Un viaje hacia el interior en “Mindotown” de Peña Bossano | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

 

Tomo el título de este artículo en dos sentidos, a propósito de la novela del ecuatoriano Santiago Peña Bossano, Mindotown (Manzana Bomb! Ediciones, 2017). Quizá el más obvio, cuando se trata de nombrar Mindo, una población cercana a Quito –en Ecuador–, desde el cual sus personajes parten: Santiago, en un viaje entre escape y entre necesidad de encuentro, y Roberto, un jubilado que busca un refugio tras un rechazo sentimental. Sí, considerando que estamos en Ecuador, se trataría de un viaje al interior del país de dos personajes que, sin pensarlo, coinciden y se conocen en el camino. Pero el otro sentido, quizá más sugerente y más universal, es el viaje hacia el interior de sí mismos, hecho que en realidad permea la novela que comento a continuación.

Mindotown es una novela ágil que atrapa inmediatamente cuando uno abre el libro. Peña Bossano tiene la virtud de usar un lenguaje directo, con frases cortas, casi telegráfico, que nos pone en la situación de un inminente viaje, de un inminente encuentro y de una inminente atmósfera donde todo se diluye. Se puede decir que la obra tiene tres momentos.

En el primer momento: el del deseo del viaje de Santiago, tras la pérdida de su gato, con el lanzarse a la carretera como si tal pérdida fuera el detonante para preguntarse si es que se debe estar amarrado a las existencias –incluida la madre– o dar paso a ese deseo incierto, pero al mismo motivante, de querer ser escritor, un poeta. Viaje y carretera es como una escapatoria a otra dimensión, aunque también un desplazamiento que implica búsquedas –al principio puede ser el alcohol, así como la misma ayahuasca– que en realidad debe conducir a algo. En este primer momento Santiago se topa en el camino con Roberto. Si uno –decía– escapa y busca, el otro, quizá desamparado, dolido por el abandono de su esposa, trata de encontrar un lugar donde cobijarse, hecho que de alguna manera también le pone en la situación de querer hallar un lugar ideal.

Nótese, por lo tanto, que Peña Bossano, desde el inicio juega con poner dos personajes con distintos conflictos y con exploraciones personales que pueden ser disímiles. Este el segundo momento: el del encuentro entre individuos, el cual, a su vez, conlleva el cruce entre dos propósitos acaso sincrónicos. Es así como hallamos en esta dupla, si bien dos identidades diferenciadas, al mismo tiempo un juego de espejos: Santiago, muchacho aún, estudiante universitario, se entrecruza con Roberto, un hombre ya maduro, retirado, los cuales convergen en la carretera, en el camino de la vida, para ir a un sitio en el que pretenden la inspiración o la recuperación: Mindo. Curiosamente este está representado en la novela con el nombre de “Mindotown”, lugar de concurrencia de extranjeros, de turistas, pero también de otredades.

En este contexto, Mindo es un lugar privilegiado, según los mapas turísticos, porque parece ser un lugar edénico, un enclave para encontrar la aventura y el solaz. Este vendría a ser el tercer momento de la novela. Se sabe que en Mindo hay una población enorme de mariposas, además de otras especies; hay un paisaje curioso de verdor y de cascadas, de ríos y de senderos donde se huele a libertad. Especie de paraíso terrenal, de entorno para soñar, para renacer, es también una utopía –probablemente el bar “El Fakir”, donde se lee poesía, además un guiño a la figura de César Dávila Andrade, vendría a ser el símbolo-corazón de ese emplazamiento–. De este modo, el viaje de tales personajes es hacia una utopía donde intentan renacer, sanarse, encontrar algo… aunque sabremos que finalmente eso que quieren está en ellos mismos. Y respecto a ese juego de espejos, sutilmente, para Peña Bossano, Roberto podría ser el doble de Santiago y este a su vez de Roberto: lo que les une es la pérdida. Pero es la pérdida de una vieja atadura, lo que lleva al reconocimiento de sí, en una atmósfera cuasi enigmática. Se puede decir que, gracias al doble, en uno hay proyección, en el otro, la imagen de lo que ya fue. Santiago pretende ser escritor y Roberto es un lector ávido, a quien en un momento se le atraviesa la idea de empezar a ser escritor tardío ya cuando está retirado de algún tipo de trabajo.

¿Es en esta doblez y, a la vez, en este desdoblaje, un hecho acaso provocativo? ¿Acaso el hecho de ser escritor tiene que ver con un inicio en un tiempo o es un proceso que implica toda una vida? Estas podrían ser unas ciertas preguntas alrededor de este espejo de personajes. En Mindotown estas preguntas también están como de trasfondo. Mientras hay citas a autores –Marcel Proust, Alejandra Pizarnik, Paul Auster…–, Peña Bossano intenta reflexionar sobre qué lleva a ser escritor o poeta. He aquí lo interesante de la novela, porque es un proceso de descubrimiento de las potencialidades de sí, quizá queriendo desembarazarse de los mitos y de las figuras acaso emblemáticas, acaso las que uno quisiera imitar. El encuentro es con el espíritu de sí, el espíritu que anima, aunque uno tampoco lo reconozca en el primer momento, sobre todo si aún no se ha desandado la vida por completo. Por algo Santiago menciona, casi al final: “Una mariposa atraviesa el panorama. Le doy la espalda. Se supone que las orugas son feas comparadas con las mariposas. No estoy de acuerdo. Nunca he sido una mariposa ni lo seré”. Habría algo de desencanto cuando se piensa un momento de la vida que aún no cuaja.

Mindotown, por lo dicho, es una novela interesante, sugerente. Su atmósfera a veces es como la de un ensueño y en otras como la de un estar latente. El autor trata de mostrar, de este modo, un momento de suspensión de la vida cuando hay alguna crisis. Y lo logra con fuerza.

 


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Magíster en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Profesor invitado de la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Autor (entre otros) de: Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk), Cartografías de la comunicación (2002) y Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004), Imaginando a Verne (2018), Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018) e Imaginaciones científico-tecnológico letradas (2019).

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