Refugiados | Juan David Cruz Duarte

Por Juan David Cruz Duarte

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Colombia)

 

(El Bosque Rojo, Ciudad Capital. En un futuro muy lejano)

 

People are not good to each other.

Charles Bukowski, “the crunch”

 

Existen solamente dos partidos políticos en nuestro planeta: X y Y. Cada seis años, los ciudadanos votan por los candidatos de X o por los de Y. Si a alguien no le gustan los candidatos en estos dos partidos, entonces no vota. Esto ha sido así por siglos, y es así de simple. Yo soy miembro de X, siempre he votado por X, mi familia siempre ha votado por X. En X sabemos qué es lo mejor para nuestra especie y para nuestro planeta. Hacemos lo posible por protegerlo, y si esto significa que los imbéciles en Y nos llamarán “proteccionistas”, entonces que así sea. Nosotros los miembros de X en verdad sabemos cómo hacer las cosas.

En términos políticos, X y Y son las únicas opciones disponibles para los habitantes de nuestro planeta; esto es apenas natural. Somos, después de todo, un mundo monocultural. Sin embargo, nuestro planeta no siempre fue así. Aunque nuestro mundo ha sido dominado durante siglos por nuestra cultura, hace unos cuantos cientos de años las cosas eran muy diferentes, y varias culturas coexistían en el planeta. Sin embargo, es natural que la cultura más fuerte se imponga, convirtiéndose en la cultura dominante. Nuestra cultura era la más fuerte, la más pura, por esto prevaleció. Algunos idiotas de Y podrían decir que esto es injusto, pero el fuerte determina qué es justo y qué es injusto. Nosotros fuimos más fuertes, y el poder es justicia. Por estas razones somos un mundo monocultural. Esto es, evidentemente, algo bueno.

Hace un par de años, el primer grupo de carnoides llegó a nuestro planeta. Vinieron en una nave espacial piloteada por una máquina. Nos dijeron que habían estado viajando durante siglos; habían sobrevivido al viaje manteniéndose en un estado de sueño autoinducido, algo así como una hibernación sintética o algo por el estilo. El problema con estos carnoides es que su planeta está completamente jodido, por eso decidieron venir aquí. Hablaban de crisis climática, de polución, de pandemias, yo qué sé. Dicen que las condiciones ambientales en ambos planetas son similares, por lo que concluyeron que su especie podría sobrevivir en nuestro mundo. Las personas en Y sienten lástima por los carnoides, dicen que es nuestro deber ayudarlos. Esto es terriblemente ingenuo. Ellos llaman a los carnoides refugiados; yo los llamo invasores. Dicen que deberíamos aceptarlos a todos, darles una mano. Yo digo que se jodan.

Afortunadamente para nosotros —los habitantes originales de este planeta— nuestro líder actual es un miembro de X. No es el tipo más amable, ni el más elocuente, ni el mejor preparado académicamente, tampoco es el más brillante, pero al menos su corazón está en el lugar correcto. Nuestro líder sabe que la seguridad de nuestro planeta debe ser una prioridad para su gobierno. Voté por él hace cuatro años, y votaría por él un millón de veces más. Gracias a nuestro líder, los imbéciles en Y no han dejado entrar a todos los carnoides. Permitirles vivir entre nosotros sería un desastre. Los carnoides no entienden nuestras costumbres, no comparten nuestros valores y nuestra cultura. ¡Ni siquiera se ven como nosotros! Quizás podríamos aceptar a los más importantes: los científicos, los ingenieros, los empresarios, ese tipo de personas. No necesitamos un montón de vagos alienígenas viviendo en nuestras calles.

Nuestro líder ha establecido Campos de Espera especiales para los carnoides. Recibimos más y más naves cada semana. Los invasores les dijeron a nuestros líderes que sólo quedan unos cuantos millones de ellos. No podemos abrir nuestras puertas a millones de criaturas extrañas. Por eso llevamos a los carnoides a los Campos de Espera. Y vamos a dejarlos allí hasta que el gobierno decida qué hacer con ellos. En este momento, en la Cámara de Representantes, los miembros de X y Y están enfrascados en un debate interminable sobre los invasores. Los imbéciles en Y quieren dejarlos entrar, hablan acerca de la necesidad de diseñar programas gubernamentales para ayudarlos a convertirse en parte de nuestra sociedad. Usan palabras como “integración”, “diversidad”, “solidaridad” y otras idioteces por el estilo. Algunos miembros de X, los más sabios, quieren poner a los carnoides de vuelta en sus naves y enviarlos de regreso a su planeta de mierda; otros quieren ponerlos en cohetes de mediano alcance y lanzarlos a la estrella más cercana. “Que ardan todos,” dicen. Otros miembros de mi partido, los más moderados, han sugerido que mantengamos a los carnoides en los Campos de Espera indefinidamente. Ellos sostienen que, mientras les proporcionemos algo de comida de vez en cuando, los carnoides podrían sobrevivir allí indefinidamente. Supongo que, llegado el momento, podríamos instalar fábricas en los Campos de Espera, y aprovechar la mano de obra barata que estas criaturas podrían proporcionarnos. Otro tema importante que se ha debatido en la Cámara es el de la esterilización de los carnoides. Este ha sido un asunto supremamente controversial. Por mi parte creo que, en caso de permitirles quedarse aquí, nunca deberíamos dejarlos salir de los Campos de Espera. Este es un privilegio que sólo se debería otorgar a los individuos más excepcionales. Y si a fin de cuentas decidimos dejar que estos animales vivan en nuestro planeta, al menos deberíamos esterilizarlos a todos. Si los imbéciles en Y no quieren hacer esto, entonces deberíamos enviar a todos los carnoides de regreso a su mugroso mundo, o tal vez ahorrarles esa agonía y quemarlos en la estrella más cercana. A mí me da igual.

Hace unas semanas, un pequeño grupo de carnoides escapó de uno de los Campos de Espera. Su líder, una hembra conocida como Poli-K-Pa, mató a uno de los guardias e intentó liberar al resto de los carnoides. Por fortuna, la fugitiva fue prontamente recapturada por otro guardia. Sus cómplices nunca fueron encontrados, se cree que se han refugiado en la espesura del bosque. Ayer por la mañana, horas antes de que se llevara a cabo su ejecución, la carnoide escapó nuevamente. En las horas de la tarde lanzó un dispositivo explosivo al cuartel general del principal Campo de Espera. Algunos de los miembros de Y dijeron que esta bestia es una “rebelde”, yo creo que esta palabra es demasiado buena para una criatura semejante. En lo que a mí concierne, ella no es más que una sucia terrorista.

Anoche, la fugitiva fue recapturada y ejecutada en la Plaza Central de la ciudad. Creo que esto fue un error. Ella debería haber muerto a puerta cerrada, bajo tierra, lejos de los ojos de los ciudadanos. Ahora, su muerte podría convertirse en una leyenda. Los más incautos podrían convertirla en una mártir, en una heroína. Matarla en público fue un grave error. Cientos de cachorros carnoides han muerto en los Campos de Espera (quizás los Campos son demasiado fríos para sus cuerpos frágiles, o tal vez la comida que les brindamos no es ideal para su organismo). Pero a nadie le importa esto, porque nadie ve cuando sucede. Pero matar a un carnoide en público, sacrificarla como una criatura sagrada, eso es algo totalmente diferente. Y este error tuvo consecuencias negativas para nuestra comunidad. Los invasores han logrado, por fin, atentar contra la paz de nuestra sociedad. Desde muy temprano en la mañana, algunos ciudadanos han estado marchando frente a la Cámara de Representantes. Exigen “justicia para Poli-K-Pa”, piden que “respetemos los derechos de los refugiados”. Quieren que los liberemos a todos. ¡Idiotas! ¿No pueden ver que están apoyando a aquellos que algún día podrían invadirnos? ¿Quieren acaso que seamos reemplazados? ¿No entienden que estos carnoides podrían convertirse en la especie dominante en nuestro planeta? Estas criaturas destruyeron su propio hábitat, y ahora están buscando un mundo nuevo; un nuevo planeta para envenenar, contaminar, enfermar y destruir. Algunos de los imbéciles liberales que protestan afuera de la Cámara de Representantes (tristes marionetas de los líderes de Y) incluso han llegado a exigir que dejemos de llamar a los invasores carnoides; debemos llamarlos “refugiados”, dicen. Otros, los más radicales, creen que deberíamos llamarlos como ellos se llaman a sí mismos: humanos. ¡Humanos! Pero qué palabra más estúpida.

 


Juan David Cruz Duarte nació en Bogotá, Colombia. En el 2018 obtuvo su doctorado en literatura comparada en la University of South Carolina. Sus cuentos y poemas han aparecido en Máquina Combinatoria, Five:2: OneBurningwordJasperBlue Collar Reviewthe Dead Mule School of Southern LiteratureFall Lines, Escarabeo, etc. Sus ensayos han sido publicados en Variaciones Borges, Divergencias, y La raza Cómica. Varios de sus artículos y caricaturas políticas han aparecido en Las2Orillas. Su trabajo académico se ha enfocado en el estudio de la ciencia ficción latinoamericana de los siglos XX y XXI. Cruz Duarte es el autor de la colección de relatos Dream a Little dream of me: cuentos siniestros (2011), la novela breve La noche del fin del mundo (2012), y la colección de poemas Léase después de mi muerte (Poemas 2005-2017). Actualmente Cruz Duarte vive en Bogotá.

 


Foto portada tomada de: https://pixabay.com/es/illustrations/fantas%C3%ADa-noche-escalera-universo-4063619/

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