La torre | Guadalupe Genaro Guerrero González

Por Guadalupe Genaro Guerrero González

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde México)

 

La claridad de la tarde era aprovechada por el joven Gastón de veinte años. Se encontraba sentado sobre la tierra, descalzo. Al mismo tiempo atrapaba con sus brazos delgados partes de sus rodillas y se decía a sí mismo: «Otro día más que está por terminar». A la vez contemplaba su casita hecha de troncos y de palma; en el patio unas lámparas de petróleo estaban listas para ser encendidas cuando llegara la oscuridad. En ese momento, sin querer, daba la espalda al cultivo de maíz e imaginaba que el viento ondeaba las espigas del maíz como su cabellera. Y de vez en cuando se subía al columpio que tenía bajo el árbol, y de ambos ángulos siempre miraba la casita. Pronto fue notando que siempre llegaban aves, parándose encima: en realidad, lo hacían, día tras día, para descansar y de felicidad lanzaban sus cantares relajantes para embellecer las tardes o quizás buscaban a sus parejas. Momentos después levantaban el vuelo en busca de una mejor vida, su destino no era ahí para hacer sus nidos.

Otras aves seguían volando frente a sus ojos, y no dejaban de cantar; las miraba partir, perdiéndose entre la maleza.

El joven de mirada serena se daba cuenta que estaba atrapado en un mismo lugar; todo lo que hacía era sin sabor, únicamente por rutina. Caminaba analizando que el mismo día no era igual a otros. A veces le parecía que era brillante como la felicidad de quienes son exitosos y, en otro momento, gris, de esos que te encierran en la soledad; no siempre había cultivo de maíz. Contemplaba la naturaleza al igual que las aves, todo eso terminaba en un círculo, en una lección. Por iniciativa propia comenzaba a girar una y otra vez con los brazos extendidos. Entusiasmado decía:

—Todo aquel que siente que no puede dar un paso hacia adelante debe intentarlo con mucha firmeza, como lo hace el cazador tras su presa, cuando va caminando entre la neblina.

Fue así como Gastón rompía el hechizo y se animaba aventurarse.

—Yo puedo, es el momento de sembrar una semilla en mi mente; porque ser joven es maravilloso, voy al escenario de una vida mezclando fuerza.

Tiempo más tarde Gastón corría la voz:

—Cuando estaba logrando los sueños me temblaba el corazón de la emoción, porque ya puedo oír mi voz, ya puedo mirar mi cara en el espejo, Aun así, no soy superior a nadie. Únicamente mido mis pasos para no caer. Lo que hice fue buscar una fórmula para crecer y la encontré.

He terminado de construir una torre [cuerpo, alma y mente] que resiste a las tormentas. Y sobre la torre siguen volando las aves en libertad.

 


Guadalupe Genaro Guerrero González. Nacido al sur de Tamaulipas, México (Tierra de Janambres) el 19 septiembre de 1966. Escritor Independiente. Autor del libro, La entrevista: una conexión con los desafíos personal (2017) y de la novela, Ojos de Cielo (2018). Colabora con las revistas: Revista de Literatura y Arte Monolito y Almayer 2020. Correo: guage_09@hotmail.com

 


Foto portada tomada de: https://pixabay.com/es/photos/sombrero-de-paja-campesino-2120656/

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