Ampliar la zona de confort | Mariana Castro Arévalo

Por Mariana Castro Arévalo

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Rebeca es una mujer de 40 años que va por la vida en busca de la felicidad, suya y de su familia: su esposo y sus hijos. De alguna manera que no entiende bien, pero que no quiere cuestionar, ha sido la misma vida la que se ha encargado de guiarle por el camino correcto. Ha experimentado momentos muy felices y otros difíciles, salud y enfermedad, alegrías y penas… Todas sus vivencias le han movido como una ficha de ajedrez a su posición actual: una vida llena de paz.

Rebeca no necesita grandes lujos para ser feliz, pero el destino le ha dado más de lo que ha pedido. Ha logrado su objetivo de establecer una empresa de ventas online desde su casa, y las ganancias alcanzan para aportar a la economía familiar. Ella vive su negocio con tranquilidad, a diferencia de muchos de sus amigos cercanos (a quienes casi nunca ve), que debido a su trabajo están siempre preocupados y estresados, y en sus días libres están tan agobiados que no tienen ánimos ni de conversar. Muchos de sus amigos están enfermos, principalmente, tienen molestias gástricas y colesterol alto, pero todos sin excepción viven en un nivel de estrés alarmante. Rebeca da gracias de que ella no tiene esos episodios estresantes, ella ama lo que hace en su empresa, es tan gratificante que ni siquiera lo llama trabajo, dice que su ocupación no le cuesta ningún trabajo, al contrario, le trae total satisfacción. Ella es muy organizada con su tiempo: dedica lo suficiente para que sus negocios progresen, para compartir con su esposo e hijos, además de preocuparse de que todos en casa se alimenten saludablemente, y hasta separa un tiempo para ejercitar. Considera que es muy importante cuidar de la salud y llevar una vida sin estrés.

Cuando Rebeca en el trabajo tiene problemas, de los que nunca faltan, pone todo su afán para solucionarlos y, aun con esos problemas y ese afán, ella nunca sale de su zona de confort, porque ama su trabajo, porque le satisface hacer las cosas siempre de la mejor manera posible y porque le apasiona dar todo de sí para alcanzar objetivos. Pero se ha puesto un límite, si el problema sobrepasa su capacidad de resolverlo, si la solución le va a estresar, entiende que ese negocio no es para ella y está segura de que si lo deja pasar, ya vendrán los adecuados. Tiene muy claro que al salir de su zona de confort tendrá que hacer un esfuerzo que le causará estrés, a la vez este traerá tensión mental, la cual es la culpable de un sinfín de enfermedades y trastornos de la salud. De esta manera encuentra paz, no cree que su vida sea perfecta, pero sí considera que tiene una vida muy feliz, de éxito y confort.

Desde hace algunos años Rebeca ha escuchado en los medios que le aconsejan salir de la zona de confort para alcanzar el éxito. Rebeca no entiende nada, toda su vida ha ido en busca del confort, lo ha encontrado y vive feliz. O tiene equivocado el concepto de éxito y confort o está loca, ¿o es el mundo el que está loco?

Confundida decide indagar el asunto. Pregunta a algunas personas de su entorno: ¿Qué hay para ti en la zona de confort?

Un amigo le dice que para él la zona de confort sería quedarse todo el día en la cama. Rebeca supone que su amigo debe tener un trabajo muy estresante y debe aborrecerlo tanto que le está enfermado, lo que le impulsa a desear quedarse durante el día en la cama, porque una persona sana no aguantaría ni 15 minutos, a la media hora tendría dolor de cabeza y de espalda: el ser humano no está diseñado para descansar todo el día.

Así, recibe algunas respuestas: la zona de confort es mirar TV, no trabajar, comer mucho, descansar todo el día… Rebeca sospecha que la gente está confundiendo el confort con los vicios y malas costumbres a los que lleva una vida sin equilibrio.

Por otro lado, investigando en los medios, encuentra conceptos como: la zona de confort es un lugar hermoso, sin estrés, pero nada crece allí; son las situaciones en las que un individuo se siente seguro e interpreta como potencialmente de bajo riesgo; son una serie de límites que la persona se ha impuesto a sí misma o ha aceptado como estilo de vida para garantizarse la ausencia de miedo y ansiedad; es un estado en el que se desarrolla una rutina sin sobresaltos ni altos riesgos; si permanecemos mucho tiempo en nuestra zona de confort podemos caer en el aburrimiento, es más, si no salimos de nuestra zona de confort, podemos ver que nuestra realidad social, profesional y nuestra felicidad son cada vez más reducidas, y las situaciones que vivamos serán rutinarias sin ningún tipo de incentivos.

Rebeca no está de acuerdo con esos criterios esnobs, se dice a sí misma, tal vez soy algo excéntrica, pero quiero sentirme segura, tener una vida feliz, sin estrés, sin ansiedad, sin sobresaltos, sin miedo, sin altos riesgos… Por su propia experiencia, sin salir de su zona de confort, afirma que su vida en lo laboral y en lo personal nunca son aburridas; jamás encuentra su realidad social y profesional reducidas y su felicidad es cada vez más grande; ella vive situaciones nada rutinarias, cada día tiene nuevas experiencias que le incentivan y le motivan para seguir adelante; y, lo más importante, su zona de confort es un lugar hermoso, sin estrés, en el que han crecido su matrimonio, sus hijos, sus sueños, sus incentivos, su equilibrio material y espiritual, su felicidad.

Encuentra también una opinión que dice que al estar en la zona de confort la mente se acostumbra a la estática y se paraliza la inventiva; que el hecho de estar al límite del sufrimiento lleva a las personas a tener ideas y a crear cosas nuevas.

En oposición, otra opinión dice que si el ser humano alcanzara un equilibrio perfecto en la vida, lograría encontrarse a sí mismo, reconocería su autenticidad y saldría a la luz su propia naturaleza desarrollando dones innatos como la intuición, la inventiva, y así sus ideas, sus talentos y su creatividad no tendrían límites.

Al final, encuentra una opinión que la ayuda a reorientar el concepto de zona de confort: se recomienda ampliar la zona de confort, es decir, fijarse nuevas metas, en las que el individuo pueda alcanzar el éxito sin necesidad de recurrir a situaciones extremas y peligrosas.

Rebeca llega a la conclusión de que las personas no necesitan salir de su zona de confort para alcanzar el éxito y ser felices; necesitan ampliar su zona de confort entendiendo qué es el confort y la paz. Si bien la palabra confort en el diccionario significa ‘bienestar o comodidad material’, ella cree que es imposible separar el bienestar espiritual del material porque somos seres espirituales con un cuerpo y un alma vinculados, pero la vida excesivamente materialista de la sociedad actual no encuentra una armonía entre la condición material y la espiritualidad, y confunde los conceptos de confort y de éxito.

Para Rebeca la zona de confort es un estado en el que se alcanza un equilibrio perfecto entre cuerpo, alma y espíritu; en donde el confort material y la paz espiritual se entrelazan como un todo de uno mismo llevando al ser humano a actuar positiva y efectivamente para alcanzar el éxito en la vida, desarrollando su verdadera naturaleza innata, que es ser activos, ágiles, productivos, inventivos, creativos, trabajadores, pensadores, innovadores, imaginativos, ingeniosos, solícitos; por lo que estas cualidades no deberían causar estrés, ni alejarnos del confort, por el contrario, deberían producir felicidad y paz interior.

¿Tiene razón Rebeca?, ¿cuando el equilibrio es adecuado en la vida se puede alcanzar el éxito sin salir de la zona de confort? o ¿el mundo está en lo correcto?, ¿hay que salir de la zona de confort para alcanzar el éxito? En un mundo en el que todo está al revés, no es paradójico pensar que el secreto de la felicidad es entrar y no salir de la zona de confort, y que el concepto de zona de confort fue inventado, al igual que otros del mismo estilo, para encaminar a la sociedad a actitudes predeterminadas.

Rebeca ha tenido éxito en la vida, por lo menos para su forma de pensar. Tal vez tiene un concepto de éxito diferente de lo tradicional y sus prioridades pueden ser diferentes a las de la mayoría de personas, pero ha logrado alcanzar el éxito que anhelaba.  Ella cree que realizar en la vida las actividades que a uno le apasionan, para las que se tiene vocación innata, es de por sí una recompensa en la vida.

Rebeca siente que nada a contracorriente, es duro luchar contra esa corriente que intenta arrastrarla. Se siente como un ángel en medio de un cardumen de payasos (o bien un payaso en medio de los ángeles). Lo cierto es que a ratos se da la vuelta y nada con facilidad intentando convencerse a sí misma de que esa es la dirección correcta, pero no pasa mucho tiempo y se da cuenta de que su brillo plateado no combina con las rayas anaranjadas y blancas de sus conavegantes; se da la vuelta nuevamente, decide regresar a su dura tarea de nadar a contracorriente, porque, aunque es más duro, ella encuentra paz interior… Sabe bien que muchos la creerán loca, pero no le importa, es más importante su salud, su felicidad, vivir en paz. Y el equilibrio que ella ha logrado sin salir de su zona de confort es suficiente.

 


Mariana Castro Arévalo (Quito – Ecuador, 1974). Escritora por vocación; estudia Gramática y Ortografía de manera autodidacta, por afición. Le gusta escribir temas que impliquen realidades. Su objetivo al publicar es que sus palabras cobren vida causando efectos positivos en el lector; aspira que sus palabras conlleven un beneficio social. Publicó de manera independiente su primer libro Mari – La verdad del trastorno bipolar, el 3 de septiembre de 2019. En su libro intenta transmitir optimismo para sobrellevar las dificultades de la vida y para vencer los nocivos prejuicios hacia las enfermedades mentales. Comparte su historia en el blog: www.mari1404.blogspot.com

 


Foto portada tomada de: https://pixabay.com/es/photos/la-zona-de-confort-dejando-3089646/

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