¿Y por qué ciencia ficción? | Leonardo Wild

Por Leonardo Wild

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Una nave de combate espacial negra persigue a una blanca. En el trasfondo brillan las estrellas. Destellos rojos de láser salen de las alas de la nave negra. El ala izquierda del caza perseguido explota…

Un dinosaurio muerde la cabina de un “Landrover”. Los chillidos de dos niños hielan la sangre…

Estas dos son escenas que probablemente la mayoría de nosotros ha visto. Aparecen en el cine, en la televisión, en libros. Ambas parten del género que se conoce como ciencia ficción que, más allá de los efectos especiales, puede transmitir un trasfondo profundamente humano.

La ciencia ficción es tal vez el único género literario cuyo tema central, la ciencia y sus efectos en la sociedad, nos permite reflexionar sobre nuestro mundo tecnológico.

¿Por qué? ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué se debe considerar a la ciencia ficción como algo serio, de beneficio inmediato?

Bueno, primero hay que definir qué es ciencia ficción. Esto, ciertamente, no es fácil. ¡Hasta aquellos que creen conocer el género a fondo tienen problemas en decir qué es ciencia ficción!

Muchos tachan a la ciencia ficción como literatura de escape. Es decir, un tipo de relatos concebidos para aquellos que leen o ven películas que nada tienen de común con la realidad. Los que así juzgan la ciencia ficción pierden tal vez una oportunidad de ver el mundo con otros ojos: unos ojos más críticos, que comprenden lo que ven.

Según uno de los artículos de Isaac Asimov (maestro de la ciencia ficción y escritor de divulgación científica mundialmente famoso), hay dos tipos de ficción: 1) ficción realista y, 2) ficción surrealista.

La ficción realista trata sobre eventos cuyo trasfondo social no se diferencia en mucho con lo que ocurre hoy o ha ocurrido en la historia. No hay razón para creer que las situaciones presentadas por el autor no pueden o pudieron haber sucedido.

Por el contrario, la ficción surrealista trata sobre sucesos cuyo trasfondo social no existe o nunca existió. Se presenta en dos formas distintas: “fantasía” y “ciencia ficción”.

La ciencia ficción se diferencia de la fantasía por exponer las reacciones de “gente” (sea esta terrestre o extraterrestre) frente a cambios provocados por la ciencia y la tecnología.

La fantasía, por su lado, presenta un trasfondo cuya existencia NO puede deducirse lógicamente de cambios provocados por la ciencia y la tecnología.

En otras palabras, a diferencia de la fantasía (que muchos confunden con la ciencia ficción), la ciencia ficción necesariamente requiere como base de su trama o trasfondo un elemento científico.

Si la ciencia dice que después de 2 viene 4, luego 6, luego 8, el autor de una historia crea una situación en la que presenta el por qué es muy probable que exista un 10, seguido por un 12 y así sucesivamente: una extrapolación. Es decir, lleva a la ciencia al extremo de lo conocido y un poco más allá…

¿Y qué fuera si sucede esto o aquello…?

En la ciencia ficción “dura”, la que presenta extrapolaciones de las ciencias exactas (matemáticas, física, química) y de ciertas ciencias naturales, esto no es muy difícil hacer. Tan solo se requiere conocer la ciencia y crear alrededor de algún punto crítico un relato ilustrativo. Por ejemplo:

“Estrella de neutrón”, un cuento que ganó el premio Hugo (el más nombrado dentro la ciencia ficción) escrito por Larry Niven, es un clásico de la ciencia ficción dura. Trata sobre los efectos del campo gravitacional de una estrella de neutrón (una estrella de neutrón, por cierto, aunque aún una teoría, es aceptada por la astrofísica).

¿Cuál será el valor de un cuento como este?

“Estrella de neutrón”, como otros similares, me ayudó a comprender, mientras me divertía, los efectos de la gravitación. En este cuento el autor llevó todo a tal extremo, que causó la muerte de dos personas. El protagonista tuvo que resolver el misterio de una muerte violenta… ¡sin sucumbir en el proceso!

En muchos casos las ideas presentadas han sido utilizadas en la ciencia y posiblemente han acelerado ciertas investigaciones que de otra manera nunca se habrían hecho, o tal vez mucho más tarde.

(¡Un número considerable de científicos confiesan haberse interesado en la ciencia porque en su juventud leían ciencia ficción!)

¿Pero y qué hay de las otras ciencias? Pues además de las ciencias exactas tenemos a las ciencias naturales (geología, geografía, biología, etc.) y a las ciencias sociales (psicología, antropología, sociología y otras). ¿Cómo extrapolar sobre ellas?

¡He aquí precisamente la belleza de la ciencia ficción! Los cuentos que bregan con estas ciencias son los llamados relatos de ciencia ficción “suave”.

Como mencioné anteriormente, dependiendo de su presentación y de su importancia dentro de la trama, las ciencias naturales también pueden considerarse como base para una ciencia ficción dura.

Desde las posibles formas de sociedades extraterrestres hasta los peligros de una ecología mundial fuera de control, desde los efectos de la longevidad en los seres humanos hasta la moralidad del control sobre otras formas de vida, la ciencia ficción logra cubrirlo todo, con más o menos éxito.

¿Civilizaciones desaparecidas? ¿Nuevos hombres para nuevos mundos? ¿Viajes espaciales? ¿Inteligencia artificial? ¿Entropía y el fin del universo?

Pregunte, ¡y algún autor de ciencia ficción tratará de responderle! En muchos casos errarán, pero en algunas ocasiones darán en el clavo. Las preguntas que muchos autores se hacen implican casi siempre: ¿qué es mejor para el ser humano; esto o lo otro?

Todos los que vimos la película Parque jurásico quedamos impresionados (para bien o para mal) sobre la barbaridad de encontrarnos cara a cara con una especie extinta: los dinosaurios. Ya sea en la ingeniería genética o en la psicología molecular, Michael Crichton es uno de los autores que presenta con mucho dramatismo los peligros de la ciencia, especialmente en el campo de las ciencias naturales.

Otra novela clásica, Un mundo feliz, escrita por Aldous Huxley, nos enfrenta con el mundo en el que la neurociencia y el control masivo de la ciudadanía cambian radicalmente la estructura social. En su novela toca temas como la libertad y los derechos humanos, temas que son y serán para siempre base de toda sociedad.

Hay novelas como las de George Orwell, 1984, que alertan sobre los peligros de un control social totalitario, poniendo de manifiesto el colapso de la identidad individual.

O, sin ir más lejos y dentro de nuestro propio ámbito literario, Profundo en la galaxia, de Santiago Páez: ¡La primera obra de ciencia ficción publicada como tal en el Ecuador! Aunque incluye universos paralelos (física cuántica), su enfoque primordial es la antropología. Y, por lo tanto, ya que parte de las ciencias sociales, es ciencia ficción “suave”. A través de su libro logramos discernir realidades que de otra manera se mantendrían ocultas. ¿O tal vez simplemente nos abre la mente a nuevas perspectivas sobre nuestra propia cultura?

Creo que con esto es suficiente para responder a la pregunta: “¿Y por qué ciencia ficción?”

Porque este género nos permite reflexionar sobre el efecto que tiene la ciencia y la tecnología en nuestras vidas. Cuando los autores exprimen la esencia de lo que ocurre en el mundo cotidiano, tratan de comprender y luego hacen resaltar los crecientes conflictos que amenazan con transformar la faz de la Tierra.

 


Leonardo Wild. Escritor ecuatoriano-norteamericano. Estudió en Lord Fairfax y Nova College, Virginia. Escribe ciencia ficción desde 1996. La primera fue escrita en alemán, Unemotion (1996) la cual fue recientemente publicada en español bajo el título de Yo artificial (2014). Entre sus obras se tiene: Oro en la selva (1996); el ensayo: Ecología al rojo vivo (1997); Orquídea negra o el factor vida (1999); Cotopaxi, alerta roja (2006). Más recientemente ha publicado una reedición de su novela El caso de los muertos de risa (2019).

 


Foto portada tomada de: https://www.pxfuel.com/es/free-photo-qjlwg

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