El mirlo que descubrió su canto | Clarita Guamán Naranjo

Por Clarita Guamán Naranjo

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Gráficos diseñados por su autora: Clarita Guamán Naranjo.

 

Descendiente de origen desconocido, un tercer huevo apareció en el nido, cubierto con sutil hojarasca, como si fuese su primer manto, en medio de una tibia noche y cálidos vientos de verano.

Sin diferencia aparente con los otros dos huevos, pues todos lucían unas deliciosas manchas marrones sobre un fondo verde azulado, lo que yo miraba era, un trío de adorables cascarones.

En albas y truenos cuidé de ellos, asegurando su nido a las ramas de un antiguo arupo blanco.

Cometa — mi perro — amaneció agitado un día, dando vueltas y realizando piruetas cerca del nido, insistiéndome a salir de mi labor, e inundando de ladridos el vergel.

¡Oh sorpresa! Eran aquellos huevos que estaban rompiéndose de a poco, meciendo el nido de un lado a otro, mientras la vida de nuevas aves se abría paso con sonidos afables para el aire.

Aparentemente frágiles, se veían en principio estas aves, de profundo y brillante plumaje, con ojos de capulí y centella, picos largos y encorvados; juntos, aferrándose entre sí como hermanos.

En cada cambio de nubes, fuertes se hicieron sus plumas, firmes sus patas y garras; más algo áspera y gruñona su apariencia.

De repente y sin previo aviso, mientras el verano seguía su curso, dos de aquellas aves se mostraron un día con sus gruesos, graves y toscos cantos, como si golpearan las paredes de una caja vacía de madera, como reclamantes de algo invisible. Graznidos inquietantes, perturbadores, imponentes, que chocaban con el titubear de su pequeño hermano, pues no cantaba, no imitaba, no se hacía sentir.

Vacilante aquel plumífero, de pico amarillo, ojos de capulí y centella, plumaje moteado y claro, era tímido ante sus hermanos, quienes con brusquedad exigían de él una señal, sin comprender que su llegada al nido ocurrió porque un extraño pretendió burlar a la naturaleza.

Él, que ostentaba un cierto grado de delgadez, hizo de Cometa su amigo, confiándole en las tardes de tertulia en el jardín, sus más íntimos pensamientos.

—¿Por qué no puedo cantar, Cometa? —le preguntó a su confidente fiel, en una de aquellas tardes.

—¿Por qué no soy compañero en sus vuelos? —exclamó alzándose al cielo, mientras Cometa lo contemplaba acostado en la yerba.

Después de esa conversación, Cometa percibió que su ligero amigo sufría, no podía quedarse de patas cruzadas, tenía que ayudarlo.

—¡Oye tú plumífero! —le dijo con un tremendo ladrido.

—¿Qué necesitas Cometa? —fue su respuesta.

—Tengo la solución a tus preguntas —dijo Cometa— es simple, todo está en ti.

—¡Atrévete a cantar con tu propio canto! ¡Busca tus sonidos!

Fue entonces que, desde aquel ladrido, convertido en eco, el ave de pico amarillo se atrevió, descubriendo en su canto tonadas dulces, con toques de travesura y candidez.

Sus hermanos complacidos, lo rodearon con sus alas, diciéndole: “No queríamos de tu pico un graznido, solo ansiábamos escuchar la melodiosa flauta de tu gorjeo; porque desde siempre supimos querido hermano, que éramos distintos, nosotros unos cuervos magníficos, y tú, un joven mirlo.”

Un alivio infinito abrigó al amigo Mirlo, a Cometa su confidente, y al jardín entero. La identidad de quien era al fin logró expresarse de manera diáfana.

Sus hermanos Cuervos, al verlo más seguro, le graznaron desde la copa del arupo:

—¡Vuela con nosotros compañero!

—¡Juega entre las ramas de los árboles!

—¡Siente el correr del fuego en tus venas!

—¡Que por fin has descubierto tu canto!

Mirlo inspirado por tanta algarabía, aleteo sus alas pavoneándose ante Cometa, hasta que finalmente y con un veloz impulso se unió a sus hermanos Cuervos.

En tanto yo, desde el vestíbulo de mi rancho, miré como aquel nido iba quedando vacío, apenas conservando los recuerdos de aquellas aves, y aguardando por los sonidos mágicos de sus gorjeos y graznidos.

 

 


Clarita Guamán Naranjo (Quito, 1975). Ecuatoriana, escritora de literatura infantil. Su pasión por las letras ha estado viva desde siempre, logrando materializar su proyecto de cuentos infantiles en el libro titulado: Viajando con la Lecherita y sus amigos, editado y publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”. Este libro de aproximadamente 54 páginas, que contiene 10 cuentos totalmente ilustrados, es su opera prima como escritora profesional, ofreciendo una nueva alternativa de lectura para niños, niñas, padres de familia, docentes y lectores en general; porque la lectura al ser parte de la vida, hace que los libros se conviertan en compañeros de viaje, de estudio, de preparación.

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