Caja de luces | Carlos Enrique Saldívar

Por Carlos Enrique Saldívar

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Perú)

 

Importa un comino saber cómo llegué. La cuestión es que estoy aquí. Aquí desde siempre y nunca más volveré a mi lugar de origen. Me han traído a la fuerza, por lo tanto, no lograré salir pronto. Sé que suena confuso, mas no podría explicarlo con mayor claridad, pues la lucidez en este antro no existe, a pesar de estar repleto de luces. ¡Hay tanta luz que al abrir dos veces los ojos casi me quedé cegado! ¡He quedado ciego al mirar por tercera vez! ¡No puedo ver nada! ¡Nada! Sigo sin ver cosas en este momento y, sin embargo… siento la luz.

Estoy atrapado en este lugar que no es real, que no existe. Es pura fantasía, un chiste, una bufonada; si lo sabré yo que a veces, antes, visionaba este sitio desde mi dormitorio y comprendía su estremecedora irrealidad. Quisiera que alguien me comprenda, pero sé que no será así. Estoy enloqueciendo, me vuelvo demente, lo sé, aunque sería gratificante que se entienda la razón de esta insania mía. Por favor, ¿hay alguien ahí que pueda entenderme? ¿Nadie? Ya llevo aquí diez segundos, ¡maldita sea! Es como estar dentro de un clóset. No, es aún más terrible que eso. Es como ser diminuto y hallarse cautivo dentro de un cajón, o estar contraído en una caja de fósforos con los palitos ardiendo. ¡Una caja repleta de luces! Hay luces por doquier. Las veo con la mente. Estoy de pie y encarcelado. No aprenderé a estar en este lugar y, empero, tengo solo cinco segundos para adaptarme y hablar, sino… ¡moriré! Moriré desde el punto de vista cívico, social y espiritual. Ocurrirá dentro de poco.

Escucho una voz a lo lejos. No veo al dueño de esta, pues, como dije, las luces me han dejado ciego y se han metido hasta en mi cerebro. Ahora solo imagino fuego en mis sesos. Resplandores que sí están ahí. Veo luces, siento que estoy hecho de luces, no es ver todo blanco, es como atisbar brillos lacerantes e incoloros que desgarran la córnea, la niña, el cristalino. La retina se me cae a pedazos, me arde, quiero gritar, pero lucharé, aún puedo aprender a sobrevivir. Sé que dispongo de algunos minutos. Esto es más pequeño que un monitor de computadora, el cual también está repleto de cromos luminosos, programas y carpetas, esto es peor, y empeorará en breve, porque ya pasaron los cinco segundos. Oigo voces y camino unos pasos, aunque mi cuerpo suda, tiembla y siento que no puedo avanzar.

 

No

 

NO

 

¡NO!

 

¡Heyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!

 

Ha gritado alguien, alguien o algo. Aquella voz no parece humana. Se ríen. Se ríen todos. Son muchos de ellos y ellas, varias voces. Oigo las voces de un mundo entero, escucho las risas de mi familia; en esta cárcel todos me observan, hasta mis familiares (que tanto decían quererme) me contemplan extasiados. Me ven y nada hacen por mí, solo se ríen mientras me miran sufrir, gozan con mi desdicha, apostando que pronto me caeré de cara y mis ojos se reventarán. Mi madre, mi padre, mis hermanos, mis tíos, abuelos, mi incontable familia se ríe a carcajadas de mí. Mis amigos se ríen de mí, como siempre. Mi linda exnovia, que hace días terminó conmigo de un modo brusco también se ríe (peor que en el instante del rompimiento). Mis otras tres exnovias, que me trataban con miedo y desprecio se ríen de mí. Los nuevos maridos de mis exnovias, incluyendo al de la última atorrante que terminó hace días conmigo, se ríen de mí. Las mascotas de mi familia, de mis amigos, de mis exnovias, de los nuevos amantes de mis exnovias; hasta las mascotas de mis vecinos, junto a sus dueños, se ríen de mí, y los conocidos de mi familia y de todos esos infelices que ya he mencionado se ríen de mí, y los conocidos de los conocidos (y así hasta concatenarse entre toda esta gente que es consciente de mi pena) se ríen de mí; e incluso los solitarios que no tienen amigos, familia, ni mascotas y pasan los días sin amor se están riendo de mí.

Soy un espectáculo. Un vergonzoso espectáculo.

 

VOCES

 

Más VOCES

 

¡CÁLLENSE!

 

Por favor, ya basta, no sé cuánto tiempo pueda soportarlo. Este espacio es inconcebible, el portal hacia otros universos. Si se pueden sintonizar mundos paralelos, otras dimensiones, el cielo o el infierno, este es el espacio ideal, es un limbo donde pasa de todo y nunca pasa nada. Maldito sea este sitio. Remaldito sea yo. Pero ¿cómo dejé que me trajeran aquí? Me engañaron, me estafaron. Han pasado diez segundos. Más voces, y de pronto se me obliga a decir algo, se me exige llorar, gritar, hacer cualquier idiotez. Si no lo hago, moriré y no quiero morir. Es como estar en una caja de cartón pequeñísima llena de luces. Una caja de zapatos, eso es, sin zapatos, repleta de luces y mi pobre cuerpecillo ahí preso. Ponte en mi lugar, imagina un gran dolor en tus sesos, imagina no ver nada más que albores malditos y luego ser consciente de que pronto fallecerás, no por causa de la iluminación desmedida, no porque la brillantez absoluta pueda quemar la carne hasta los huesos (el dolor, aunque sea lento, no me importa), me importa que sufro por causa de los demás, de aquellos malvados que gozan con mi desdicha. Quiero llorar, quiero matar a alguien, siento rabia, mucha rabia, como un perro, como un ratón. SUFRO, SUFRO Y SUFRIRé cual pollo que está siendo degollado. Sufro, me duele; siento un enorme odio por el gran daño que me están haciendo.

 

RISAS

 

RISAS

 

RABIA ASCO ESPANTO

 

Han pasado cinco segundos más y aquí el tiempo tiene un significado especial, pues corre un millón de veces más aprisa que en el tiempo real. Cuando salga de aquí (si consigo salir) seré un hombre viejo. Cuando ingresé, era joven. No saldré siendo el mismo (suponiendo que salga), cosa que me parece muy difícil, porque creo que en esta dimensión moriré. Hay seres aquí conmigo. Ahora esto es una caja de zapatos; ¡sí, una maldita caja de zapatos cubierta de luminosidad donde estoy atrapado! De repente surgen seres, adentro y afuera. ¡Hay criaturas afuera golpeando la caja, batiéndola, y yo adentro, apresado con multitud de seres semejantes! No son humanos. Los escucho reptar, chillar, entrechocar sus infinitas patitas, clap, clap. ¿Que son estas cosas? ¡Maldita sea, se me acercan! Quieren llevarse una parte de mí. ¿Cómo llegué a este infierno? Debería estar haciendo mis labores educativas en la computadora como un joven normal o debería estar buscando algún trabajo mejor que el que tenía hace… ¿cuántos? ¿Seis días? Cuando me despidieron. Empero, no ha sido idea mía venir aquí, o quizá tuve un rapto de locura. El tiempo ya pasó para mí. El sentido del espacio y la existencia se ha desvanecido. Ahora solamente tengo miedo. Transcurren cinco segundos más, escucho una voz, no es humana, se acerca, veo entre reflejos la sombra de una criatura rara, culpable de mis sufrimientos. Detrás de ella aparecen otros seres insólitos.

 

SERES

 

MáS SERES

 

¡LáRGUENSE! ¡LáRGUENSE! ¡FUERA DE Mí!

 

Lo pienso en mi cabeza, pues no puedo hablar ni gritar, solo lloro dentro de mí, nada más sangro internamente. La hemorragia de mis sueños quebrados pronto alcanzará mi corazón, pero ¿qué es esto? ¡Estoy…! ¡Sí, estoy en una especie de nave espacial…! Eso es esto, y las criaturas que me rodean resultan indescriptibles. De súbito las luces me permiten ver. Mis ojos están dejando de sangrar. ELLOS me apuntan con armas gigantes que proyectan más resplandores, los cuales me hacen hoyos en la carne con solo alumbrarme. Abro la boca para gritar, mas no puedo. Intento moverme y ¡sí puedo! Sí puedo movilizarme. Me acerco, decidido, a la primera sombra, al ser sin forma culpable de mi desdicha y ¡gracias, fortuna!, puedo lastimarlo, puedo morderlo. Puedo partirle sus gestos, romper su mirada y consigo sacudir el arma redonda que lleva en su pata derecha cual insecto. Le arranco las antenas de artrópodo cuando, de inmediato, una segunda criatura me aferra las manos, otros dos entes se ubican frente a mí, logro patearlos y alejarlos. Recuerdo algo, algo en verdad importante.

No estoy indefenso.

No podrán capturarme.

No me llevarán con ustedes.

 

ODIO LAS LUCES.

 

ODIO ESTE LUGAR.

 

¡Odio sus malditas luces!

 

Odio las luces. Me acuerdo: en mi tobillo tengo una chaveta con la cual me defiendo. Corto la muñeca de un enemigo, el rostro de otro, clavo mi chaveta en el cuello a otro. Le rebano las alas de insecto a uno más. A continuación, huyen cobardemente. En seguida aparecen nuevos enemigos. Me apuntan con armamentos del tamaño de un hombre grande, los cuales tienen cañones láser y disparan ondas ardientes de luz. Avanzo corriendo hacia ellos antes de que la ráfaga me alcance y los liquido, sé que mueren porque caen. Son débiles. Percibo que se desvanecen porque solo veo resplandores y las ocasionales sombras de estos seres aberrantes. Continúo mi labor asesina con los que veo. Los fulgores siguen ahí como soles eternos. No puedo acabar con todos, nunca podré con todas las luces. Me doy por vencido y siento la ráfaga en mi espalda. Mi rostro recibe golpes como choques eléctricos. ¡Qué cruel es este mundo de luminiscencia que daña mi fuerte masa corporal! ¡Qué tenebrosos son aquellos gritos que nacen de su núcleo! Aullidos que se oyen casi humanos, pero no lo son.

Hice lo correcto, así aprenderán a no secuestrar más almas tristes como la mía. Pero ya casi han acabado conmigo y sé que sangro, siento dolor y siento mi sangre, estoy húmedo. ¿Sangre o acaso me he orinado? Puede ser que sean ambas cosas, me encuentro hecho un desastre. No importa, creo que aquí nadie me ve y a la vez todos me piensan, aquí es como si Dios me estuviera viendo (en realidad él también me mira) y no hace nada por mí, nada.

 

¿Dónde estás, Dios?

 

¡AYúDAME!

 

¡Aún estoy vivo! ¡Aunque no será por mucho!

 

Las luces se difuminan. Y quizá dentro de poco todo esté bien. Tal vez haya logrado vencer a los brillos después de todo. Tal vez aún pueda escapar de esta maldita caja del infierno. ¡El infierno! ¿Acaso es esto el infierno? Sé que lo es y pronto quizá todo empiece de nuevo. Quiero salir de aquí, pero, a pesar de que lo logre de momento, regresaré. Es mi destino. Volveré a esta misma caja o quizá pase a otro tipo de encierro, parecido, pero sin luces. La nueva caja estará llena de sombras y habrá más daño y tristeza allí. Pronto. Dentro de poco.

Disminuyen las luminosidades y casi puedo ver la realidad en la que estoy. Mis células se recomponen. Ya no hay risas, ya no gritos tampoco, solo llantos, murmullos y voces, muchas voces. Me están viendo, esos engendros me tienen, y sé que me escrutan. Dios me ve. Satanás me ve. Millones de estas entidades extrañas también me ven. Se me nubla todo cuando vuelcan la caja en la que estoy. Vuelvo a caer y… quiero salir… NO… no puedo. No hay salida, seguiré aquí y todos me observarán. He cometido un error. Sangre. La percibo; no es mía. Frente a mí hay un muerto sujetando un micrófono, el que animaba la cuestión. Más allá está una bonita chiquilla degollada. Más adelante, un sujeto se retuerce de dolor. Muchos charcos de sanguinolencia. Mi chaveta alejada, yo reducido. Sigo en la jodida caja.

Todos me contemplan. No quiero que lo hagan.

 

ME LASTIMAN CON SUS MIRADAS, ¿NO LO ENTIENDEN?

No me veas, h** infeliz. ¡NO ME VEAS!

PREFIERO LAS LUCES a estas miradas.

 

Pero me siguen viendo y con las estúpidas visiones se crean peores brillos. Sigo sufriendo porque si antes las luces herían, ahora serán mortales. Estoy casi ciego, he padecido. Estoy más calmo que antes, aunque en este momento también sollozo y seguiré soportando una tortura aun peor que la que he experimentado. Querrán vengarse por lo que hice. Sufriré más. ¿Hasta cuándo? No lo sé. Es un hecho que me harán pagar con saña, se desquitarán, pues veo ante mí el resultado de mi ataque a esos seres: el conductor del programa muerto, una modelo muerta; dos concursantes, un guardia y dos camarógrafos malheridos, dos heridos más con lesiones leves. Los cobardes del público huyeron antes de que me cogieran y no ha terminado, claro que no. Fueron las luces, ¿entienden? ¿Se me puede comprender? Sé que suena confuso, pero estuve en una caja, y bueno, sí, era más grande que una caja de zapatos, o el tamaño varía según el punto de vista, supongo, en mi dormitorio pesa lo que una caja de zapatos con el par dentro. Sigo acá. El tiempo y sus modos verbales pierden sus leyes en este universo, ¿me comprenden? ¿Me podrán entender? A lo mejor si lo explico de nuevo puedan darse cuenta de que no fue locura, que me metieron a este universo paralelo y antes de que acabaran con mi vida, me defendí; no tiene caso, les aseguro que seguiré protegiéndome, pues descubro que continúo aquí. Sí, no me iré pronto de este sitio; en la caja permaneceré buen tiempo, quizá acá muera, mas no me importa, ¡me tiene sin cuidado!

 

¡AQUí TERMINARé!

 

Aquí, en esta caja negra que emite resplandores sucios. En esta caja boba, porque, aunque las primeras luces se han ido, de súbito surgen nuevas luces, más luminiscencias fugaces, rasposas, punzocortantes, veloces, intermitentes, flashes. Luces comunicativas, luces de la información, que no solo llegan a todo el país, sino… ¡al mundo entero! Soy un rehén en el centro del infierno, soy noticia. Enseguida se unen más miradas a las millones de visiones que antes me observaban desde sus huecos de inutilidad. Miradas de asco, de odio, de pena, de repugnancia. ¿Me detestan? Pues es un sentimiento mutuo, desgraciados cerdos sin vida.

Percibo ondas de satélite puntiagudas oprimirme.

Cámaras hambrientas que intentan capturarme.

Más miradas. Que me penetran como alfileres.

Y con las miradas nuevas luces, peores que las que me hicieron doler y estallar la mente como una granada que es lanzada a su objetivo. Sufro en demasía, las luces se multiplican a la velocidad del trueno. Sé qué me desmayaré, pues he hecho de todo por escapar de aquí y

 

MIERD*

 

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Carlos Enrique Saldívar (Lima, 1982). Estudió Literatura en la UNFV. Es director de la revista impresa Argonautas y del fanzine físico El Horla; es miembro del comité editorial del fanzine virtual Agujero Negro, publicaciones dedicadas a la literatura fantástica. Es director de la revista Minúsculo al Cubo, dedicada a la ficción brevísima. Es administrador de la revista Babeblicus (literatura general). Finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. Finalista del Concurso Guka 2017. Mención honrosa en I Premio Literario Valle del Pillko. Publicó el relato El otro engendro (2012). Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008, 2018), Horizontes de fantasía (2010) y El otro engendro y algunos cuentos oscuros (2019). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016), Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017, 2018) y Muestra de literatura peruana (2018).

 


Foto portada tomada de: https://bit.ly/2Yyd6cn

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