La Máquina se pronuncia: La Máquina Combinatoria, un medio de ideas | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

 

Portada de “Textos Cautivos” de Jorge Luis Borges.

Jorge Luis Borges le dedica un ensayo a la invención del monje medieval Raimundo Lulio –o Ramón Llull– un 15 de octubre de 1937: “La máquina de pensar de Raimundo Lulio” en la revista Hogar (ahora compilado en el volumen Textos Cautivos, Alianza, Madrid, 2005). El texto, breve, escrito con una precisión casi relojera, refiere que el religioso y filósofo mallorquino fue el primero presentar una máquina, un dispositivo que tenía por función, hipotéticamente, generar discursos. Pero de antemano, Borges, afirma que, pese a su propósito tal máquina era incapaz “de un solo razonamiento, siquiera rudimental o sofístico”, es decir, era inútil.

La afirmación de Borges se presenta como irónica y crítica. Hasta cierto punto trata de demostrar que la máquina de pensar de Lulio era una de las tantas invenciones que solo podía ser el resultado de la pura especulación, más aún cuando esta podría estar en el terreno de la filosofía e incluso de la ciencia. En tal sentido, incluso afirma que: “Tampoco funcionan los aparatos de movimiento continuo cuyos dibujos dan misterio a las páginas de las más efusivas enciclopedias; tampoco funcionan las teorías metafísicas y teológicas que suelen declarar quiénes somos y qué cosa es el mundo”.

Pero de pronto caemos en cuenta que a Borges no le interesa si efectivamente la máquina de Lulio o de otros inventores resultó ser eficaz o si se puso en funcionamiento alguna vez, porque, piénsese, la máquina del sacerdote, esbozada y explicada en Ars magna generalis –ahora conocida como Ars magna et ultima (1274)–, era una propuesta enmarcada dentro de un proyecto filosófico más amplio que suponía enfrentar el racionalismo con el imperativo de hacer prevalecer la fe cristiana. El hecho de que, vista la máquina ya en el siglo XX, puede parecer un artificio a la par obsoleto, no le quita, según Borges, pese a su “pública y famosa inutilidad […] su interés”, lo cual le lleva, en efecto, a dedicarle un ensayo.

Ramón Llull (Fuente: https://bit.ly/2L8EA5m)

¿Y dónde estaría el verdadero interés de la máquina de pensar luliana? Borges, descubre que el diseño de la máquina, que se puede ver en los dibujos de la obra, tiene ciertas particularidades y, a la par es precursora de otros proyectos, según afirma. Una de ellas es que el diseño muestra las infinitas posibilidades, las imperecederas combinaciones de “los atributos de Dios”. Tales combinaciones, uniendo palabras, letras, llevan a decir, por ejemplo, “que el poder [de Dios] es verídico, glorioso, bueno, grande, eterno, poderoso, sapiente, libre y virtuoso, o bondadosamente grande, grandemente eterno, eternamente poderoso, poderosamente sabio, sabiamente libre, libremente virtuoso, virtuosamente veraz, etcétera, etcétera”. Es decir, haciendo girar las ruedas internas, el mecanismo interno de la máquina de pensar luliana, aparece Dios como presencia, como idea, como entidad, como filosofía, cuya verdad, implicaría un largo e infinito conjunto de ideas que hasta la fecha son irrefutables.

Borges, acaso con insidia, propone quitar los atributos divinos en el diseño, poniendo en su lugar las palabras clave de la física moderna, o de materialismo del siglo XX, dándose cuenta de que quizá las combinaciones puedan ser otras, y los resultados en enunciados probablemente absurdos. Con todo, no renuncia a seguir indagando la naturaleza de la máquina luliana para reafirmar que a Lulio o Llull –usemos indistintamente el apellido–, le interesó un principio: “la aplicación metódica del azar a la resolución de un problema”. Nótese eso: incluso el azar se podría domeñar para generar las ideas para enfrentar al racionalismo, preclara anticipación del materialismo que va a despuntar con más eficacia a partir del siglo XIX cuando la modernidad, gracias a la revolución científica y la revolución industrial, se ha asentado y transformado la vida humana.

Pese a su afirmación de que es una máquina inútil y haciendo girar hipotéticamente la máquina de Lulio, Borges pronto constata que él mismo ha caído en error prematuro al afirmar lo inservible del proyecto del filósofo y matemático. De este modo se corrige: “La he calumniado: elle ne fonctionne que trop, funciona abrumadoramente”; a la máquina hay que verla de otro modo.

Una página del “Ars Magna et Ultima” de Ramón Llull y un gráfico de la máquina de pensar. (Fuente: https://bit.ly/3cDlArf)

Sí, ¡la máquina de pensar funciona! Tal la constatación de Borges. Y he aquí su utilidad o beneficio: “Imaginemos un problema cualquiera: dilucidar el «verdadero» color de los tigres. Doy a cada una de las letras lulianas el valor de un color, hago rodar los discos y descifro que el inconstante tigre es azul, amarillo, negro, blanco, verde, morado, anaranjado y gris o amarillamente azul, negramente azul, blancamente azul, verdemente azul, moradamente azul, azulmente azul, etcétera…” Borges nos hace descubrir que la máquina luliana –que en realidad comprende tres ruedas y además, no lo dice Borges, de un sofisticado sistema muy parecido al código informático actual–, es en realidad un dispositivo que permite imaginar o crear ideas para textos fantásticos, acaso de ciencia ficción o acaso, metafísicos. Por ejemplo: “El poeta que requiere un epíteto para «tigre», procede en absoluto como la máquina. Los va ensayando hasta encontrar uno que sea suficientemente asombroso. «Tigre negro» puede ser el tigre en la noche; «tigre rojo», todos los tigres, por la connotación de la sangre”. Es decir, la máquina de pensar o, mejor dicho, la máquina combinatoria de Llull vendría a ser un “instrumento literario y poético”. Tal aseveración es, desde ya, importante.

Pasemos por alto el hecho que el ensayo es de 1937, cuando la informática no era un asunto de esos días y que la máquina de pensar o máquina combinatoria luliana resulta ser una anticipación de esta nueva disciplina –incluso puede ser la precursora de los videojuegos tal como inicio mi libro Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones de poder (Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador; Corporación Editora Nacional; Ediciones Abya Yala, Quito, 2004)–, pero sí reafirmemos que el invento medieval sigue siendo actual, porque vendría a ser una extraordinaria máquina que puede llevar a generar ideas poéticas o literarias. Ya Borges en su “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” (1940), cuento que forma parte de su Ficciones (1944), anotaba que toda obra de pensamiento es producto de un idealismo, es decir, de ideas hasta ficticias o imaginarias –donde se incluiría incluso “la religión, las letras, la metafísica”, siendo además esta “una rama de la literatura fantástica”–. De este modo, ¿no son acaso los textos literarios producto de alguna máquina combinatoria? Y no es que los escritores u autores recurran a artificios mecánicos para escribir diversidad de obras, más aún obras maestras. No, al contrario, son producto de la imaginación, pero también de un cierto razonamiento lógico que permite que las ideas, incluso ficticias, terminen convenciendo a los lectores, logrando comunidades además fanáticas de autores, estilos y géneros. La máquina de pensar es el cerebro humano. Llull llamaba con su obra a pensar en la grandeza de Dios, demostrando que, combinando multiplicidad de palabras o ideas, nunca se podría terminar de explicar tal grandeza. Su máquina es apenas un proyecto pedagógico o instructivo, pero, sobre todo, un gran dispositivo fabuloso que produce, como dice Borges, ideas fantásticas. Se podría decir, que Llull o Lulio lo que hace es escribir un recurso de creatividad poética –algo así parangonable, salvando las distancias, con esos libros de técnicas para escribir fantásticas historias o textos de escritura creativa como: Gramática de la fantasía (1973) de Gianni Rodari, El arte de la novela (1986) de Milan Kundera, Los mecanismos de la ficción: cómo se construye una novela (2008) de James Wood, etc.–. En otras palabras, su máquina de pensar es un intento de llevar a que la gente se convenza de que puede especular magistralmente.

Gráficos de la máquina de pensar de Lulio. (Fuente: https://bit.ly/3oCPTRa)

En este mes de enero, hace dos años –2019–, iniciamos la revista Máquina Combinatoria, un proyecto literario, el espacio para que diversidad de autores, escritores, creativos, de distintos lugares del orbe, publiquen. Tal como hemos ido mostrando, con una periodicidad mensual –esta sería nuestra edición 25 o, si se quiere, iniciamos ahora el Volumen 3 con el número 1 del 2021–, hemos dado paso a distintos estilos y propuestas. Nuestra revista es plural: hay escritores nóveles y los ya encumbrados; hay textos que podrían pasar por reflexiones y otros como cuentos; hay poemas que se rigen a ciertas normas y cadencias y otras que experimentan con estilos; hay… en definitiva, ideas.

La Máquina Combinatoria, siguiendo a Llull, nuestro inspirador, no tiene tres ruedas con sus microruedas, sino varias ruedas de ideas, de pensamientos. El lector, y de ello nos consta, puede leer los textos que precie más apetitosos y sacar sus propias ideas. Porque de eso se trata, y Borges también lo demuestra al leer la obra de Llull, no es la máquina que produce verdades, sino que siempre habrá un operador que las postule y un lector que, jugando con sus competencias intelectivas, saque sus conclusiones propias. Y puesto que el mundo es una diversidad de miradas y voces, las verdades serán siempre propuestas. El lector sabrá sacar la suya en función de las combinaciones.

Celebramos dos años de la Máquina Combinatoria y, al mismo tiempo, el inicio del tercer año.

 


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Doctor en Literatura Latinoamericana por la UASB-Ec. Magíster en Estudios de la Cultura por la UASB-Ec. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Profesor contratado de la UASB-Ec. Escritor de artículos científicos en diversas revistas ecuatorianas e internacionales. Columnista de El Telégrafo (Ecuador), Suridea (Ecuador) y Amazing Stories (EE.UU.). Autor (entre otros) de: Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk, 2000); Cartografías de la comunicación (2002); Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004); Imaginando a Verne (2018); Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018) e Imaginaciones científico-tecnológico letradas (2019). Capítulos de libros, entre otros: “El monstruo es del sur: más allá de la biopolítica” en Marginalia III, relecturas del canon literario (Carlos Alberto Castrillón y Juan Manuel Acevedo, comps., 2013); “YouTube y el documentalismo global: ecuatorianos en el proyecto Life in a Day” en El documental en la era de la complejidad (Christian León, ed., 2014); “Ciencia ficción ecuatoriana: las exploraciones del futuro de las nuevas generaciones” en El pez solo puede salvarse en el relámpago (Augusto Rodríguez, comp., 2020); “Análisis del discurso de lo político: notas para una metodología aplicada a Twitter” en Comunicación Política: Debates, estrategias y modelos emergentes (Sergio Rivera Magos y Bruno Carriço Reis, eds., México, 2020); “La ciencia ficción ecuatoriana (1839-1948)” en Historia de la ciencia ficción latinoamericana I. Desde los orígenes hasta la modernidad (Teresa López-Pellisa y Silvia G. Kurlat Ares, eds., España, 2020).

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