela biográfica de Querejeta. Cuando se despidió de Rocafuerte en Acapulco, él fue para España y Rocafuerte regreso a Guayaquil por el océano Pacífico.

Breve biografía de Vicente Rocafuerte

En la época del guayaquileño Vicente Rocafuerte (1783-1834) nace el Rey de España Fernando VII, el médico y periodista Eugenio de Santa Cruz y Espejo escribe su Defensa a los curas de Riobamba y el periódico Primicias de la cultura de Quito, muere el poeta Juan Bautista Aguirre, Juan de Velasco escribe La Historia del Reino de Quito, Rocafuerte estudia en España en el colegio de Nobles Americanos de Granada: teología, leyes, administración pública y Artes Militares, es nombrado Alcalde de segundo voto del cabildo e Guayaquil en 1810, luego se lo nombra procurador del Cabildo de Guayaquil, Rocafuerte recorre Europa, México, Cuba. En Lima (1819) negocia la importación de tabaco cubano. Busca colaboraciones en Norteamérica para la independencia americana es delegado de Bolívar para emancipar Cuba. En Guayaquil (1833) al caerse de su caballo se fractura dos costillas. Es elegido diputado por el grupo liberal capitalino Quiteño Libre. En 1834 instala una imprenta en la isla Puna e imprime el periódico El Chiguagua. Ocupa la Presidencia de la República desde 1835-1839. Se casa el 10 de febrero de 1842 con Baltazara Josefa Calderón Garaycoa. Posteriormente, se convierte en el Gobernador de Guayaquil. Su muerte se produce en Lima el 16 de mayo de 1847.

Obras de Vicente Rocafuerte

Más de cuarenta escritos y obras publicadas le acompañaron en su vida. Destaco: El ensayo sobre el nuevo sistema de cárceles; Lecciones para las escuelas de primeras letras, sacadas de las Sagradas Escrituras, siguiendo el texto liberal de la traducción del padre Sicío, sin notas ni comentarios; Consideraciones generales sobre la bondad del gobierno, aplicadas a las circunstancias de la República de México; Ensayo sobre la tolerancia religiosa, entre otras.

Referencias de escritores

El autor inicia su testimonio novelístico con narraciones de Jorge Luis Borges (“The Unending gift”): “Sentí, como otras veces, la tristeza de comprender que somos como un sueño… (Solo los dioses pueden prometer, porque son inmortales)…”

El escritor y político Roberto Andrade en su obra A la nación: “Conviene que sepan los contemporáneos que los cuadernos que acaban de leerse, fueros perseguidos por Flores (expresidente del Ecuador de 1830-1845) a sol y a sombra.

Sobre Alejandro Querejeta Barceló

Alejandro Querejeta Barceló (Foto: Facebook: https://bit.ly/3cDh4sN)

Nació en Holguín-Cuba en 1947. Es escritor, periodista y editor, Ex subdirector de La Hora, exprofesor del Colegio de Comunicación de la USFQ e investigador del Centro Cultural Benjamín Carrión. Ha publicado los poemarios Arena Negra (1989); Cuaderno griego (1991); Cartas interrumpidas (1993); Círculo de dos (2006) y Álbum para Cuba (1998); las novelas Los términos de la tierra (1985), la trilogía Yo Juan Montalvo (2014), Juan Montalvo y yo, vida alta y profunda (2015) y Anhelo que esto no sea París (2016); los de periodismo: Crónica infieles (1992) y Periodismo de Investigación (2011). Es coautor de Mitologías aborigen de Cuba, Deidades y personajes (1992) ediciones en español e inglés. Sus textos aparecen en publicaciones periódicas y antologías de Cuba, Ecuador, España, México, Chile, Argentina, Venezuela, Estados Unidos. Ha prologado y editado obras de: Benjamín Carrión, Jorge Carrera Andrade, Alfredo Pareja Diezcanseco, Alicia Yánez, Javier Vásconez, Nicolás Kingman, entre otros.

Bibliografía

Querejeta Barceló, A. (2020). Vicente Rocafuerte. Grandes Biografías del Bicentenario. Quito. Paradiso.

Vargas Llosa, Mario (24 de enero de 2014). “Liberales y liberales”. https://elpais.com/elpais/2014/01/24/opinion/1390564257_262878.html

 


Mayra Aguirre Robayo. Columnista de La Hora, docente universitaria, periodista, socióloga, crítica de cine y crítica literaria.

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