El mensajero | José Lozano

Por José Lozano

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Escribir una historia para un niño supone un reto difícil de afrontar, por la gran inocencia e inteligencia que exige el pensar como niño. Por eso he decidido que es mejor escribir una historia real, la historia de un niño, un niño que no quiere callar…

Es más fácil retratar con letras la realidad que construir fantasías que se puedan hacer realidad.

Todo comienza con el segundo o tercer rayo de sol, su sonrisa avisa que ya amaneció, lo primero que hace es despertar con besos, caricias y hasta un par de golpes a sus dos guardianes, más viejos que él, pero igual de extraños (sus voces, cabellos, ropas e ideas todas muy extrañas, pero buenas y divertidas)

Estos al despertar, inmediatamente dan los buenos días al pequeño y le recuerdan que juraron protegerlo por siempre, luego un cruce indiscriminado de risitas, besos y abrazos, es la antesala del principio del día.

El pequeño sale de su cama escoltado por sus guardas y desplegando sus dos pequeñas alas blancas atraviesa el largo pasillo blanco hasta llegar al pequeño altar que curiosamente tiene un gran ventanal que hace las veces de balcón, desde allí el pequeño puede ver todas las estrellas, aun cuando es de día, y puede escuchar las voces e todos aquellos que tienen algo que contar. Niños, ancianos, hadas, bestias, bosques, montañas, duendes y ríos. Todos en algún momento tienen algo que contar, ya sea queja, alegría, letanía o epifanía. El pequeño todo lo podía escuchar y desde su altar, frente a sus estrellas y la voz de quien quiere ser escuchado, él cantaba todas las mañanas sin parar, todo aquello que escuchaba, él lo cantaba, para que el cielo pudiera escuchar.

Su canto a veces estaba hecho de risas, de carcajadas, de gritos mal educados y de notas muy altas llenas de su luz, él nunca callaba, no hasta que el cielo supiera lo que sus hijos sentían y tenían que contar.

Al llegar la noche, cuando su garganta ya se cansaba y no podía cantar más (por que querer, él siempre quería), regresaba a su cama con sus dos guardas, estos prestos a velar su noche y el pequeño presto a descansar y a soñar con sus estrellas y con volver a cantar.

 


José Lozano. Quiteño, 15 años en Mercadeo, Publicidad y Comunicación. Inicia sus primeros relatos como parte de talleres literarios en la Universidad durante la carrera de diseño gráfico publicitario y comunicación, para continuarlos de manera informal durante toda su vida hasta la actualidad sin intención específica de publicar, escribe para amigos, familia y para sí mismo, tras diez y ocho años de compilar sus escritos informales decide revisarlos y buscar publicar.

 


Foto portada tomada de: https://www.pexels.com/es-es/foto/persona-arte-creativo-amarillo-5716295/

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