Cantares de octubre | María Fernanda Andrade Beltrán

Por María Fernanda Andrade Beltrán

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Laureles y cartones revestían el crepúsculo milenario

las calles de Kitu, más que antaño, ríos de adalides sudaron.

La impudicia del hombre tunante

se acorazó ante un solo ideario.

 

En un soto incauto y sordo estábamos

mi alma y yo parados.

El eco de la centuria intuía

que el tesón al final estallaría.

Los sigses quitenses nos estaban avisando.

 

Caminó octubre con sus hijos hacia la esfera.

Racimos curcos con almácigos en la cara

y paspa guerrera de cordillera

como el fruto de las mazorcas, estaban enfilados

como cuando el alevoso tocó un grano desde un tierno cielo

que bendijo a indios, negros y mezclados.

 

Cargando tostado en su cinto,

panela en agua para la saliva seca.

Blanca venía soplando.

 

Cantares de cuna, zampoñas de cantares

susurraba el norte

enseñándonos a lentos y a nuevos

cómo fundir el despedazado barro.

 

Las voces de un cuento supay

escalaban la cinta panamericana,

y contaban a los más jóvenes,

que, al día siguiente, serían los grandes héroes.

Aunque el miedo es ausente en el cobre

el viento en el huerto agitaba.

 

Nuestra espera en el rudo entendimiento

se cuajaba en meses de fermentado pisar,

acá estamos, el amor y nuestro pesar

aguaitando con llanto a que se abra la Matria,

que en ella corra el satín de los frutos de la sierra,

que se desbande el cinismo de los dueños

Y nosotros poder levantar tierra.

 

Las alcabalas, el tumulto noventero, el entronque al tirano

eran los lienzos quiteños que cada tiempo

coloreaba un nuevo grito de guerra,

el Volcán tenía que desahogar ahora.

Rumores olientes a sangre wawa sonaban en el heno,

Ellos, las guarichas, los taitas,

Venían cuidados por los Apus y las velas del sereno.

 

Los plomazos de guerra los recibieron,

el monstruo grande de arriba

quiso alienarnos de porfía.

Críos uniformados de amarillo y celeste

soltaban la batalla queda.

Los prometeos del paraninfo amarraban sus brazos,

arengados por las madres que los esperaban en la Alameda.

Juntos vencimos vallas,

Ellos querían desplomar la historia contenida en la fuerza.

El rito marcial de Quito es dejarlo todo en la plaza de las victorias,

pero carros de fuego la tenían secuestrada

con púas, lastimada.

 

Nuestras pieles fueron reventadas,

y las cabezas golpeadas con desquicio.

Unos fueron escondidos a la fuerza,

otros continuaron la batalla.

 

Cosieron el relevo con los del páramo

y estos con las mujeres de faldas del Pichincha.

Días y días de sinfonía de balas,

de una tonada siniestra en otra lengua

proponiendo aplanar nuestra dignidad

sin saber que es la luz de América que quema la mengua.

 

La mentira de los sicofantes, la trampa de los perdigones

nos cercenaron brazos, y comieron los ojos.

De los puentes a mansalva, wambras caídos.

Por cada guerrero que yacía en Quito

una salva de llanto mojaba el Ágora

Todos daban de comer a sus hermanos,

los de mandil blanco pusieron su carne en el ojo de la escopeta

de las máquinas sin un real de misericordia.

Maestros, bailarines y un mundo,

cuidaron a los niños, nos cuidaron a los niños.

 

El triunfo no duerme aún en papel,

pero heroínas y héroes son ya juglares en medio de la mordaza.

 

La bestia se armó con miedo de sus dioses,

pero Blanca sopló el viento para el sur y luego a otro continente.

Es un culto al pueblo con sangre en América,

consecuencia llamando a gritos al insurgente.

Es febrero y sigue pareciendo octubre

La tristeza es la angustia de que lo bello se olvide

El regocijo, que el Levantamiento es la insignia que nos cubre.

 


María Fernanda Andrade Beltrán, Quito, 1980. Es psicóloga infantil y temas de Género. Profesora universitaria de español y Realidad nacional. Coautora del primer manual de Psicooncología en español, editorial Elservier, Barcelona, 2014. Miembro de la Red Nacional de psicólogos y psicólogas y miembro de la Coalición de mujeres psicólogas por los Derechos Humanos de Ecuador. Es consultora en temas de psicología comunitaria. Trabaja en CETI Centro de terapias Integrales en Quito. Posgrado en Escrituras (FLACSO Argentina). Máster en Estudios de Literatura (U. de Barcelona). Ganadora Creación y circulación de cuento ilustrado Fondos concursables Ministerio de Cultura, 2019 con el que publicó “Emiliana al derecho y al revés”, basado en una investigación en tres poblaciones rurales de Pichincha. Segundo lugar “Cuento ilustrado”, con Un pacto en la zafra, Alianza Francesa 2018. Mención concurso de poesía con “Desconocida y liliputiense”, Club femenino de Cultura, 2004. Publicaciones: Poemario Era sinvergüenza, Casa de la Cultura ecuatoriana, 2016. Crítica en Guerrero sonoro de Hernán Guerrero, Alianza francesa, 2017. Cuento “Amir y la noche”, El Conejo, 2019. Cuento “Un pacto en la zafra”, Culteretheque, Francia, 2019. Ha colaborado en revistas de Ecuador y México. En edición, colección de cuentos infantiles: Penta-risitas, Escape en el loop y La niña cabeza de coliflor, 2019. En desarrollo: Proyecto literario Autismo, Universidad Andina Simón Bolívar, 2019. Miembro y escritora del libro y proyecto Historia de la Literatura infantil del Ecuador, Universidad San Francisco de Quito, 2018, 2019. Colaboradora y miembro de “Letreando en Quito”. Promueve talleres de escritura con enfoque psicológico a niños de escasos recursos económicos.

 


Foto portada tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Confederaci%C3%B3n_de_Nacionalidades_Ind%C3%ADgenas_del_Ecuador_conmemor%C3%B3_los_25_a%C3%B1os_de_constituci%C3%B3n._(6355533239).jpg

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