Ciencia ficción, como literatura del conocimiento o como literatura educativa | Mircea Băduţ

Por Mircea Băduţ

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Rumanía)

 

Preámbulo

Consideremos la perspectiva que presenta el perfil estadístico de ciertas preferencias literarias. En esta se constata que la ciencia ficción siempre ha sido una opción favorita para dos grupos demográficos: por un lado, niños y jóvenes –incluidos los que podríamos identificar pseudo-psicológicamente con los “jóvenes perennes”– y, por otro lado, aquellos interesados ​​en el conocimiento científico –que teniendo en cuenta alguna expresión arbitraria, los podríamos identificar con los “nerds”–. Notemos que las dos categorías demográficas no están precisamente desarticuladas, y es en este contexto que hallamos una de las claves de la afiliación de la ciencia ficción al universo de la educación personal.

Comencemos este ensayo, justificado cronológicamente y, como ejemplo, con una pequeña mención a Jules Verne, cuya lectura para muchos de nosotros en la práctica reemplazo en su momento a los áridos libros de texto durante la escuela secundaria. También en la primera parte del siglo XX, H.G. Wells despertó el interés por las fantasías científicas. Pero, ya llegando al día de hoy, concordamos que los escritos de Isaac Asimov serían con seguridad el ejemplo favorito de la idea de autodidactismo para el lector si enfatizamos su probable interés por los campos objetivos de la física, la robótica, la astronomía, la cosmología, la xenología, además de la moralidad. Aunque cabe decir igualmente que través de otras producciones literarias de las últimas décadas del siglo pasado, también llegamos a disciplinas más alejadas de la vena clásica de la ciencia ficción –vena revelada a mediados de un siglo marcado por la idea de interacción cósmica– como la psicología, la sociología, la antropología, la ecología, la biología, la entomología, etc. Los más recientes nombres de escritores que van por aquella son: Brian Aldiss, Frank Herbert, Ursula K. Le Guin, George R.R. Martin, Philip José Farmer y otros más.

Contexto para el autoaprendizaje

Sin embargo, es imperativo la necesidad de un enfoque mínimo de teorización. Es así como podríamos asimilar el hecho de que la mayor parte de la prosa de ciencia ficción se suscribe a la siguiente definición: una aventura humana –individual, grupal o de especie– llevada a cabo en condiciones extraordinarias –en un mundo que se diferencia de nuestro mundo ordinario por una o más desviaciones de la legitimidad natural–, en el contexto de una coherencia cuasi científica –es decir, desplegándose dentro de los límites de una plausibilidad, por muy elástica que sea–. Identifico en esta definición –definición que expongo aquí para el juicio público– tres elementos: 1) aventura, experiencia, drama; 2) anomalía, excepcionalidad; y 3) el marco de coherencia lógica, de veracidad potencial.

Si bien la prosa de la corriente principal –main-stream, ficción o no ficción– y la prosa de la fantasía –fantasía– cubren dos de estos elementos esenciales, solo la ciencia ficción se desarrolla con los tres y es precisamente esta tríada la que asegura su definitivo entrelazamiento con lo sublime y el conocimiento.

Quiero atenerme a los tres elementos de la definición recién señalada líneas atrás. En el elemento 1) aventura humana, notamos rápidamente que podríamos obtener una extensión de la definición si renunciamos a la partícula “humano”, en el sentido de que los personajes de la prosa de ciencia ficción pueden ser entidades distintas a los humanos –animales, inteligencia artificial, entidades extraterrestres–, los cuales al final también tendrán experiencias similares a las humanas, si consideramos que de momento la literatura está destinada a las personas. A mi modo de ver, un ejemplo útil de una epopeya no humana se encuentra en la novela Ants, escrita por Bernard Werber.

El elemento 2) de alteridad, de ilegitimidad clave, el que proporciona la premisa fantástica, implica una desviación de la física, desde la psicología o la biología, desde estas ciencias fundamentales tal como las conocemos hoy. En otras palabras, la extensión de una coordenada de la realidad más allá de lo normal / lo ordinario; una trascendencia científica como premisa para lo extraordinario. Viaje espacial –espacio cósmico–, viaje en el tiempo –hecho con una “máquina del tiempo” o asumido por anticipación de un momento en el futuro–, mundos paralelos, potencias telepáticas, habilidades extrasensoriales y similares, son elementos que nos sacan de nuestro universo cotidiano y doméstico, despiertan nuestra imaginación, nos desafían a ponernos en el lugar de los personajes de ciencia ficción.

Pero, nota bene, este desencadenamiento pretende ser coherente, pues el elemento 3) de la definición nos muestra que el juego de la fantasía se desarrolla con cierta disciplina. Por respeto a los lectores –por su forma de pensar–, la especulación permanece en un marco de cuasi credibilidad, a diferencia de la literatura fantástica, donde “todo está permitido”, aunque un ya clásico como Philip K. Dick casi desafía esta necesidad de lógica de tipo ciencia ficción, lo cual es bueno siempre que el desafío sea constructivo. Y, por cierto, notamos que en los últimos años la demarcación entre ciencia ficción y fantasía es cada vez más frágil, lo mismo que sucede con lo bueno y con lo malo. De hecho, el límite entre la libertad de la fantasía y esa coherencia del conocimiento científico es inefable y dinámica, y creo que no deberíamos teorizarlo con demasiada insistencia. Tanto la fantasía como el conocimiento son atributos esenciales para nosotros, y tal vez la literatura de ciencia ficción merezca admiración precisamente por su demencial coraje para jugar en el límite exacto entre ellos.

Componentes polarizadores

Si aceptamos como inmanente la función de la literatura ciencia ficción, la función educativa, también podemos identificar una serie de aspectos a través de los cuales la lectura muestra un valor concreto de auto instrucción, tanto en términos de conocimiento cuantitativo –asimilación de conocimientos–, como de conocimiento cualitativo –práctica del pensamiento abstracto–, desarrollo de habilidades de relación y síntesis. Por supuesto, en la edad de la infancia y la adolescencia, la adherencia del género ciencia ficción al lector depende de unas premisas psíquicas muy naturales: la curiosidad, vitalidad espiritual, pero también cierta predisposición al análisis contemplativo o incluso a la introspección. Aunque estamos dispuestos a aceptar que la atracción es lo más natural posible, el tema se puede analizar más a fondo.

Quizás debemos afirmar que el ingrediente principal que nos ofrece la ciencia ficción pertenece a la categoría de “descubrimiento del mundo”, aunque, en apariencia sea paradójicamente un mundo incongruente con el real. Es solo que aquí la incongruencia proviene de un derivado del mundo real, un derivado provocador, que requerirá sinapsis más animadas. Además, parece que un toque de dramatismo, de experiencia humana, nos ayuda a arreglar mejor la información. Y vuelvo un poco a Verne, a quien le debo muchos conocimientos de física, química y geografía: estaba claro que después del episodio del Capitán Hatteras, la temperatura de solidificación del mercurio permanecería en mi mente de manera más eficiente que en el libro de texto de química. Podemos comprobar en realidad que las cosas descubiertas a través de esas lecturas complementarían los conocimientos de la escuela si las emulamos. Además, en Julio Verne tenemos otro ingrediente, más de un sustrato psicológico, el positivismo: sus personajes triunfan y los problemas se resuelven. ¡No me malinterpreten! No soy fan de Jules Verne. Ahora me costaría leer algo escrito por él de buena gana, pero eso no niega esos aspectos concretos. En términos de autoeducación, sus escritos siguen siendo un ejemplo brillante.

También notamos, como particularización al conocimiento a través del experimento imaginativo –que sería el concepto raíz aquí–, y la tentación de la predicción, presente en el género ciencia ficción a través del componente de anticipación, con sus desafíos naturales de conocer el futuro o trascender a mundos / universos alternativos. Y notamos en la alternativa que en la cultura rumana el concepto de anticipación es a menudo equivalente al de ciencia-ficción, aunque en stricto sensu el término se referiría solo a las ideas de ciencia ficción dirigidas a la anticipación, el futuro, las utopías, los escenarios hipotéticos what-if en el eje positivo. Y hablando de la tentación de la precognición, del experimento utópico, es revelador que en el volumen 2 de la Enciclopedia de la anticipación rumana (Eagle Publishing House, Bucarest, 2017) Mircea Opriţa incluyó una impresionante serie de escritores rumanos pertenecientes a la literatura clásica –main-stream– que se sintieron atraídos concretamente por la idea de anticipación: Tudor Arghezi, Nichita Stănescu, Alexandru Macedonski, Eugen Ionesco, Mircea Eliade, Horia Lovinescu, Gib Mihăescu, Ion Minulescu, Geo Bogza, Ioan D. Sârbu, Ion Marin Sadoveanu, Victor Eftimiu, Mircea Cărtărescu, Ioan Petru Culianu, IL Caragiale, Vasile Voiculescu. Después de todo, más allá de la fantasía, la experimentación de la predicción se injerta en una función importante de la psique humana: la necesidad de planificación.

Digamos, con todo, que los mundos imaginados en los escritos de ciencia ficción, por fantasiosos que sean, todavía tienen sus legitimidades, que el lector siente y asimila. La inmersión mental como en un juego serio, un juego con apuestas y reglas, contribuye al desarrollo de la lógica del lector y –quizás inconscientemente– a la apreciación de la idea de coherencia. Definitivamente, la intuición de las reglas del juego es un elemento esencial de atracción. Y esas cosas contarán significativamente en la niñez y la adolescencia, los períodos de mayor desarrollo intelectual. Sí, un niño “alimentado” con Philip K. Dick probablemente tendrá una naturaleza diferente al “criado” con Isaac Asimov, pero esto es un riesgo de “nutrición no diversificada” y es parte de los eventos de nuestro mundo, el mundo real, en el que un joven se convierte en artista y otro en técnico, y solo un anciano como yo imagina a su hombre como técnico y artista. Y, sobre todo, notaremos que esta deformación lógica en la creación de ciencia ficción a menudo tiene connotaciones éticas, ya que la lealtad al juego implica lo imaginativo y el elemento de responsabilidad.

Equilibrio en todo

Quienes forman parte de las generaciones –hoy o ayer– que crecieron con la ciencia ficción pueden reconocer y confesar naturalmente las valencias entre este género literario y la aventura del conocimiento que cada uno asume de una forma u otra. Además, los psicólogos y sociólogos probablemente puedan nombrar los aspectos concretos que contribuyen al desarrollo intelectual y cultural de los individuos en el mundo actual como, en cierto modo, he probado en las líneas anteriores. Pero no será una sorpresa descubrir que una inmersión demasiado profunda y prolongada del lector en universos de ficción puede afectar el agarre de la realidad. Porque la experiencia ciencia ficción y fantasía es honesta solo mientras no sea obsesiva, y solo es beneficiosa si no es exclusiva.

 


Mircea Băduţ se graduó en la Facultad de Ingeniería Eléctrica en 1992, en Craiova. Ha publicado once libros de informática en diversas editoriales del país: La computadora de tres tiempos (2001, 2003, 2007, 2012), AutoCAD de tres tiempos (2004, 2006, 2011), Sistemas de información geográfica GIS (2004, 2007), Sistemas de geoinformática para energía eléctrica (2008), Sistemas de geoinformática para administración e internos (2006), Informática en gestión (2003), Conceptos básicos de diseño con MicroStation (2001), Conceptos básicos de diseño con Solid Edge (2002, 2003), Informática para gerentes (1999) ), Computadora personal (1995), Conceptos básicos de uso y programación de PC (1994). Ha escrito más de trescientos artículos técnicos y científicos para revistas en Rumania, Alemania, Francia y Estados Unidos. Participa con ponencias en varias decenas de conferencias y simposios técnicos y científicos en Rumania y en Europa. También escribe prosa de ciencia ficción en Almanacs Anticipation (1997) y Science Fiction (2007), además de la revista Helion (Timisoara). Es coautor, junto con su hija, del libro Family Fictions (2011). (Tomado de Serial Readers: https://serialreaders.com/4811-biografie-mircea-badut.html)

 


Foto portada tomada de: https://pxhere.com/es/photo/1147743

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