“No pasa nada en los talleres literarios” de Lozada | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Escribir, escritura, escribir. ¿Qué es la escritura? Para Borges, la lectura era el cielo, la escritura un infierno. ¿Cómo se define el acto de escribir? La escritura es un tormento ciertamente, no es destino, elección, ni trabajo, no es un gusto ni un deseo, no es armonía ni fervor; es una condena, un arduo sendero de búsqueda y laboriosidad, de preguntas sin respuesta, de borradores tirados a la basura, de instantes robados al pasado para llevarlos a las páginas en tránsito de la memoria a la vida, del recuerdo a la creación, del dolor a la liberación. Una condena, sí, como el susurro de un demonio a tus espaldas. La escritura como condena irrevocable alcanzó a Isaías, el narrador de No pasa nada en los Talleres Literarios, que abandonó el taller para refugiarse en sus pretextos y sumergirse en sus prejuicios. Un narrador ameno, que nos conduce por los cauces de su vida cavilando sobre el triunfo y el fracaso, un narrador grato que expone delirios y dolores sin caer en el llanto almibarado gratuito o en lo exagerado de la situación. Un narrador que puede ser un digno representante de la clase media ecuatoriana: temeroso, culpando a todos menos a sí mismo, envuelto en las volutas del humo del fracaso que exhaló el cigarrillo del destiempo, de la decisión errada e imprecisa, de la seguridad perdida, de la confianza traicionada y herida. No pasa nada en los Talleres Literarios es una novela del escritor ambateño Jorge Lozada publicada en mayo del 2019 por la editorial Cactus Pink. Lozada crea una metahistoria, una historia dentro de otra, una trama que, a la vez que reflexiona sobre el acto de escribir y el proceso de creación de una novela, inserta fragmentos de la novela creada, de forma que dos historias corren paralelas, dos vidas que resuenan como un eco: Isaías y Rosendo.

La historia de Isaías esta signada por la decepción amorosa y literaria, por la tragedia de la costumbre y la ambición arrebatada por los trajines cotidianos. Su encuentro con Micaela, antigua compañera de taller literario, es el resorte que permite avanzar la trama. Su amiga lo interpela y lo motiva, insiste y corrige, lo desafía y lo acompaña en su retorno a la escritura. Micaela siente la magnitud de los cambios, aquella magia que le permite disfrutar de los momentos pasajeros sabedora de que se esfumarán al final de la tarde. Isaías avanza con sus cuentos que se convierten en novela, Lozada describe de paso, la tragicomedia del mundillo literario ecuatoriano, signado por la influencia y el galardón, la concurrencia a eventos culturales y el vínculo social, el respaldo al gobierno o a la oposición. El drama de Rosendo, por otra parte, es una tierna historia de amor de juventudes ecuatorianas. Enviado a Quito para estudiar la universidad, Rosendo queda prendado de Camila, los dos estudiantes, emprenden un sendero de encuentro y compromiso. Ante la perspectiva hegemónica de la clase media ecuatoriana, en donde “arruinarse” es enamorarse en la juventud y abandonar los estudios, Isaías (Lozada), aborda una visión en contrapunto. Camila queda embarazada y se convierte en madre, Rosendo abandona los estudios, ambos son rechazados por sus familias pues constituye una afrenta familiar “desperdiciar” la oportunidad que les brindaron sus padres al enviarlos, con muchos sacrificios laborales y económicos, a estudiar en la capital. Por tanto, fracasan en la dimensión social al no encausar sus destinos a lo esperado, pero triunfan en el ámbito íntimo al privilegiar su cariño y su ternura por encima de los dictados convencionales. Triunfa el amor. Una historia como muchas de Ekuador, en que parece que se opone el éxito social a la felicidad conyugal, que nos devuelve la pregunta: ¿Qué es éxito? ¿Qué es fracaso?

Las historias de Jorge Lozada tienen un tamiz de candor hogareño, de ese hogar ecuatoriano que aparece retratado con pericia, deleite y destreza. Quizá se pueda definir a Lozada como un autor costumbrista de fines del Siglo XX, sus escenas, parajes y paisajes son casi un recorrido por la cordillera interandina. Aunque lo mejor sería no definirlo, un escritor que, como muchos, hace su camino por el mundo editorial como una necesidad vital y no por apariencia, porque la pluma lo busca más que los aplausos. Las ideas de éxito y fracaso se amalgaman para demostrar que “no hay mal que dure cien años”, ni jamás la felicidad está completa. Gógol escribió en Almas Muertas: “la alegría se transforma en tristeza cuando nos paramos por mucho rato a contemplarla”. Las dualidades no existen, son la misma cosa, somos contradicción, el éxito y el triunfo son casi casi lo mismo. Pasa mucho en los Talleres Literarios, Jorge Lozada y esta novela son una prueba.

 


Fernando Endara I. Comunicador social. Maestrante en la Maestría de Investigación en Antropología en FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por flacsoradio.ec.

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