Puntos (Scars score) | Adrián Grimm

Por Adrián Grimm

 

Nada es más valioso que la risa.

Frida Kahlo.

 

Yo llevo los puntos, y el score. Risa Negra gana siempre, creo que es el hermano mayor. Risa Azul llora mucho y sus pasos son difíciles de oír. Es mi predilecto, seremos amigos después de esto y nos escaparemos.

Risa Rosa, la hermana, duerme en la habitación pequeña detrás de la cocina. Debe ser niña aún, lo imagino por el tono de su voz. Pelea mucho con Risa Negra cuyo nombre es Pedro, el que siempre gana. Donde ríe Pedro sillas caen, se dan portazos y cosas se quiebran. Pedro siempre busca a Risa Azul para hacerle puntos. Yo llevo el score con pink pills para Risa Rosa, celestes para Risa Azul, blancas para Risa negra.

A las 5 y 30 llegan Risa Muerta y Sin Risa, deben ser los padres: No azotan las puertas.

Comen callados y luego hacen cola en el baño pequeño. Lo sé porque su departamento debe ser igual al nuestro. Puedo imaginar sus volúmenes como fantasmas corriendo en mi piso, peleando en la sala, escondiéndose, persiguiéndose… comiendo en silencio. El otro día desde mi baño, oí a Risa negra bañándose y llorando. Me alegré sinceramente. A veces sigo el rastro de su destrucción y mala fe, imito sus zancadas y me siento igual de violenta. Es indignante oírlo hurgar en todas las habitaciones apenas sus hermanos entran a bañarse. Voy contando mentalmente y tabulando suspiros, gateos, voces casi humanas, estrangulamientos, botellazos, gruñidos… y risas.

Si salgo al balcón a leer puedo ver las puntas de los pies de los padres, fuman. Los vecinos de abajo se quejaron un día de colillas en su patio. Esa noche luego de un tenso silencio Sin Risa hizo puntos en Risa negra, habían sido sus colillas. Luego sí, portazos y gritos como de costumbre.

Risa Muerta ríe mucho y cuando no ríe reta a sus tres hijos. Su voz deja flotando un eco nervioso en las baldosas de mi baño. Les pide a gritos ayuda para esto y para aquello. Ellos arrastran los zapatos en el parquet y demoran cada acción en prevención de recibir otro mandado. A veces oigo una de las miradas de Sin Risa, y Risa Muerta calla.

Sin Risa es silencioso, pero gruñe bastante; a veces su silencio corta en seco la sobremesa. Cada tres o cuatro días Risa Azul rompe un vaso o un plato y es regañado. Yo llevo el ranking… en secreto.

Llegamos a esta ciudad hace tres semanas desde Detroit, Daddy tenia una oferta de trabajo. Tenía. Algunos vecinos nos vieron subir con las once maletas y asintieron como hacen entre ellos. Mami devolvió el saludo, Daddy no. Poco a poco íbamos a cambiar todos los muebles del depar de los abuelos que son, según él, estilo “cholazo” por otros muebles acrílicos, pero empezó la pandemia de 2020 y ya nunca compramos nada.

Mami me decía:

—¡Ni lo pienses en salir! Pies para qué los quiero, si tengo a las para volar.

Yo:

— Cuarentena ha sido siempre el nombre de mi estilo de vida.

Ella me obsequió como regalo de mudanza un diario de Frida Kahlo, su preferida, y compró apenas llegamos un mapa de la ciudad y lo fue rayando con color verde y color violeta. Unía puntos que interceptaban charlas y recuerdos de cuando ella vivía aquí: su escuela primaria, los parques, casas de amigos, etc. Íbamos a recorrer todos esos sitios comiendo y entrando en cada lugar posible para hacer selfies y saludar. Pero en lugar de eso, cada quien atiende sus pantallas y lo único que descubrimos, fue el lado feo de Daddy, que no conocía la ciudad y trazó con tinta roja su propio itinerario: Casa- Empresa- Market- Farmacia, y llenó los márgenes del mapa con números de teléfono y direcciones de correo de posibles trabajos. Era igual que nuestra familia: Unos delicados y esperanzados pasos nuestros rodeados de abruptas y toscas cifras en tinta roja que eran los pasos de Papi y sus reproches. Mientras más gasta el dinero de víveres en barbijos, cloro y alcohol, aumenta su silencio. Me recuerda a Sin Risa.

Un día el puntaje del piso de arriba descendió.

¡Risa Rosa cantaba, y Risa Azul reía azulmente! Pedro no estaba en casa, pero regresaba antes que sus padres para hacerle algunos puntos en la cabeza al pequeño y romper algo del cuarto de su hermana. Así ha seguido por dos semanas. A veces se encuentra con Daddy en las gradas, e intercambian risas tontas, de esas que surgen involuntariamente tras el barbijo, dijo él.

Risa Negra fumaba en el balcón, el humo a veces llegaba al mío. Ya no echaba las colillas, pero escupía mucho. Los vecinos del piso de abajo se quejaron y de nuevo Risa Negra perdió puntos. Pero, dijo Mami que parecían enfermos, cree que Risa Negra se contagió y su manía de escupir afectó a los vecinos mayores del primer piso que ahora ya no ven las noticias en su televisión a todo volumen, sino que se la pasan tosiendo debajo de la habitación de mis padres.

Hoy vino Mami y pasó las páginas para mí del diario de Frida Khalo, lloró. Nos gusta llorar juntas. Risa Azul tiene su cama justo debajo de la mía. Si solloza, el sonido viaja por alguna tubería desde su tomacorriente al mío, y como yo hago lo mismo, estoy segura de que él me oye. Nos oímos. Lástima, también nos oirá Risa Negra. Tienen litera.

Los vecinos de abajo, en cambio eran agradables, dos mayores sin hijos. Para escucharlos ponía un vaso en el suelo igual que en las películas, ya no puedo, ya no están, ni logro moverme. A veces recuerdo el sonido de su televisión a todo volumen cuando oímos las noticias que confirman que afuera todo colapsa. Se llamaban Manuel y María y habían sido amigos de los abuelos. Sus cuerpos salieron en cajas de cartón y enseguida fueron fumigados todos los departamentos del edificio. Nos hicieron las pruebas y estamos contagiados, aunque somos asintomáticos.

Papi lloró esa noche junto a su tomacorriente. Al clarear el día estalló. Pelearon con Mami en el balcón y cuando quise separarlos me caí siete metros. Regresé del hospital hecha de yeso, sé que piensan que ahora sí parezco Frida y no me lo quieren decir. Poner música es imposible en esta posición, los videos me cansan el cuello, pero pasó algo bueno, de mi tomacorriente en lugar de salir sollozos, salió la voz de Risa Azul diciéndome en español que no llore, que supo de mi caída, que cuando todo esto acabe, nos escaparemos.

—¡Great! —Contesté mentalmente.

—Okay, pero después: por ahora llevo puntos, stiches —le dije.

Amo a Risa Azul cuyo nombre es Diego.

 

 


Foto portada tomada de: https://unsplash.com/photos/0WkVr4IINKQ

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